30/8/2010

¿Por qué cuernos escribo un blog?



Mi cuñada Paquirrín, que no tiene correo electrónico y no sabe lo que es una página web, sostiene que lo que yo hago escribiendo este blog es hacer el gilipollas. Lo dice así: con toda la boca y con G mayúscula. Y se queda tan pancha. Reconozco que hace 3 años (parece que hace toda una vida), cuando yo misma no sabía lo que era un blog, a mí también me hubiera parecido absurdo que alguien contara su vida y milagros al aire, sin conocer a los que estaban al otro lado. Pero, afortunadamente, a lo largo de este tiempo, he descubierto una serie de razones para escribir un blog:
1.- Para conocer gente con tus mismos intereses. Eso es lo bueno de que te interese casi todo: que conoces mucha gente.
2.- Como válvula de escape: Si no fuera capaz de reírme de mí misma, habría explotado como una olla con demasiada presión.
3.- Porque es el único sitio en el que puedes decir lo que te salga de los web-os y mandar a callar al que te los toca.
4.- Profesionalmente, me ha abierto puertas que, de otra forma, ni siquiera habría osado llamar.
5.- El blog me permite hacer una de las cosas que más me han gustado siempre: escribir (¿qué sentido tiene escribir si nadie te lee?)
6.- En resumen, es bueno, bonito y barato.
¿Por qué cuernos escribo un blog? Pues, como dijo José Antonio Millán en el I Blogocongreso: "Porque sí". Y punto.

votar

25/8/2010

El niño con cancer



Diego tiene 5 años. Le gusta el fútbol. Su equipo preferido es el Madrid. "El de papá" - dice, con orgullo. Le encantan los dibujos de Ben 10. Y pidió un OmniTrix por su cumpleaños. Diego tiene una hermana mayor, que se llama Elena, a la que hace rabiar y con la que juega. Podría ser un clon del Terrorista. Pero no lo es. No lo es por un detalle: Diego tiene leucemia linfática aguda. Hace tres años, le hicieron un trasplante de médula y su cuerpo respondió mal. Ahora Diego sufre una enfermedad de injerto contra huésped. Y se está muriendo.
Hoy ha pasado por quirófano para ponerle una vía central. Su piel está muy dañada por la enfermedad y necesita sedación. Se ha dormido con mi mano y mi alma agarrada entre sus manitas.
No puedo.

votar

23/8/2010

Quemada

- ¡ Qué te torras, Jomeini! - me advirtió el sábado una amiga.
No se refería, como podréis imaginar, a mis apéndices mamarios que, después de dos embarazos y dos lactancias desafiando la ley de la gravedad, son algo así como dos higos chumbos. Me advertía de los peligros de no protegerse frente al astro rey. Y ahora estoy pagando las consecuencias de no escucharla. Vamos, que estoy más quemada que el callista de Tarzán. El sábado por la noche, por el paseo marítimo, los guiris me señalaban con el dedo:
- Look, my dear, una gamba with dress and tacones!
Y por supuesto, el romanticismo de la noche al carajo:
- ¿Puedo, al menos, darte un besito? - decía mi santo, el pobre.
- Si es con boquita de piñón...
Tres cuartos de lo mismo cuando he llegado hoy al trabajo. ¿Por qué será que cuando estás quemado la gente te quiere tanto? Todo Cristo te toca. Nada más llegar, el cirujano plástico, que tiene una mano que parece un dolmen, me da unas palmaditas en la espalda.
- ¿Qué tal, Jomeini?¿Cómo fue ese fin de semana?
- Uy,uy,uy- soy incapaz de articular una respuesta.
- Ay, perdona, ¿te has quemado?
- No, soy una anestesioblasta a lo bonzo.
- Jajajaja, vaya, lo siento.
- Jomeini - me dice la enfermera, apoyando la mano en mi hombro- ¿qué suero quieres para este niño?
- Uy,uy,uy
- Ay, espera que te sacuda la espalda que tienes un poco de yeso...
- Uy,uy,uy.
Pero la tortura no acaba aquí. Los dos enanos han vuelto de un fin de semana con sus primos. Y, cuando llego a casa, los dos se me cuelgan del cuello nada más verme. Pero, esta vez,  me callo el "uy,uy,uy".

