21/10/2011

Rafa o la historia de una escalera



Lo conocí en una escalera. Yo bajaba. Él subía. Me quedé mirándole como un pasmarote: imposible no reconocerle.
- ¿Tú eres Maimónides, verdad? - le pregunté.
Él me miró, algo turbado, como preguntándose quién sería esta loca que le paraba en medio de la escalera y lo llamaba por un nick.
- Sí - reconoció, tímidamente. 
-¿El único informático de la sala? - no lo dije por fastidiar. Era cierto. En un congreso sobre blogs y nuevas tecnologías aplicadas a la sanidad, él era el que más sabía del tema y se sentaba calladito en el público, sin decir ni esta boca es mía.
Él sonrió, con una media sonrisa dulce. Me presenté, entonces, para que al menos supiera el nombre de la loca de la escalera. 
Hoy hablo de Rafa Pardo, no sólo porque, en su día, le prometí contar este encuentro en una escalera. (Y yo cumplo las promesas. Tarde, pero las cumplo), sino porque me ha arrancado las lágrimas - y alguna que otra  risa sofocada - con este post de su blog. Y es que, en estos días en los que se habla tanto de Sanidad Híbrida, mientras nosotros subimos tímidamente los primeros peldaños de la escalera del 2.0, Rafa está ya arriba esperando con una sonrisa a que lleguemos. 



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19/10/2011

Historias de la UVI : Hemorragia intraparenquimatosa


El móvil empezaba a sonar desde que salía de casa. Sin descanso. Y ella encendía el primer cigarrillo mientras contestaba la primera llamada. Después, era todo una montaña rusa. Presentaciones de producto, datos de marketing, problemas, problemas y más problemas. Hasta las seis de la tarde. O las siete. A veces, hasta la noche. O la madrugada.
Todo eso lo piensa él ahora, mientras coge su mano. La que responde. La otra mitad del cuerpo está paralizada por el daño cerebral. Lo piensa sin saber qué va a decirles a los tres niños que esperan en casa a que mamá vuelva de viaje. 
Y es que, a veces, por no parar, la vida nos frena en seco.

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16/10/2011

Feliz día del Anestesiólogo


Hoy es el día mundial del Anestesista. Sí, yo también acabo de enterarme. Más que nada porque @agonistapuro me ha felicitado en twitter. Al principio, he pensado: "¿Felicidades?¿Por qué?. Pero, luego, me he dado cuenta - en un alarde de perspicacia - que el resto de las personas a las que iba dirigido el mensaje eran anestesistas. Y, con increíble lógica deductiva (A mí no me hace sombra ni Sherlock Holmes), me he dicho: "Pues será el Día del Anestesista". Y, para confirmarlo, lo he buscado en Google, que es a la vida 2.0 como el Oráculo de Delfos a los antiguos griegos.Y sí, hoy es el Día del Anestesiólogo, porque fue, precisamente, un 16 de Octubre de 1846 cuando William Morton realizó la primera anestesia registrada de la historia a un paciente con un tumor mandibular, utilizando éter. 
Pero, además, rebuscando en Google, me he enterado de que tenemos patrón y todo, oye. El patrón de los anestesistas es un tipo llamado Renato Goupil - ese con cara de buenecito que he puesto al inicio del post -  al que mató un mohawk con su tomahawk por hacer el signo de la cruz sobre la frente de su hijo (que a quien se le ocurre delante de un padre armado hasta las cejas). ¿Por qué este señor es el patrón de los anestesistas? Ni zorra. ¿Será porque el mohawk actuó como cirujano- cortador de cabellera? ¿Será porque el tío era tan pelma que cada vez que hablaba era como una anestesia total? Si hay alguien ahí fuera que lo sepa, que me saque de dudas, que estoy en un sinvivir.



