29/6/2012

Cambio de piel



Cuando terminé la residencia de Medicina de Familia, hice una lista con todas aquellas cosas que me fastidiaban de residente para no repetirlas de adjunta. Era como si, al cambiar de piel, guardara la piel vieja, que me recordara que había estado allí dentro. Durante 7 años, creo que cumplí ese propósito en todo momento. Ahora, hace apenas un mes que he mudado de piel. De anestesioblasta a anestesióloga. Afortunadamente, he encontrado a lo largo de mi paso de una piel a otra muy buenos profesionales, pero también alguno que ha dejado marcas en esa piel que ahora cuelga en desuso. Por eso, para evitar dejar marcas, he aquí mi lista de propósitos:
1.- Tendré paciencia con la lentitud en las técnicas. Un residente no nace aprendido. Si yo lo aparto siempre, no aprenderá nunca. 
2.- Un residente no es un esclavo: en una guardia, tiene derecho a comer, a ir al baño y a descansar dentro de lo posible. 
3.- El paciente es mi paciente. Es responsabilidad mía, no del residente. Por lo tanto, debo controlar a ambos en todo momento. 
4.- Me pagan por trabajar, no por escararme. Si hay trabajo pendiente, no esperaré a que lo haga el residente cuando termine una de las cuatrocientas cosas que tiene pendientes.
5.- Seré curiosa: es posible que el residente sepa más que yo de algo. Si no escucho, no aprendo. Los residentes - no hay que perderlo de vista - son el motor que mueve la docencia de un servicio.
6.- No pondré a parir a nadie antes de preguntar los motivos. Es posible que tenga una explicación para lo que me ofende. 
7.- Nunca empezaré una frase diciendo: "Cuando yo era residente" para llamar la atención a uno de ellos. Las circunstancias y las personas no son las mismas y al residente se la trae floja lo que yo hiciera hace mil años. 
8.- De un residente, diré lo malo en privado y lo bueno, en público.
9.- No etiquetaré a los residentes de R1: las personas evolucionan y maduran. 
10.- Y, por último, escucharé la opinión del residente sobre la técnica anestésica. Y, si no estoy de acuerdo, argumentaré por qué no lo estoy. El "porque yo lo digo y punto" no tiene cabida en ninguna relación docente.
Es posible - es más, es probable - que esta lista escandalice a más de uno. Pero es que, cuando uno cuelga la piel, con frecuencia olvida que una vez esa piel fue la suya. 


26/6/2012

Capítulo 2: Resígnate a hacer ejercicio nocturno (y no del que piensas)




Sí, queridos jomeinistas, a mí, si hay algo que me da envidia es esa gente que dice: "Pues ayer me fui a correr cuando cayó el sol, con el fresquito" Primero, porque tienen más moral que el Alcoyano. Hacer ejercicio uno solo es un aburrimiento mortal (Otra cosa es lo que hacen mi madre y mi tía que, mientras caminan a paso ligero, ponen a parir a todo Cristo. Eso sí que descansa el alma). Y segundo, porque yo, cuando cae el sol, donde único puedo ir es a la cama. Así que, desde que soy madre, cada vez estoy más fondona. Y que conste que yo intento hacer ejercicio, de verdad, pero siempre queda en un intento. 
Tengo en casa una elíptica, porque ya lo de ir al gimnasio es como de ciencia ficción. Así que, esta tarde, después de una dura conversación conmigo misma de autoconvencimiento, me calcé unas mallas y me subí a pedalear. No han pasado cinco minutos cuando aparece Susanita.
- ¿Qué haces, mamá?
- Pues ya ves uf uf uf, hija - resoplo yo, intentando hablar sin bajar el ritmo. 
Ella se sienta en el suelo, al lado de la elíptica y se pone a leer.
- Oye uf uf uf hija, ¿Y si te vas a jugar?
- No, quiero estar aquí, contigo.
Mecachis en lo oportuno del amor filial. En esto, aparece el Terro por la puerta.
- ¿Qué haces, mamá?
Que digo yo que qué voy a hacer subida a la elíptica. Que no será la vuelta a España, digo yo.
- Ejercicio uf uf uf - sobran las explicaciones.
- Ah - contesta él y se sienta al lado de su hermana. Los dos me miran mientras sudo a mares.
- Mamá - empieza Susanita
- ¿Sí? uf uf uf 
- Te tiembla el culo
La madre que parió a la niña.
- Sí, mamá - tercia el otro - ¿Por qué te tiembla el culo?
Los dos me miran salva sea la parte como dos cirujanos diseccionando una vena.
- ¿Ves?¿Ves? - exclama el Terro señalando mi anatomía enfundada en mallas (Otra de las razones por las que no voy al gimnasio, todo sea dicho)
- No me tiembla el culo uf uf uf - refunfuño - Es que estoy moviéndome uf uf uf rápido.
Momento de silencio mientras asimilan la información. Me cae una gota de sudor por la nariz, pero yo sigo a lo mío.
- Y tienes un grano aquí - sigue mi hija, implacable.
- Oye, uf uf uf , un comentario más y te mato.
Ella se ríe. No me toma en serio, es evidente.
Al cabo de un rato, se aburren y se marchan. Exhalo un suspiro de alivio, pero me temo que he cantado victoria demasiado pronto.
- Mamááááááááá - se oye la voz del Terro desde el baño - No hay toallitas.
- Susanitaaaa uf uf uf, por favor, acércale las toallitas a tu hermano
- Es que están arriba
- ¿Y qué? uf uf uf
- No quiero subir sola. Me da miedo.
- Pero, hija, uf uf uf, ¿qué te va a pasar? Arriba uf uf uf no hay nadie.
- Que no quieroooooo, buaaaaaa
- Mamááááááá, que no hay toallitaaaaaaaas
En fin, que os voy a contar. Que cuando veo en las revistas del corazón a las famosas decir sus secretos para estar delgadas después de ser madres, siempre pienso: "Sí, claro, guapa, cuéntame una de indios y vaqueros" Porque el secreto mejor guardado de las famosas para estar delgadas es que tienen niñeras. Y a mí, no me la dan con queso. Amos anda.