Sarna con gusto, no pica. O eso dicen.


votar

19/8/2010

Historias de la anestesia


Decía Karl Marx que el motor de la historia era la lucha de clases. Siento disentir, pero el señor Karl Marx estaba equivocado. Que sí, que ya sé que no soy nadie para desdecir al señor Marx, pero creedme, que lo sé de buena tinta. El motor de la historia es la lucha nuero-suegril. Tomemos, por ejemplo, la historia de la anestesia. Si creemos que el señor Marx tiene razón, la primera anestesia registrada podría ser la de Hipócrates, en el siglo 470 AC. Cuando usaba su esponja soporífera bañada en opio, beleño y mandrágora. Justo antes de que se le murieran dos o tres nobles y acuñara el "primun non nocere". O las de los asirios - brutos, ellos, como un arado - que, en el año 3000AC, comprimían la carótida para dejar al paciente en coma. El problema, en este caso, no era dormirlos, sino despertarlos. Pero no. La primera anestesia la llevó a cabo una antepasada mía (a la que llamaremos Jomeinicantopus) , allá por el neolítico. El tema fue así: estaba Jomeinicantopus limpiando un garrote de los que habían usado los hombres para ir de caza, cuando su suegra se le acercó por detrás y le dijo:
- Jomeinicantopus, o estás más gorda o ese taparrabos te queda como el culo.
Jomeinicantopus pensó un momento en que si el garrote podía con un mamut también podría con su suegra. Y dicho y hecho. Primera anestesia total. Que el santo de Jomeinicantopus aprovechó para operarle a su madre la rodilla, que, por aquel entonces, ya existían traumatólogos.
Y de ahí me viene el rejo. Diga lo que diga el señor Karl Marx.


