26/9/2011

De pesca y pez-queñines


Este verano, nuestro amigo Luigi Fetuccini (que conste que el mote no se lo he puesto yo) ha enseñado a mi santo a pescar. O, mejor dicho, lo ha iniciado en la pescadicción. Porque mi santo es muy de obsesionarse con las cosas nuevas y, cuando vio que picaban, le cogió el gusto y ya está hablando de comprarse una caña, unas boyas, unos pesos y demás aparatejos que acompañan a la pesca y que - estoy segura - irán a engrosar el montón de cosas inútiles acumuladas en el trastero. Pero, en fin, mirándolo por el lado bueno, por lo menos, esto da para cenar alguna noche. 
Está claro que, entre bicho y bicho grande,en la jornada de pesca, también caía algún pez-queñín que, religiosamente, devolvíamos al mar (No en vano nos pasamos años oyendo el "pez-queñines, no gracias, hay que dejarlos crecer" hasta traumatizarnos). Pero uno de ellos, de un precioso color azul oscuro dio un coletazo al desengancharlo del anzuelo y cayó en una grieta de la roca de difícil acceso. Mi santo se hizo mil arañazos en las manos intentando sacarlo, pero cuando al fin lo consiguió, el pescadito había muerto. 
Susanita lo miraba con los ojos desconsolados, mientras hacía pucheros con el labio inferior. 
- ¿Está muerto? - preguntó.
- Sí, cariño - le contesté - Lo siento. Pero, ¿sabes lo que vamos a hacer? - propuse, intentando distraerla - Vamos a hacerle un funeral.
Cavamos una pequeña fosa en la arena húmeda y la rodeamos de piedras de colores y conchas. Deposité,  con cuidado, al pez-queñín en la fosa y ella fue tapándolo con la palita.
- Bueno - dije - Y ahora tienes que decir unas palabras de despedida.
Susanita me miró, pensativa, y luego se besó la mano. Depositó el beso sobre la pequeña tumba y dijo: 
- Adiós, pescadito.
Hay veces que sobran las palabras. 



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17/9/2011

Pacientazos II


- Pero, bueno - le increpo a una enana de cinco años, que llora a todo pulmón en la camilla de quirófano - ¿te parece normal la que estás montando? Tu mamá se va a poner muy triste si te portas tan mal.
Ella me mira, momentáneamente callada y responde:
- Y a tí, ¿te parece normal estar todo este tiempo sin desayunar? ¿No se pone triste tu mamá porque no dejas comer a los niños?
Toma geroma pastillas de goma.

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13/9/2011

Tres


El tres es un número importante. Tres son los Reyes Magos, la Santísima Trinidad y los Tres cerditos. Tres son los mosqueteros, los libros del Señor de los anillos o los tres en raya. Tres tristes tigres eran también tres, tragando trigo en un trigal. Y tres son los años que cumple hoy este blog. Tres. Increíble, pero cierto. 

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9/9/2011

Pacientazos I


- Don Ramón - le pregunto a un paciente EPOC, que llega en silla de ruedas a la consulta de preanestesia - ¿Tiene usted oxígeno en casa?
- No, Doctora - responde él, muy rápido - Yo, gas butano, como todo el mundo.


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1/9/2011

Cumpleaños


Ocho años. Hoy es su cumpleaños. Marta pasea por el salón de su casa, admirando el vestido nuevo que le ha puesto mamá. Sobre la mesa del comedor, hay dispuestas bandejas de bocadillos y fuentes de patatas fritas. Marta da un giro para que la falda se acampane como la de las princesas. De pronto, sin avisar, siente un dolor intenso en la cabeza. Y el salón se vuelve de colores como los globos que cuelgan en la puerta.
- Mamá - le da tiempo a decir antes de perder la conciencia.
No oye el grito de su madre, ni la carrera al hospital. No oye a los pediatras reanimándola en Urgencias, ni a los anestesistas que se afanan en mantenerla viva mientras el neurocirujano descomprime la hemorragia.
Ocho años. O cero. Porque hoy Marta ha vuelto a nacer. 

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