28 de oct. de 2012

Aniversario




Esto no es una carta de amor. No es una declaración diciendo que te quiero. Te lo he dicho mil veces. Tú lo sabes. Yo lo sé. Aunque la última vez, te contestara "¿Y eso?". No es la promesa de estar juntos toda la vida, porque eso sí que no lo sé ¿Quién lo sabe? No es el resumen de mil horas a tu lado, de risas, de llantos, de discusiones , mudanzas y reconciliaciones (benditas reconciliaciones). No son frases para el recuerdo. En el recuerdo, están tus ojos riendo al verme "disfrazada" de novia. En el recuerdo, dos cabezas pelonas y muchas noches sin dormir. ¿Cómo condensar doce años en un fragmento?. No voy a regalarte nada porque te lo he dado todo. Sólo escribo para darte las gracias por recorrer a mi lado las baldosas del patio y para pedirte que no sueltes mi mano en las siguientes.


22 de oct. de 2012

Capítulo 7 : Lee siempre la letra pequeña



Hace un año o así que mis hijos se duchan solos. Eso está bien por dos motivos fundamentales: el primero, porque me deja - a mí o a mi santo - tiempo libre para ir haciendo la cena; el segundo, porque, de esta manera, se fomenta su independencia. Pero, de vez en cuando, les doy un repaso, por si la independencia tiene "murras" en algún lado. El otro día, cuando fui a buscarlos al colegio, Susanita tenía el pelo como si hiciera una semana que no oliera el jabón. 
- Pero, hija, ¿qué te has hecho en el pelo?¿Te has olvidado de quitarte el champú? - le pregunté - Esta noche mejor te lo lavo yo. 
Esa noche la lavé cuidadosamente, eliminando bien los restos de suavizante, pero, cuál no sería mi sorpresa cuando al día siguente, al ir a buscarla al cole, volvía a parecer Severus Snape en versión nueveañil. 
- Pero...pero...-tartamudeé al verla - ¿Qué te pasa en el pelo? 
Ella se quedó pensativa y, al cabo de un rato, me contesta: 
- Te lo digo si no te enfadas...
Cuando alguno de mis hijos contesta eso, me pongo a temblar. Asiento con la cabeza y ella continúa:
- A lo mejor es esa colonia nueva tuya que me estoy poniendo por las mañanas.
- ¿Colonia nueva?¿Qué colonia nueva?
- La que tienes en el estante de detrás de la puerta del baño.
- En el estante de detrás de la puerta no hay colonia, sólo hay aceite corp...¡Madre mía!¿te estás poniendo aceite corporal en el pelo!
Su hermano relincha de risa. Y, la verdad, yo tampoco puedo contenerme. Y ella, como una reina ofendida, responde: 
- Bueno, tú tampoco lees nunca la letra pequeña. 


14 de oct. de 2012

Cuando se recorta en salud, se recorta en vidas


Hoy no voy a escribir yo. Va a escribir Inmaculada. No importan los apellidos. Inmaculada es un seguidora silenciosa de mi blog. De vez en cuando, me envía un recetario al correo electrónico (cosa que, como adicta a la cocina, le agradezco), pero la última vez lo que me envió fue este mail. Con su permiso, hoy lo comparto con vosotros. Y es que los fármacos para tratar el cáncer son caros. Pero uno puede gastarse mucho dinero en un desfile de Fuerzas Armadas, que es imprescindible.