votar

17/8/2010

Prueba de resistencia

Cuando yo era pequeña, había un programa en la tele (bastante cutre, todo sea dicho) que se llamaba "Humor amarillo". Se suponía que era una prueba de resistencia. Los chinos que concursaban - de ahí lo de amarillo - se pegaban unos guarrazos de tomo y lomo, sin perder jamás la sonrisa. Pero a los chinos aquellos los metía yo en un coche con 2 críos pequeños en un viaje Badajoz-Madrid, a ver a cuántos se les había congelado la sonrisa al final del trayecto. Eso sí es una prueba de resistencia y lo demás es bobería.
- ¿Cuánto falta? ¿Queda mucho? - pregunta Susanita, a los diez minutos de haber salido.
- Hija, acabamos de salir. Todavía quedan horas.
- Y...¿una hora es mucho? - pregunta el Terro.
- En este plan, sí. Mirad - digo para distraerles - vaquitas y un ternerito.
- Yo no he visto el ternerito- chilla el Terrorista- Papá, da la vuelta para ver el ternerito.
- Sí, hombre - exclama mi santo - Otra cosa no estoy pensando.
- Y allí, allí hay un castillo - señalo yo, en un afán desesperado porque olvide el ternerito de las narices.
- ¿Viven ahí princesas? - se interesa Susanita.
- Ya no. Vivían.
- ¿Qué les pasó?
- Se murieron.
- ¿De qué?
- De viejas.
- ¿Y cómo se llamaban?
- Tu hija se cree que eres el "Quién es quién" - me susurra mi santo, riéndose.
- Rigoberta, Clarisa y Eustaquia - repongo yo, tan fresca.
- ¿Por qué les pusieron unos nombres tan feos?
- Porque sus padres tenían muy mal gusto.
- Por Dios, Susanita - suspira el Terro, levantando la vista - Cállate ya de preguntar tanto.
Silencio durante dos segundos. Bendito silencio. Uno. Dos.
- Me aburrooooo - se queja Susanita.
- Vamos a jugar a las "avidinanzas" - sugiere su hermano.
- Vale, empiezo yo.
- No, empiezo yo.
- ¡QUÉ NO, QUE EMPIEZO YO!
- ¡NO, EMPIEZO YO!´
- Mamááááá, que el Terro no me deja empezar...
- Jopeta. Es que yo tuve la idea y ella siempre quiere empezar, mamá.
- Bueno, calma - intento conciliar - Susanita, la idea fue del Terro así que empieza él.
- Vaaaale.
- Venga, Terro, di tu avi...tu adivinanza.
- Alto, alto, no tiene fin. Y es negro con puntos blancos.
- El cielo - exclama Susanita.
- No.
- No sé, me rindo.
- El espacio exterior.
- Pero es que el espacio exterior es lo mismo que el cielo, so tonto.
- Pues no, porque el cielo es azul y el espacio exterior es negro.
- Pero es que el cielo es azul sólo de día ¿verdad, mamá?
- Mamá se ríe de lo tonta que eres.
- No, se ríe porque no tienes ni idea. El tonto eres tú.
- Mamááááá, que Susanita me ha llamado tonto.
- Porque tú me lo llamaste primero.
- No discutáis - intervengo - Venga, Susanita, te toca a tí. Y como me dés otra patada en la espalda, te corto la pierna.
Siguen jugando a las adivinanzas y tenemos dos segundos más de paz hasta que un olor nauseabundo invade todo el coche.
- FOOOOOS, mamá, es que el Terro se ha tirado un pedo.
- Yo no he sido.
- Sí has sido tú.
- Que no.
- Pues yo tampoco.
- A mí no me miréis - repone mi santo.
- Ni a mí -me apresuro a añadir - Ha sido el que tenga las orejas calientes.
Inmediatamente, los dos se tocan las orejas.
Faltan 300 Kms para llegar.
- Quiero agua
- Toma.
- Mamáááá, me he derramado el agua por encima.
- Bueno, pues quítate esa camiseta y pónte esta otra.
270 Kms para llegar
- Quiero hacer pis
- Y yo caca.
200 kms para llegar. Concurso de  a ver quién chilla más alto.
- AAAAAAAAHHHHHH
- AAAAAAAAHHHHHH
- ¿Os podéis callar un minuto, por favor?- suplica mi santo.
- Eso - tercio yo - A ver quién aguanta más rato callado.
No duran ni un segundo.
150 kms para llegar.
- Mamááááá, Susanita me ha torcido el tobillo.
- Que no te lo he torcido, mentiroso.
- Que sí, que tú no estás en mi cuerpo. Que he oído "crack".
- A ver...pero si no tienes nada.
- Ni que tú fueras médico. Sólo eres una niña. Papááááá, que Susanita me ha torcido un tobillo.
- Vaaale.
- Que de verdad, papá.
- Que sí, hijo, pero no tienes nada.
- ¿Ves?
Cien kms para llegar a Madrid.
- ¿Falta mucho?
- Un ratito.
- Es que estoy mareada y tengo ganas de vomitar.
- Toma una bolsa por si acaso.
Al fin llegamos.
- Te invito a un Ibuprofeno - dice mi santo, nada más aparcar.
- Hecho.
Esto sí es trabajo de chinos y no andar sobre el cilindro rodante.


votar

11/8/2010

Anestesia y los siete pecados capitales


Lujuria: Por Dios y la virgen, qué rebueno está el traumatólogo. Uy, viene hacia aquí. Me relamo "toa"...
Pereza: Pero, a lo mejor, viene a pedirme algo: una vía central, una epiduralita...Oigs, con este calufo, qué poco que me apetece...
Gula: Pero está tan bueno el jodío que me lo comería con patatas...
Ira: No te jode el tío. Que suba a la planta a hacerle 5 preanestesias que quiere meter en el parte de mañana, así, de cajón. Hoy salgo otra vez a las cinco.
Envidia: Si es que soy de un pringado...¡quién fuera dermatólogo!
Avaricia: Me montaría mi consultita y a ganar pasta gansa. Y con cremas de la cara, gratis.
Soberbia: Pero, bueno, qué digo...si esto es lo más de lo más.

