22 de sept. de 2012

Tu quoque, fili mi?



El jueves, Susanita estaba invitada al cumpleaños de una niña de su clase. El cumple era en un sitio de bolas enorme, con varias áreas de juego, cañones de pelotas de foam y una discoteca infantil. El Terro se moría de envidia.
- ¿Y yo no puedo ir? - me preguntaba, quejumbroso.
- No, no estás invitado, cariño - respondía yo, firme como una roca. 
- ¿Y si la madre de Nuria me dice que puedo quedarme? 
- No te lo va a decir y no se lo vas a preguntar - especifico - Es un sitio caro y ya tiene muchos invitados.
- Pero...¿y si me lo dice?
- Si te lo dice, no te quedas, Terro. Y punto. No me hagas pasar apuros.
Él asintió, con cara pensativa. La experiencia de siete años debería haberme hecho pensar que había sido una victoria demasiado fácil, pero mi sentido arácnido no se activó esta vez. 
Llegamos al cumpleaños. Susanita entró, feliz. 
- ¿Tú no quieres quedarte, cariño? - le pregunta la madre de Nuria al Terro. 
Él me mira poniendo ojitos de gatito de Schreck, pero yo me saco un as de la manga. 
- No, no, qué va, te lo agradezco, pero, además, es que no he traído calcetines para él.
- Pero yo sí - contesta el Terro, sacando del bolsillo de su pantalón un par de calcetines bien dobladitos.
Desarmada por mi propio hijo. Ahora entiendo cómo debió sentirse César cuando vio a Brutus en aquella escalera...

16 de sept. de 2012

Un pequeño problema


En la clase de Susanita, este año, hay un niño nuevo que padece acondroplasia. Vista la que me hizo pasar el Terro la última vez que nos cruzamos con alguien afecto de esta enfermedad, le expliqué a mis hijos el primer día que su compañero era un niño normal como los demás, pero que tenía un problema en sus cromosomas. Siguió a esto una explicación, digna de "Erase una vez la vida", de lo que son los cromosomas y demás. Pero lo entendieron. Veréis.
Este fin de semana lo hemos pasado con ellos en un hotel en el sur de la isla (unas minivacaciones para matar el mono de no haber tenido vacaciones reales). En cuanto vieron el jacuzzi que había cerca de la piscina, los dos se volvieron locos.
- Vamos al jacuzzi, vamos al jacuzzi - gritaban.
Pero en la entrada, un cartel bien grande decía: "Prohibido a menores de 14 años".
- Mirad lo que pone ahí - les avisé.
- No pasa nada - argumentó Susanita - Como yo soy tan alta, les puedes decir que tengo 14 años. Y que el Terro tiene un problema con sus cromosomas. Y santas pascuas. 
Le solté una carcajada. Y pedí permiso. Se ganaron el jacuzzi. 

12 de sept. de 2012

Capítulo 5: Aprende a ser insomne


Un pediatra amigo mío me dijo, antes de quedarme embarazada, que me lo pensara bien porque , en el momento de tener hijos, no iba a volver a dormir en mi vida. Primero porque te despiertan para mamar. Luego, porque tienen miedo, o quieren agua, o hacer pis. Luego, porque salen hasta las tantas y tú estás despierta rogando que no les pase nada. Y, cuando se van de casa, tú ya tienes el sueño estropeado de tantos años de vigilia. 
Cuatro de la madrugada. Hugo Silva viene hacia mí, sonriendo. Yo miro hacia atrás, a ver si sonríe a otra, pero no. La sonrisa, con incisivos, caninos y premolares es toda para la menda. De pronto, abre la boca y dice: "Mamáááá". Lo miro, incrédula. Vuelve a decir: "Mamáááá". Me despierto. El Terro me llama. 
- Mamáááá
- ¿Qué quieres, hijo? - pregunto, desde la cama. Cabe una mínima posibilidad de que la petición pueda resolverse por control remoto. 
- Quiero agua.
- Pues bebe de tu botellita - años de experiencia me han enseñado que hay que dejar una botellita de agua en la mesilla de noche si no quieres levantarte cincuenta veces en la noche.
- Es que no veo.
- Pues enciende la luz.
- No veo dónde se enciende. Está todo negro, negro.
Enciendo la luz de mi mesilla. Oigo sonidos guturales. Ha decidido beber con mi luz sin encender la suya. 
- Yaaaaa - dice. 
- Vale - contesto. Apago la luz y vuelvo a dormirme con la misma. Años de constantes interrupciones nocturnas han enseñado a mi organismo a aprovechar el segundo de sueño.
Cinco de la madrugada. Estoy en una tienda buscando las ceras blandas tipo A modelo X de 8 mm. No las encuentro. Busco desesperadamente y nada. En éstas, veo a un dependiente agachado. Le pregunto. Se da la vuelta y...¡Oh! ¡Es Hugo Silva! Abre la boca y dice: "Mamáááá"
- ¿Quééééé?
- Me duele la espalda.
Eso no puede resolverse a control remoto. Me levanto. El Terro está arropado hasta las cejas. Ay, ay. El instinto materno se pone en alerta. Le toco con los labios la frente (¿Hay mejor termómetro que ese?). Está ardiendo. Busco el ibuprofeno y le doy una dosis. Lo arropo y lo acaricio hasta que vuelve a dormirse. Vuelvo a mi cama. OFF.
Cinco y media de la madrugada. Estoy contándole a Hugo Silva que con tanto "Mamááá" ya no me pone, que qué se le va a hacer. "No eres tú, soy yo" - le estoy diciendo, cuando una mano helada me toca la cara.
- Mami - me dice el Terro - es que estoy sudando mucho. 
Suspiro. No es momento de explicar las leyes de la termodinámica. Le doy un besito y lo arropo. 
- Venga, bichejo, a dormir. 
Esto me pasa por no escuchar.