"Como muchos sabéis mi hija ha sido una del millar de niños que ha pasado por la unidad de oncohematología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Del diagnóstico y tratamiento de la enfermedad no me parece oportuno hablar, y es fácil hacerse la idea del calvario que se vive. Sólo quería decir que estoy sumamente agradecida al sistema sanitario español y a los profesionales que nos atendieron y siguen cuidando de nosotros en las revisiones. Aquellos que nos enseñaron que hay vida después del cáncer y durante él.
Hoy siento tristeza, frustración, rabia, impotencia, miedo… una mezcla de sensaciones y sentimientos que sufro al conocer la noticia del fuerte recorte presupuestario que va a sufrir la unidad de oncohematología infantil de dicho hospital. He llegado a sentir pánico las noches que sabía que no había oncólogo
infantil de guardia, sabiendo que cualquier ingreso no iba a ser atendido con la misma atención y conocimiento como cuando ellos estaban, y que cualquier contratiempo no se resolvería del mismo modo. Así que se me hace durísimo pensar en los tiempos que vienen.
Siento tristeza al pensar que los niños que hoy tienen la enfermedad y los que aún tienen que llegar van a estar a merced de profesionales cuya especialidad no es la oncología pediátrica, que tendrán que esperar un tiempo que es oro en el diagnóstico y que su tratamiento no va a tener el seguimiento que merece. Siento frustración ante aquellas miradas de aliento que nos dirigíamos los padres en los peores momentos. Me da rabia de que las decisiones administrativa y
financiera estén por encima de absolutamente todo. Siento impotencia porque por más que lo expliquemos no le sirve a nuestros dirigentes.
Siento miedo de tanto desamparo institucional, de que la empatía política surja cada 4 años y que mientras tanto no se pongan en la piel de otro.
Podríamos hacer números. Cuánto cuesta al día la unidad, en personal,en medicamentos, en alimentación… Podríamos hacer cábalas sobre cuánto se ahorraría quitando de allí o de aquí, pero lo que es cierto es que al año pasan por la planta unos 100 niños. Y que la vida no tiene precio. Y cuando es de un hijo las cuentas son otras.
Por todo esto, cuando hoy he leído la carta del padre de Valeria me he sentido con el deber y el derecho de que sus palabras lleguen muy lejos.
A través de Palma Solano Paez:
"Mi nombre es José Carlos, bueno, en realidad aquí donde estoy no tengo nombre. En la planta de oncología pediátrica del Virgen del Rocío, los papás no tenemos nombres, nos llamamos por el nombre de nuestro hijo.
Por eso aquí, soy el papa de Valeria Adorna de 3 añitos que hace tiempo comenzó a sentirse muy mal y fue diagnosticada de una cosa con un nombre muy feo, en su abdomen, que no soy capaz de pronunciar.
Por desgracia para ella, y para toda la familia, hemos tenido que afrontar una de las experiencias más terribles que una familia puede vivir.
Nadie está a salvo de eso, de repente un día te levantas y nada vuelve a ser lo mismo, tú única suerte es que están ellos y que están por todas partes.
Recuerdo el primer día que llegue a esa planta, el equipo médico de oncólogos pediátricos- y todo el personal sanitario- nos cogió fuerte la mano y nunca más nos la soltó.
Ellos sí que saben de esperanza, pero de esperanza de verdad, de esa que te permite levantarte por las mañanas y te hace soñar con un mañana mejor.
Esa esperanza a la que te agarras cuando ves como tu pequeña pierde peso, se le cae el pelito, tiene vómitos,… en definitiva, no es la misma que hace unos meses jugaba en el parque. Todo en ella ha cambiado, todo menos la alegría y las ganas de vivir que el personal de esa planta le inyecta cada día. Son ángeles, personas que tienen un don especial para poder soportar las peculiaridades de cada caso y para tener el valor de seguir sonriendo cada día.
Por desgracia somos un caso de los más de cien que atienden en esta planta en un solo año..… suerte que están ellos y que están por todas partes.
Día a día los ves al límite, por desgracia no pasa un día que no venga un amigo nuevo a la planta a veces incluso varios, a todos los arropan entre sus alas.
Aún recuerdo y nunca lo olvidaré el primer día que entre en aquel lugar. Cuando le diagnostican algo así a la persona que más quieres en este mundo, pierdes el control de tu vida. Te conviertes en un barco a la deriva sin saber por dónde tirar, hasta que Palma, Eduardo, Nacho,Cati, Gema, Elena, Ana, José Antonio, Israel, Rosa, etc, etc, etc, entra en nuestras vidas. Entonces se convierten en nuestros guías, en nuestro faro, nuestra luz y nos van dando las pautas para que no te pierdas. Para que puedas estar a la altura de la situación ya que su apoyo es muy importante para la pequeña. Nosotros tuvimos suerte, porque cada vez que nos invadía una duda, problema o complicación, ellos estaban ahí, al pie del cañón.
Pero hoy nos hemos levantado con una noticia que ha sobrecogido nuestros corazones, el personal sanitario que atiende el hospital infantil se ve drásticamente reducido. La oncóloga de Valeria, y otros muchos compañeros que ha reconducido muchas vidas, los sientan una semana en su casa porque al parecer no hay dinero suficiente para pagarles, dicen que los médicos que se quedan pueden asumir toda la carga de trabajo, guardias, sábados, etc.Pobres padres que, cuando se vean perdidos en esta enfermedad tan compleja, vayan a la unidad de oncología, a ecografías, cirugía y le den cita para unos meses por el exceso de trabajo, porque haya menos oncólogos, cirujanos, enfermeros… y se hagan menos pruebas a estos niños cuyos padres esperan con angustia esos resultados. Pobres médicos y enfermeras que, sabiendo las necesidades de esos niños enfermos, no puedan cubrirlas con los medios que tienen a su disposición.Y sobre todo, y lo peor, pobres niños que les toque pasar por esto en un momento de “recortes” y “crisis” de la que son lo menos culpables de todos.Quiero que recapacitéis sobre lo que, dentro de un hospital, se puede o no recortar. Supongo que tendréis unos objetivos de recorte pero quiero que sepan que hay objetivos que no se pueden cumplir por mucho que vengan impuestos, sería importante que las personas que os lo piden lo supieran. Que lo trasmitáis, con nuestra voz y de nuestra mano. Ruego que haga seguir mi carta a donde haga falta para que puedan entender los que mandan, y sin que tengan que pasar por ello,lo duro que ya de por si es tener un hijo enfermo, para que los recortes lo hagan aún más duro y lo que es peor, pueda traer consecuencias graves por la falta de pruebas o el saturamiento de
quirófanos y del personal. Ruego que la persona que lea esto se ponga por un momento en la piel de nosotros –los padres- y que, si tienen hijos, los pongan en la piel de esos niños y que me digan, con la mano en el corazón, si estos recortes son de verdad indispensables y no podéis con vuestros estudios y recursos buscar alternativas a esta situación.Por favor que los recortes no sean a costa de la calidad de vida y la salud de nuestros hijos, algunos de ellos en la última etapa de su vida.
Gracias por su atención y por dedicarme su tiempo en esta época de sobrecarga de trabajo."