Me confieso, señores, porque he pecado...

votar

10/8/2010

Carmen


El anestesista va explicando a su residente que la siguiente paciente tiene 14 años.
- Tiene síndrome de Down. A ver, ¿qué cosas tenemos que tener en cuenta?
La residente se esfuerza por recordar lo estudiado
- Pueden ser difíciles de intubar - responde.
- Bien - asiente su adjunto - ¿Por?
- Porque tienen una nasofaringe más estrecha de lo habitual y unas amígdalas y una lengua más grandes.
- Vale ¿Y qué más?
- Hay que tener más cuidado de lo normal al extender el cuello, porque tienen una columna cervical inestable.
- ¿Y?
- Y podemos encontrarnos problemas respiratorios y cardiacos - la residente recuerda, vagamente, haber leído en algún lado que un 40% de los niños con síndrome de Down tiene asociadas cardiopatías.
- Pero, sobre todo - le recuerda el adjunto - debes tener en cuenta que, aunque parezca una adolescente hecha y derecha, es, en el fondo, una niña. Sé dulce con ella.
Mientras hablaban, han llegado a la sala de Preanestesia, donde les espera Carmen. La niña los mira, parapetada tras la sábana.
- Hola, Carmen - la saluda la residente, con una sonrisa - Nosotros somos los que te vamos a dormir ¿Ya sabes con qué vas a soñar?
Carmen la observa con los ojos muy abiertos. Y niega con la cabeza, sin despegar los labios.
- Tiene que ser un sueño bonito ¿vale? - sigue diciendo la residente.
La camilla empieza a moverse hacia el quirófano. Carmen clava la vista en sus padres, que se van quedando atrás, como un conejillo sorprendido por la luz larga. Y tiembla como una hoja al cruzar las puertas y ver las luces, la camilla, la máquina de anestesia...
- ¿Qué pasa? - le pregunta, con ternura, el anestesista, acariciándole la cara con la mano - ¿Tienes miedo?
Carmen asiente una sola vez, con la cabeza.
- No pasa nada, guapa. Nadie va a hacerte daño.
La niña le clava, en la mirada, unos ojos aterrados.
- ¿De qué tienes miedo? - pregunta la residente.
- Del futuro - responde la niña.
Un silencio sepulcral se hace en el quirófano. Todos se miran, sin saber qué decir.
- Bueno, Carmen - el anestesista coge la mascarilla y la acerca a los labios de la niña - Por aquí, vamos a inflar este globito verde...
El miedo al futuro no lo quita ninguna palabra amable. Y, por supuesto, ninguna cirugía.

votar

8/8/2010

GPS para cirujanoblastos


- Partiendo de la espina iliaca anterosuperior derecha, a - un tercio - antes de llegar al ombligo, realice una incisión transversa.
- ¿En qué derecha, la mía o la del paciente?
- La del paciente, por supuesto. Manténgase a la derecha y realice - ahora - la incisión transversa. Separe el subcutáneo. Observe el límite de velocidad. Observe el límite de velocidad. Que observe el límite de velocidad, coño, que va a llegar al peritoneo en un solo tajo.
- Al llegar a la aponeurosis, abra ligeramente y rechace el músculo.
- Recalculando la ruta. Rechace el músculo. Ahora, a la derecha, entre ciego e íleon, localice el apéndice.
- Recalculando la ruta. Su derecha, no. La del paciente. I-d-i-o-t-a.
- Libere el apéndice progresando delicadamente hasta la base. Observe el límite de velocidad.
- Ligue la base y cuando la haya ligado, corte el apéndice.
- Ahora, corte el apéndice y extráigalo de la cavidad abdominal por el mismo camino utilizado para entrar.
- Recalculando la ruta. Por el mismo camino.
- Alrededor del muñón, realice una sutura en bolsa de tabaco, invagine el muñón y cierre por planos.
- Usted ha logrado su objetivo.