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11/10/2011

Carácter español


Tres guardias esta semana explican mi ausencia de esta casa virtual, pero también de la real. La otra tarde, el Terrorista me observaba mientras yo, buenamente, conseguía arrastrarme por las esquinas.
- ¿Sabes qué, mamá?
- ¿Qué, hijo? - respondí, con un hilo de voz, con la poca fuerza que me quedaba.
- Estoy pensando que tengo que encontrar algo para vivir sin trabajar.
Españolito hasta la médula, que es el niño, oigan.

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3/10/2011

Pesadilla antes de la guardia


Mis hijos son la hostia. No es amor de madre, creedme.Lo digo con un cabreo intrínseco que me empieza en la punta del dedo meñique del pie derecho y me llega hasta el último pelo de la coronilla. Lo digo porque parece que tienen un radar. Y la noche pre-guardia - uno u otro -  la montan a base de bien. Como si nuestras guardias no fueran - de por sí - lo suficientemente duras, encima, las empiezas con más ojeras que un mapache. No falla.
Ayer, guardia. Anteayer noche, a las 4.00 AM, un grito desgarrador me taladra los tímpanos. El Terro.
- ¿Qué te pasa? - pregunto desde mi cama. Puedo parecer una madre desnaturalizada por no levantarme corriendo a ver qué le ocurre a mi retoño, pero 6 años de gritos desgarradores te hacen ser precavida. 
No contesta. En cambio, oigo unos pasos apresurados por el pasillo y caen sobre mis muslos 25 kilos de niño a propulsión.
- Tengo una pesadilla - dice, hiperventilando y con los ojos como platos.
- Bueeeeno - lo abrazo - cálmate. Sólo es un sueño. Ven, vamos, que te acompaño a la cama.
Pero - ¡Oh, horror!- el Terro se ha introducido, cual jueves, entre nosotros dos y se está acomodando en mi almohada.
- Ah. no, no, no. Eso sí que no. - digo. De nuevo, puedo parecer una madre desnaturalizada, pero es que vosotros no habéis tenido que dormir con el Terro. Después de una hora, ser un puching-ball te parece un sueño difícil de realizar - Si quieres, yo me quedo un rato contigo, pero te vas a tu cama.
Media hora de negociaciones después, mi santo pierde los nervios:
- A dormir los dos, mecagoentoloquesemenea
- Bueno - cedo, por la paz familiar - te quedas cinco minutos y luego te llevo a tu cama.
Él se acuesta, contento de haber ganado la batalla y a los dos segundos empieza a resoplar. Yo espero media hora más, con su respiración en el cogote y recibiendo alguna que otra patadita a mis lumbares y, una vez que considero que ha pasado un tiempo prudente, me levanto, lo cojo en brazos y lo llevo a su cama. No acaba de posar la cabeza en la almohada cuando abre los ojos como el muñeco Chucky y dice:
- Estos cinco minutos han sido muy cortos.
Para mí, han sido eternos, pero cuento mentalmente hasta veinte para no estrangularlo:
- Venga, cierra los ojitos.
Él mira la ventana, se levanta como un resorte y grita a pleno pulmón:
- Noooooooo, tengo miedooooooo
- Pero, ¿miedo de qué? - le pregunto, desesperada.
- De la ventana. Esta casa tiene demasiadas ventanas.
Vaya, hombre. Lo recordaré la próxima - e improbable - vez que vuelva a meterme en obras.
Total, que acabamos en mi cama de nuevo, para que los gritos no despierten a Susanita - porque entonces sí que la hemos liado. Él roncando. Mi santo roncando más fuerte. Y yo, con los ojos como platos. Sin pegar ojo hasta que suena el despertador para avisarme de que se avecina un maravilloso día de guardia.
Os juro que al levantarme casi lloro. 



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2/10/2011

Pacientazos III


- Juan - le digo a un niño de siete años, que, nada más entrar en quirófano, se ha colocado de lado, se ha puesto cómodo y ha cerrado los ojos - cariño, tienes que ponerte boca arriba.
- Oye, que a mí me ha dicho mi madre que yo venía aquí a dormir. Y boca arriba no se duerme cómodo.

Usted perdone, oiga.

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