21/6/2012

Primum non nocere


Hace años, B., un reputado cirujano estadounidense, se encontró un bulto en la parte superior del abdomen. Habló con un colega suyo, con el que había compartido muchas horas de quirófano y que le merecía respeto. Éste le diagnosticó un cáncer de páncreas. Se le propuso una serie de tratamientos, pero B. no estaba por la labor de perder su calidad de vida. Dejó su plaza en el hospital y se dedicó, el tiempo que le quedaba, a disfrutar de su familia y a dejar sus cosas en orden. Por supuesto, B. no quería morir, pero sabía las consecuencias de todas sus opciones y eligió con conocimiento de causa. 
Hoy, en el cambio de guardia, se ha vuelto a plantear, por enésima vez, este tema. Pacientes con enfermedades terminales, que son sometidos a cirugías urgentes de dudosa eficacia, sólo porque ellos y sus familias no han sido informados de las consecuencias de todas las opciones. Y el cirujano que las indica no es consciente del postoperatorio del paciente o, simplemente, piensa: "Que se le muera a otro". Afortunadamente, profesionales así hay pocos, pero los hay. Y el costo - tanto económico al sistema sanitario como psíquico a la familia - es inmenso. 
En la carrera de Medicina nos enseñan a diagnosticar, tratar y controlar las enfermedades. No se nos enseña qué debemos hacer ante un paciente terminal. No se nos enseña sentido común. 
La muerte, sin embargo, es algo natural. Lo queramos o no, no somos eternos. Y negándonos a ello, caemos en el encarnizamiento terapéutico, que convierte la muerte en algo inhumano y solitario. 


17/6/2012

Final basado en la evidencia



No sé si os he dicho ya que Ediciones Tombooktu me va a publicar una novela. Lo digo porque se lo cuento hasta al apuntador.
- Señor apuntador, que me van a publicar una novela
- Y a mí qué me importa, doña.
Se lo perdono porque, después de todo, la vida del apuntador debe ser de lo más triste: ahí metido en su concha, siempre a la altura del betún, con el alma por los suelos. Una pena.
Pero, a lo que iba: me van a publicar una novela. ¿Cuándo? No lo sé. Al principio, era para Mayo. Luego, para Junio. Ahora, mi editor (Oighs, qué fashion que suena) y yo estamos intentando que la maqueta provisional nos guste a los dos, sin conseguirlo. Esto es como las reformas, que el contratista te dice que dos meses en Diciembre y en Junio, todavía estás de cemento y escombros hasta las cejas.
Pero, mientras sale la primera parte de "El blog de la doctora Jomeini" - título original donde los haya - yo estoy escribiendo la segunda parte. Porque a optimista no me gana nadie y he dividido la novela en cuatro partes. Y es más: espero llegar a la cuarta.
Así que, ahí me teníais, delante del ordenador, barruntando, invocando a las musas que se debían haber ido de cañas, cuando sonó el teléfono. Era mi madre. Ya os he contado que mi madre es bloguera. Lo que no os he dicho es que mi madre es mi crítico más feroz. "Jomeini, guapa, tienes que comer un poco menos, ¿no te parece?" Lo que, en lenguaje materno, significa que se te está poniendo un culo como la boca del metro. "Jomeini, guapa, esto no tiene ni repajolera gracia". Mi progenitora no tiene pelos en la lengua. Así que, como estaba trabada en un punto del capítulo, se lo leí y le comenté: 
- Y no sé cómo acabarlo. ¿Se te ocurre algo?
De pronto, al otro lado de la puerta, se oye la voz de Susanita que dice:
- ¿Qué te parece : "The end"?
Pues claro, cómo no se me había ocurrido.