¿Entendéis ahora por qué se me ponen los pelos como escarpias cuando oigo hablar de un engendro llamado Da vinci?

Dedicado a la Dra PronoviaAgosto2012, que quiere hacer hoy tres apendicectomías, caiga quien caiga.

votar

6/8/2010

Aterrizaje forzoso

La Dra M&M, mi compañera de rotación, llegó el lunes diciendo que le dolían hasta las pestañas después de pasar todo el fin de semana haciendo surf. Hoy entiendo cómo se sentía. Decir que me duelen hasta las pestañas es un eufemismo. Me duele hasta el alma. Pero no por algo tan glamuroso como hacer surf el fin de semana. Ni porque me haya proporcionado pa´l cuerpo una marathon de sexo. No. Ha sido porque ayer, al salir de guardia, me caí rodando por las escaleras mecánicas del metro. Sí. Dí hasta volteretas en plan la Nadia Comaneci aquella (o como se llamara). Gracias a Dios, como es Agosto y no hay ni Cristo, no hubo nadie que me viera hacer el ridículo (Aunque también, si hubiera sido Febrero, algún cuerpo gentil - y blandito - habría frenado mi caída. Hoy me dolería el amor propio, pero no parecería un sandwich mixto recién salido de la sandwichera). Después de dos o tres mortales, llegué abajo, envuelta en un confetti de apuntes, que volaban a mi alrededor. Estaba palpándome para ver si tenía todo en su sitio, cuando, de encima de mi cabeza, se oyó una voz de ultratumba, que dijo:
- Zeñorita, zeñorita...
¡Zas! - pensé - ¡Ya la he palmado! Me he desnucado por las escaleras y me está hablando Dios. Es verdad que me mosqueó un poco que Dios hablara con acento andaluz, pero, quién sabe, igual hay una confusión en las Sagradas Escrituras y, en vez de Belén, la cosa fue en Bailén.
- Zeñorita - siguió diciendo la voz - ¿está usté bien?
¡Pero qué Dios ni qué niño muerto! - me dijo entonces mi subconsciente , que, para estas cosas, es un poco cabrón - Deja de pensar en pajaritos preñados, bonita, que lo que estás oyendo es la megafonía del metro.
¡Cielos, Leoncio, qué horror! Mi aparatosa caída no sólo tenía testigos, sino que había sido filmada por las cámaras de seguridad. De ahí a Vídeos de primera, sólo hay un paso.
- Sí, sí, me encuentro bien - grité al aire, levantándome.
- ¿Quiere que la ayudemos? - siguió diciendo la voz.
- No, no, gracias - volví a decir al aire, mientras recogía mis apuntes y seguía mi camino, cojeando. Con el amor propio herido y más morados para el cuerpo que un cardenal.

votar

3/8/2010

Agosto ha venido, nadie sabe cómo ha sido

Ayer Madrid entero se fue de vacaciones. Por la mañana, no había nadie repartiendo periódicos a la entrada del metro. Y se veían sitios libres en cada vagón, donde día tras día se sientan las mismas personas a la misma hora. Había sitio para aparcar en la calle. Y el quiosquero ha cerrado sus puertas con un grueso candado hasta ver a Septiembre asomar la cara. En el hospital, ha disminuido el número de quirófanos y el personal que queda va más relajado de lo habitual (También el jefe se ha ido de vacaciones). Los que quedamos en este Madrid de Agosto disfrutamos de sitio en las terrazas para tapear y sitio en las piscinas para tomar el sol. Y del placer soterrado de saber que aún nos quedan vacaciones pendientes, que, cuando los demás vuelvan, morenos y descansados, nos toca a nosotros decir adiós. Y mientras, bajamos un poco el ritmo frenético del resto del año.
Que casi merece la pena no estar de vacaciones. Casi. Que...¿a quién quiero engañar? Me muero de envidia.


votar
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...