21 de nov. de 2011

Fibromialgia



- Después de todo - dijo la paciente - siempre dicen que la fibromialgia es una palabra inventada para llamar a las que se quejan de todo.
- ¿Quién dice eso? - preguntamos, al unísono, mi adjunto y yo.
- Pues lo triste es que me lo dijo un médico - responde ella.
Y lo realmente triste es que, lo más probable, es que sea verdad. La fibromialgia ha llegado a nuestros días envuelta en un velo de escepticismo. Para los que se enfrentan por primera vez con semejante palabro, la fibromialgia es una alteración de la sensación dolorosa en general. Los pacientes que padecen esta enfermedad tienen alterados todos los tests de sensibilidad al dolor (incluso los auditivos) así como una serie de neurotransmisores en niveles bajos, como la Serotonina, que tanto tiene que ver con el estado de ánimo. Asociadas a esta alteración de la sensación dolorosa, la enfermedad se adorna de una serie de "etiquetas" (ansiedad, depresión, fatiga crónica...) muy frecuentes en dolor crónico.
Imaginad lo que es levantarse cada día con dolor, después de no haber descansado adecuadamente. El dolor es tu compañero de fatigas. Imaginad sobrellevar la rutina diaria (trabajo, niños, estrés) así, sospechando que los demás no entienden por qué te quejas. El dolor lo mata todo: sonrisas, buenas palabras, sentimientos...
Es triste que el desconocimiento nos lleve a comentarios como el del inicio de este post. Si eres sanitario, aquí te dejo un artículo muy reciente sobre los últimos avances en diagnóstico y tratamiento de la fibromialgia. Si no eres sanitario, pero te interesa el tema, éste es un blog sobre la enfermedad y aquí tienes la página de la sociedad de fibromialgia madrileña, donde se citan todas las sociedades de España.
Por mí, que no quede.




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15 de nov. de 2011

Inicio de lunes


Generalmente, ni mi santo ni yo llevamos a los niños al cole. Básicamente, porque a la hora en que entran, él y yo ya llevamos una hora y media trabajando. Los lleva Glorita. Santa Glorita, que sólo por eso habría que canonizarla. Pero hoy, como libraba la guardia del sábado, los he llevado yo. Cuando suena el despertador, a pesar de que todo mi cuerpo suplica por cinco minutos más, me levanto, me ducho y me visto antes de despertar a los enanos. Le enciendo la luz al Terro, que está despatarrado encima de la manta. Ni se inmuta. 
- Venga, guapi, hay que levantarse, que hay que ir al cole - digo, suavemente. Pero que si quieres arroz, Catalina. Lo dejo a ver si se espabila con la luz y voy a despertar a Susanita, de la que sólo se ven los pelos de la coronilla. Es  mujer.Y las mujeres somos seres de sangre y pies fríos.
- Princesa, hay que abrir los ojos - digo, canturreando.
Recibo un gemido de ultratumba de entre las mantas por toda respuesta. A las ocho y veinte, seguimos en las mismas, así que aparco la sutileza y comienzo a vestirlos como si fueran muñecos, totalmente dormidos. Cojo al Terro en brazos - con grave perjuicio para mis lumbares - y lo pongo a hacer pis. Levanto a Susanita y bajo con los dos a la cocina. Se sientan en las sillas mirando al infinito, con los ojos vidriosos, que dan hasta miedo. Parece que en vez de niños estoy criando zombies. Y sólo espabilan cuando les pongo delante el bocadillo y la leche.
En ese momento, llega Glorita. Glorita es mi salvación diaria, pero prefiero no cruzármela. No sólo por lo que habla, que con lo que habla podría llenarse la biblioteca de Alejandría, sino porque lo hace con un tono de voz agudo- por no decir chillón - y les habla a los niños como si fueran bebés de tres meses. Me pone de los nervios. 
- Terro, venga, cómete el bocadillo - le digo a mi hijo, que tiene los ojos clavados en la esquina del salchichón.
- "Tedo", "Tedo", guapo - dice Glorita, hablando como si tuviera un año - cómete el bocadillito.
- Susanita, hija, vete a lavarte los dientes.
- "Zuzanita", "Zuzanita", los dientes - repite bebé-Glorita.
- Terro, la leche - insisto.
- La lechita del "Tedo" - dice eco-Glorita. 
Bajo al garaje batallando con los paraguas, las mochilas y los niños mientras la voz de pito de Glorita me sigue como si fuera mi comparsa. Incluso se la sigue oyendo cuando la puerta del garaje se cierra. Llego casi sonando la campana del cole. Un beso rápido a cada uno y los veo entrar, cada uno con sus mochilas, casi más grandes que ellos. Y no puedo evitar dar un suspiro. Por Dios, qué estrés.
Y luego dicen de la Anestesia. 