Queridos Jomeinistas, en breve - días - sale mi primera novela: "El blog de la doctora Jomeini". La protagonista no soy yo, es un alter-ego, más joven y mucho más sexy a la que le pasan mil cosas. Como ya adelanté en facebook y twitter, aquí tenéis las primeras páginas para abrir boca.

9 de sept. de 2012

Capítulo 4: Sé consciente de la cuesta de Septiembre



Para mí, la vuelta al cole es un suplicio. En eso, soy un bicho raro. Los demás padres suspiran porque vuelva a comenzar la rutina. Y a mí se me ponen los pelos como escarpias. No sólo porque eso significa que voy a tener que volver a batallar diariamente con los deberes del Terro y Susanita - sobre todo, de ella - sino por (como bien ha contado MadreYMás en este post) el agujero negro en nuestra cuenta corriente que deja la vuelta al cole (con uniformes, material, libros...). Este año, una amiga mía me dijo dónde podía conseguirlos más baratos, así que, armada con la lista del colegio, fui a buscar el material. "Ceras blandas marca C modelo X 8 mm (caja de 12 ceras)". Esto va a estar chupado. Me dirijo a la sección donde pone ceras. Hay alrededor de cien tipos distintos. De la marca C hay como cuarenta. De ellas, casi un tercio son blandas. Cuando encuentro las de 8 mm, la caja sólo trae 6. 
"A ver, Jomeini" - me digo a mí misma - "Respira profundo. Tienes una carrera, dos especialidades y sobrevives diariamente a dos niños y un marido traumatólogo. No puede ser tan difícil buscar unas cochinas ceras blandas"
- Perdone - le pregunto al dependiente - Estoy buscando estas ceras. 
- ¡Ah, sí! Están en aquella sección de allí.
Son ceras. Si son ceras, tienen que estar con las ceras, no donde las carpetas. Vamos, digo yo. Pero me callo y las cojo con un "gracias" musitado.
Siguiente paso: "16 libretas grapadas 32 hojas marca A cuadro de 3 mm tamaño 4º" . Si las ceras eran dos estanterías completas, lo de las libretas es una manifestación de principios. Estanterías y estanterías llenas de libretas de diferentes tipos. Grandes, chicas, grapadas, sin grapar, con Justin Bieber sonriéndote como un gilipuertas en la portada, sin Justin Bieber...en fin, os podéis imaginar. 
Cuando consigo localizar la marca A de 3 mm grapada, resulta que todas las libretas son de 45 páginas. Dilema mayor que el que tiene Paris Hilton al enfrentarse a su armario de zapatos cada mañana. Al final, me decido por esas. Y a la porra la lista. 
Llevo en ese plan una hora aproximadamente, cuando suena una voz femenina por la megafonía: "Se comunica a los señores clientes que el cierre de caja tendrá lugar en diez minutos". AAAAAAAAAHHHHH. ¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉ DICEEEEEEEEEE? Miro el carro con el fondo lleno de ceras blandas marca C modelo X de 8 mm, lápices de colores marca F modelo B y libretas grapadas marca A de 3 mm con 45 hojas y la lista del cole donde hay tropecientas cosas más y me siento desfallecer. 
- Oiga - le digo al dependiente de antes - ¿a qué hora abren ustedes de nuevo?
- A las 16.00 h.
- Y ¿puedo dejar el carro aquí y volver luego a seguir llenándolo?
Él me mira, algo asustado. Supongo que porque, en el interín de buscar las ceras, me tiré un poco de los pelos y, entre eso y mi angustia vital, debo parecer la prima de Melendi. 
- Sí, sí, claro - me responde, como a los locos. 
A las 16.00 h, puntual como un reloj, prosigo la tortura. 
- Un bote de témpera - dice la lista. 
Ah, vale, en esto no se han puesto exquisitos. Ni marca tal, ni modelo cual. Cojo uno y, cuando voy 3 artículos más allá, leo: "Dos botes de témpera". ¿En qué quedamos? Vuelvo atrás y cojo dos más. "Un bote de cola pequeño" Sólo leerlo me produce escalofríos. ¿Son conscientes las seños de la que puede liar el Terro con un bote de cola (aunque sea pequeño)? Pero, como la lista lo pone, yo obedezco. 
Dos horas más tarde, salgo. Con el carro lleno y el bolsillo vacío.
Doy un suspiro de alivio al sentarme al volante, hasta que me doy cuenta de que cuando llegue a casa tendré que etiquetar uno a uno todos los artículos que llenan mi maletero. NOOOOOOOOOOO

2 de sept. de 2012

Tiritas para el corazón



- ¿Cómo está, doña Matilde?- le pregunto a la paciente que entra por la puerta de la consulta de Dolor.
- Mal.
- ¿Por qué? - la última vez estaba controlada e íbamos a empezar a bajar la medicación.
- Ay, Doctora, que con estas modificaciones que ha hecho el Gobierno, no puedo pagar las medicinas. No puedo pagar casi la comida, porque ha subido todo y...- Doña Matilde se echa a llorar. Yo le cojo la mano, sin saber qué decirle. ¿Cómo puedes ofrecer consuelo a una situación así?
- Vamos a ver cómo lo solucionamos...a ver si podemos ayudarla.
Aquel día, pagué yo, de mi propio bolsillo, su medicación. A partir de ese momento, mis compañeros y yo estamos recogiendo los analgésicos que otros pacientes - más afortunados - no usan para dárselos a las Matildes de cada día. 
Pero la herida a este sistema sanitario es ya profunda. Y no hay tirita, ni sutura, que detenga la hemorragia. 
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