No os engañéis. Se están cargando la sanidad pública. Porque así es en todos y cada uno de los servicios de cada hospital.


5 de oct. de 2012

¡Ya llegó!



Eso que veis sentado al ordenador de mi despacho no es un pez globo, no, majos, os equivocáis. Tampoco es un luchador de sumo. Ni siquiera es Agatha Ruiz de La Prada vestida de boda. Soy yo, la Jomeini, que no quepo en mí de gozo porque, después de mucho esperar, al fin tengo en mis manos los primeros ejemplares de mi novela "El blog de la doctora Jomeini" de Editorial Nowtilus. Y aunque sea una novelita chick-lit (que, en finolis es lo mismo que decir novelita romanticona), es mía. Y eso me parece increíble. 
Los que me seguís por twitter y facebook sabéis que se puede descargar en muchas páginas en ebook (entre otras, La Casa del Libro, en Amazon, en Barnes & Nobles (no es broma, lo juro) o para los ipadictos, en epub aquí ). Pero es que ya tengo en mis manos el libro en papel. Es tan moooono. Y si ha llegado a mi casa (que está en el culo del mundo), en breve lo tendréis en las librerías.
Así que, mis queridos Jomeinistas, compradlo. Que me quedan tres tomos de la historia por publicar (Sí, es que ya sabéis que tengo rollo para rato) y si no, no salen. 
Ésta es la hoja promocional, por si queréis saber de que cuernos va. Y aquí podéis leer los primeros capítulos. 

