22.8.12

Cristina

Publicado por Dra Jomeini |




- Hola - me saludó una voz femenina al descolgar el teléfono.
- Hola - contesté yo, intentado adivinar quién era.
- ¿Sabes quién soy? - preguntó.
- Pues no. No te tengo fichada.
Una risa cristalina, como campanillas, se oyó al otro lado.
- Soy esa persona con la que tenías un club de espías. Tengo pruebas: aún conservo mi carnet.
- ¿Cristina? - no puede ser otra.
La risa cristalina vuelve a sonar.
- Síííííí
Cristina fue mi primera amiga. Por lo menos, la primera que yo recuerdo. Era una niña dulce y bajita. Siempre de las primeras de la fila en clase. Yo era larguirucha y bastante seca. Y siempre de las últimas. Ella era Candy-Candy. Yo, Patas Locas Crane. Pero a pesar de ello, eramos uña y carne. Con ella, jugué a espías y a Galáctica. Con ella, hice tortas de barro y montañas de hierba para desespero de mi pobre madre. Ella fue mi primer crítico literario - de unas novelas empalagosas llamadas "Las aventuras de Betty y John". Juntas empezamos a estudiar Medicina. Compartimos mesa de Anatomía, borracheras y juergas varias y nos enamoramos del mismo chico - que no fue para ninguna de las dos. Después de licenciarnos, yo me fui a Madrid y ella a Suecia. Fue nuestro punto y aparte.
Después de - ¿cuántos?- dieciséis años sin vernos, el otro día me llamó.
- Es que me hablaron de ti: "¿Conoces a esta chica, que escribe un blog...?" No me lo podía creer. ¡Claro que la conozco! Así que le pedí tu teléfono. 
Cuando nos vimos, fue como si el tiempo no hubiera pasado. En un par de horas, nos pusimos al día, pero tengo la sensación - sin duda, compartida - de que hubiéramos estado días de charla. No hay problema. Estoy convencida de que, esta vez, hemos puesto sólo un punto y seguido. 

En la foto de arriba, Cristina y yo, con 9 años, poniendo cara de buenas.
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6 comentarios:

unaterapeutatemprana dijo...

Esos reencuentros con amigas-hermanas son de las mejores cosas de la vida. Vaya cara de picarona que tienes :)
Un beso.

Jane Jubilada dijo...

Me encanta la foto. La casa estaba sin terminar (nos mudaríamos ese verano), pero ya la vivíamos haciendo comidas y preparando el jardín. Y aparece el muro original de la finca y el nisperero, los dos vestigios de la finca a la que un día perteneció el solar. Me acuerdo de hacerles la foto y me acuerdo mucho de Cristina, a la que tampoco le gustaba mi pudín de col (no me explico por qué con lo bueno que es) Las amigas de la infancia (lo sé por experiencia) siguen siéndolo a través de los años, aunque pasen tiempo sin verse. Con ellas se ha compartido lo esencial, el empezar a ser personas. Un beso para las dos niñas de la foto, a las que miro con un poco de nostalgia y un mucho de ternura.

Gallo dijo...

Que maravilla me gusta mucho ese tipo de historias. Yo me reencontre con grandes amigos de Madrid tras 15 laaargos años y eso siempre nutre el alma.

Guillermo Cabrera Moya dijo...

Estas son las verdaderas amistades, las que duran toda la vida, las que te recuerdan quién eres..., sobre todo si no le debes nada, más que felicidad.

loquemeahorro dijo...

Qué ternura me ha dado ver esa foto, y recordar esas tardes de verano que con tener a una amiga, ya tenías el mundo entero a tus pies:

Podías hacer pastelería de barro, o decidir cómo iba a ser tu futuro marido, o subirte a un árbol y abrirte después la cabeza.

Y era como si fueráis las primeras personas en el mundo que lo hacían todo por primera vez.

dolega dijo...

Que entrañables y deliciosos son esos reencuentros. Y lo que dices, ojalá que sea un punto y seguido.
Saludo

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