13/6/2012

La minimiope


Y digo yo: tanto rollo de células madre y células abuelas y que siempre heredemos lo chungo. Pongamos mi caso: mi padre tiene unos ojazos azules, sin gota de miopía. ¿Los heredé yo? ¡Quiá! Heredé los ojos marrones y miopes de mi madre. En cambio, de mi progenitor sí que me llevé los juanetes y el asma. Y la mala dentadura de ambos. Podría haber heredado - no sé - el metabolismo de mi tío Mingo, que comía a dos carrillos y no engordaba nunca. O, ya puestos, un rescatito - perdón, línea de crédito - de unos cuantos millones de euros, que verías tú como me cambiaba la vida. Pero, no. Siempre heredamos lo chungo. Y mis hijos no iban a ser menos. Siendo sus dos padres miopes, el heredar la miopía no es tener suerte en el sorteo. No, macho, es tener todas las papeletas. 
Ayer fuimos al oftalmólogo con Susanita y el Terro. 
- ¿Qué letra es ésta? - le preguntaban a Susanita.
- La M - contestaba ella, mientras yo veía una V perfecta. 
- ¿Y ésta?
- La X - respondía, guiñando los ojos ante una S.
Vamos, que la herencia manda. 
- Susanita - le dijo la oftalmóloga a la niña - ¡Te has ganado unas gafas!
- ¿Y yo? - preguntó el Terro, desolado.
- Tú no, cariño.
- Pero si yo veo la mar de borroso todo el rato... - protestó él.
Total, que salimos de la consulta con una Susanita espídica, hablando del color de sus futuras gafas y un Terro, enfurruñado por no seguir la herencia familiar. 
Si es que Dios le da pan al que no tiene dientes. 



Dibujo del Terro, del momento en el que le ponían las gotitas para dilatarle la pupila.


6/6/2012

Elena




La primera vez que entró en la consulta traía la risa en los ojos, a pesar de su dolor.
- Ay, churri - me decía, con un acento marcadísimo del norte - Que esto me está matando.
A medida que iba oyéndole contar su historia, la sospecha se iba haciendo más y más grande. Le pedí unas pruebas que confirmaran lo que temía.
- Ay, churri - me decía, con una sonrisa, cuando contesté sinceramente a sus preguntas - Que de peores cosas he salido.
La ingresaron para hacerle una biopsia que puso etiqueta a un tipo de cáncer. Y un TAC que reveló que estaba mucho, mucho más avanzado de lo que nos temíamos.
Ayer fui a verla a la planta para ajustarle el tratamiento de dolor crónico.
- Ay, churri - me dijo, al verme abrir la puerta - Qué ganas tenía de verte. Se me está quedando corta la pastilla. A ver si me la subes un poquito.
Hablamos un rato. Yo tenía que irme y le dije: 
- Mañana vengo de nuevo. A ver cómo te va con la subida de la medicación. 
Ella asintió sonriendo:
- Que tengo que ganarle al cáncer. Y con dolor, no se puede - y me tiró un beso.
Hoy, cuando he llegado, estaba sentada mirando por la ventana. Ausente en la inmensidad del mar. 
- Ay, churri - me saludó, cuando se dio cuenta de que yo estaba a su lado - Que mi ex se ha llevado a los niños. Que dice que con "esto" no puedo ocuparme de ellos. Y lo peor es que tiene razón. 
Cuando me miró, su sonrisa perenne se había apagado. Y es que hay dolores para los que el tratamiento no sirve. 


1/6/2012

Una señora


La culpa de todo la tiene mi santo. Que me picó. Y yo soy de un picajoso que asusto.
- Es una chica como yo...-le contaba.
- Tú ya no eres una chica, maja. Tú eres una señora - me interrumpió.
¡Oighs!¡Una señora! ¡Qué mal me sentó! Por eso, cuando me dijo de ir a cenar con sus compañeros, entre semana, contesté:
- Claro, por supuesto - después de todo, he sobrevivido a una residencia de Anestesia y dos hijos sin dormir. Un día más de ojeras qué es para mí, que estoy en la flor de la juventud, vamos, hombre.
Pero no conté con que los traumas son una de las especies más peligrosas del lado luminoso del quirófano. Que les gusta la juerga más que comer...y comer, les gusta un rato. Total, que me dejé arrastrar. Débil de voluntad que es una. 
Y aquí estoy, después de haber dormido tres horas, oyendo el bip de la máquina que retumba en mi cabeza como si fuera el redoble de un tambor, mientras el cirujano hace de las suyas. Sintiéndome una SEÑORA de los pies a la cabeza.


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