2 de oct. de 2012

Capítulo 6 : Las fiestas de pijamas nunca son en tu casa


Tengo instintos suicidas. Si no, no se explica. De verdad. Veréis: mi hija Susanita me pidió como regalo de cumpleaños celebrar una fiesta de pijamas. Es lo que tiene alienarlos con el Disney Channel, que ven series de Coca-colos y se le ocurren esas ideas peregrinas. Y yo, como soy una madre con tendencias suicidas y me creo superwoman, le dije que sí, que podía, que el sábado por la noche (aprovechando que su padre estaba de guardia, porque él se suicida seguro y mis pobres hijos se quedarían huérfanos) podía invitar a sus amigas. Resultado: el sábado por la noche tuve en casa a cinco niñas y dos niños a dormir. Así, sin anestesia.
La cena: perritos calientes. Sin complicaciones. O eso pensaba yo, infeliz de mí.
- Dos con cebolla, dos con ketchup, dos con mostaza y ketchup y uno con todo - enumero, pensando que soy digna de trabajar en un McDonald.
- No - dice una - Yo lo quiero con ketchup y cebolla sin mostaza. 
- ¿No tienes cebolla frita?- pregunta otra.
- No, sólo tengo cebolla normal.
- ¿Y leche de soja? - inquiere otra.
Pero, niña, ¿tú te has creído que esto es el Buckingham Palace?
- No - respondo - sólo tengo leche normal - y mala leche, pero esto me lo callo.
Cuando terminaron de cenar, la cocina parecía Vietnam.
- ¿Queréis ver una peli? - pregunto, sobornándolos descaradamente para poder recoger la cocina y montar las camas. 
- SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ - gritan todos. Siete voces al unísono, que ni el coro de Voces Blancas ese.
- Solo en casa, por fa, mami, Solo en casa - chilla el Terro. Lo de Solo en casa debe ser su sueño imposible. 
- SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ- vuelve a gritar el coro. 
Que lo sepáis. Los niños son como los despertadores. Cada vez se les oye más alto. 
Los enchufo a Solo en casa y empiezo a recoger la cocina. No han pasado diez minutos, cuando oigo una batalla campal. 
- Pero...¿qué pasa aquí? 
Una de las niñas ha traído huevos kinder para todas. El cuarto de la tele es el resultado de la guerra por hacerse con uno de los regalitos de los huevos (y nunca mejor dicho). Hay papel plateado y trozos de chocolate dispersos como confettis por toda la habitación. OOOOOOMMMMMM. Tomo aire. Sólo quedan unas 24 horas para que vuelvan a sus casas.
Hora de dormir. La habitación parece un harén , con los colchones en el suelo y ropa femenina por todos lados. Las niñas se pintan las uñas. Procuro no pensar en la posibilidad de que alguna de las lacas termine en  alguno de los edredones. Respiro para controlar la respiración y no empezar a hiperventilar. Los niños se dedican a darles sustos a las niñas por el sencillo método de abrir la puerta, gritar AAAAAARRRRGGGGHHH y descojonarse vivos. Los pobres, son XY hasta la médula. 
23.00: Las mando a callar y a apagar las luces.
23.30: No sólo no se callan sino que el vecino de la calle de debajo se ha asomado a la ventana a ver si estaba matando a alguien y tenía que avisar a la policía. Les vuelvo a decir que se callen.
00:00: Caso omiso. Han empezado a hacer una guerra de almohadas y a una le han pisado la cabeza y a otra le han tirado del pelo. Las dos lloran a moco tendido. Las consuelo y vuelvo a pedir silencio. 
00:30: Las amenazo, pero como si oyeran llover.
1:00: Resoplando como un toro a punto de embestir, les grito que a la que no se calle la llevo a dormir al jardín. 
1:30: Se callan.
7:00: A grito pelado.
Como diría mi madre, por mucho que mi hija haya dicho que había sido el mejor cumpleaños de su vida, "Una y no más, Santo Tomás".  

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