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10 de nov. de 2011

Gilipollas


De todo hay en la viña del señor. Médicos gilipollas, también. De hecho, hay más de lo estrictamente recomendable. Pero, a veces, su gilipollez es tan franca que te da hasta pena. 
Dr J. Jefe de servicio. Es jefe porque en alguna parte hay que ponerlo. Acompaña a un pope de Barcelona que ha ido a nuestro humilde hospital a realizar una técnica novedosa. Se paran justo delante de la cama de un paciente que acaba de fallecer.
- Este paciente - dice el Dr J, dándose aires de importancia - es un caso complicadísimo, nos llegó muy inestable, pero supimos salir adelante. De hecho, ahora lo están destetando del respirador.
- No - corrige la enfermera, dentro del cubículo - le estamos quitando el tubo porque ya no le hace falta.
- ¿Quieres decir...? - pregunta el Dr J, como el que no se cree lo que está oyendo.
- Que ya no respira, sí. 
La cara del pope de Barcelona es todo un poema. 
- Oh, oh, sí, bueno - tartamudea el Dr J, sin saber dónde meterse - ejem...esto...vamos a ver si el instrumental de la técnica está preparado.
Un gilipollas que no conoce la evolución de sus pacientes- aunque, en ese momento, estén en manos de otros - es doblemente gilipollas.




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7 de nov. de 2011

Historias de la UVI: Sepsis



Manuel era taxista. Al volante de su taxi, le gustaba conversar con sus pasajeros, coleccionar esos pequeños pedazos de las historias de los demás, contarles pedacitos de la suya sabiendo que posiblemente no volvería a verlos en su vida. Cuando le diagnosticaron el cancer, el primero al que se lo contó fue a un tipo encorbatado, que lo miró con cara de susto detrás de unas gafas sin montura. 
Cuando empeoró, después del trasplante, Manuel coleccionaba trocitos de historias del personal de la UVI. La enfermera de la mañana celebraba su despedida de soltera. La de la tarde estaba intentando cambiar el turno para poder ir a una fiesta. La residente estaba enfadada porque tenía tres sesiones en un mes. Luego, empezó a respirar mal y todos estos retazos de historia conformaron un caleidoscopio de colores. Alguien lo intubó, pero él ya no fue consciente.
Esta mañana, cuando he llegado a la UVI, el cubículo de Manuel estaba vacío. Él es ahora un pedacito de historia en este blog. 



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3 de nov. de 2011

Y de mayor también quiero ser...


- Mamá - dice el Terro, con la cara del que ha descubierto la pólvora - De mayor quiero ser veterinario.
- ¿Y lo de cocinero? - pregunto yo, mientras mis sueños de que mi hijo fuera un nuevo Ferrán Adriá se van por el desagüe.
- Me gusta, pero prefiero dedicarme a otra cosa. 
- Y...Veterinaria...¿por qué?
- Porque me gustan los animales.
- ¿Eres consciente de que, para ayudar a parir a las vacas, el veterinario les mete la mano en el pepe?- sí, lo sé. Soy jodelona, qué se le va a hacer.
Mi hijo pone cara de asco. Luego, se queda pensando un rato y pregunta: 
- ¿Para hacer eso me puedo poner guantes?
- Sí, claro. 
- Ah, vale - vuelve a sonreír - entonces, bueno. 
Se va. Sigo intentando sintetizar en veinte diapos todas las curvas de la ventilación mecánica para una sesión de la UVI.
- Mamá - ataca el Terro, de nuevo. 
- Dime, hijo.
- Que estoy pensando que si no hay algo que tenga que ver con animales y no tenga que hacerle eso a las vacas. - se queda un rato callado - ¡Ya sé!¡Cuidador del zoo!
Sonrío. Me callo que la última vez que fui al zoo vi a los cuidadores darle de comer a los cocodrilos. Yo prefiero meterle la mano en el culo a las vacas. 

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