27/4/2010

Vademecum enfermeril

Dios es sabio. Y donde pone un mal médico, pone siempre un buen enfermero. Lo sé porque los enfermeros me han salvado el culo en muchas ocasiones. Soy una anestesioblasta amamantada por la medicina de familia y la urgencia. Eso quiere decir que, a lo largo de los años que llevo ejerciendo la medicina he trabajado con todo tipo de enfermeros (buenos, buenísimos, malos, malísimos), así que he decidido hacerme un vademecum:
- Enfermeros inotrópicos: Son aquellos capaces de revitalizar el lugar en el que están. Eficaces, sensatos, bombean sangre fresca por donde quiera que pasan.
- Enfermeros laxantes: Los ves llegar y te cagas por las patas.
- Enfermeros antiácidos: Suelen ser enfermeros antiguos. Son aquellos que manejan el cotarro de tal forma que te hacen tragar cualquier cosa sin que te siente mal.
- Enfermeros anticoagulantes: Si dependes de ellos, se te hace horchata la sangre.
- Enfermeros quimioterápicos: Necesarios, pero agotan, dan nauseas y te quedas sin pelo de tanto mesártelo.
- Enfermeros antibióticos: Son capaces de eliminar toda traza de infección del turno anterior, pero te lo cuentan: "Es que esta niña nueva, mira lo que ha hecho...Ha cargado 10 en 50, ¿a quién se le ocurre?" o "Por qué no le ha cogido un dieciocho en vez de un veinte, vaya mierda".
- Enfermeros broncodilatadores: uno no los ve, pero aportan oxígeno. Callados, serios, a lo suyo. Eficacia probada.
- Enfermeros rivotril: Tratan las convulsiones que no te darían de no estar ellos. Son enfermeros resabiados, que te corrigen constantemente (a veces, con razón, lo que jode aún más) y que machacan a sus compañeros.
- Enfermeros myolastan: Más vagos que la chaqueta de un guardia. Tienes que recordarles las cosas varias veces para que despierten de su letargo.
Y, por último, enfermeros anestésicos: Son aquellos que te permiten relajarte porque sabes que todo está en buenas manos y el equipo va a ser realmente un equipo.

Dedicado, con todo mi cariño y no poco de coña, a los enfermeros de Urgencias (que me sufrieron tantos años), a los de Quirófano, Recu y Paritorio, que no saben la que se les viene encima ahora que empieza mi andadura como R3...


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25/4/2010

Los amigos de las lagartijas (II)

Esta vez ha sido culpa mía. No ha sido mi primo. No han sido mis cuñadas, ni mi suegra. No ha sido mi santo. No. No tengo a nadie a quien echarle las culpas, porque fui yo. Fui yo la que compró el juguetito de marras. Al Terro y a Susanita se les antojó un tarro de plástico lleno de bichos. Y la mamá chocha se los compró. Y después me olvidé de ellos hasta anoche. Después de cenar, subieron a sus dormitorios mientras yo recogía los platos de la cena. ¡Qué extrañamente callados están! - pensé, al subir la escalera. Me esperaban en el baño, cepillo de dientes en mano, con cara de no haber roto un plato en su vida. ¿Qué estarán tramando estos?- pensé, al verles intercambiar una mirada cómplice. Los acosté y, después de darles un beso de buenas noches, me fui a dar una ducha para embutirme en el pijama. Abro la ducha y, en el suelo, me encuentro una rana de plástico. ¡Ah! Por eso se miraban. Sonrío. Después de ducharme, en el cajón donde guardo mi ropa interior, encuentro una tortuga de plástico. Pongo los ojos en blanco. ¿Cuántos bichos habrán escondido en mi habitación? Lo sabía y, sin embargo, no pude evitar el grito al levantar la almohada, para coger mi pijama y encontrarme una serpiente negra bajo ella.
Al otro lado del pasillo, mi grito fue coreado por carcajadas infantiles.



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23/4/2010

Para Adrián


Auden tiene un poema llamado "Blues fúnebre" que dice: "Parad vuestros relojes, descolgad el teléfono/ dadle al perro un buen hueso para evitar que ladre./ Que callen los pianos y, al ritmo del timbal amortiguado,/el féretro, sacad, y que vengan los que lloran/ Que avionetas de luto nos rodeen/ y escriban en el cielo que él ha muerto". Hoy Adrián ha enterrado a su padre. Y no hay palabra - ninguna palabra, ninguna frase - que yo pueda decir para consolarlo. El reloj no se ha parado. La vida sigue, pero sin él. Igual. Pero tan distinta. Abracé a mi amigo y hubiera querido, con ese abrazo, quitarle algo de su dolor. Cargármelo a cuestas. Aliviarle. Aliviar a su madre que "siente su vida tronchada", como el tallo de una flor. Pero me quedé allí sin conseguirlo - siempre se me ha dado mejor escribir que hablar - con su mano en mi mano. Con las palabras arañando apenas su tristeza insondable. Sintiendo que le he fallado. Que no he estado donde debería estar - los niños, las guardias, la misma rutina cotidiana. Y en las esquinas de mi corazón, me cruje el alma.

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21/4/2010

Historia detrás de una epidural


Ay - se quejó Alicia, tocándose por debajo del ombligo. Ahí estaba otra vez ese dolor. Llevaba unos meses con gases y gastritis. Seguro que de los empachos. Pero es que no lo podía evitar. Siempre había estado gordita, pero en los últimos meses - la ansiedad, el que Jose la dejara por otra, el no acabar de encajar del todo en el instituto - había engordado mucho. Tanto que tuvo que cambiar de talla. Y pedir, con vergüenza, a su madre que le comprase un par de vaqueros nuevos.
- Ay, Alicia, otra vez, hija - se había quejado su madre - ¿por qué no intentas hacer un poco de dieta? Estarías mucho más guapa.
Y Alicia asentía. Sí. Sí. El rostro oculto tras la cortina de cabello. Su única vanidad. Sabiendo que era inútil explicarle que no tenía voluntad. Que no podía. Que se despertaba todos los días queriéndose comer el mundo. Y al final, el mundo se la merendaba a ella.
- Ay - otra vez. Esta vez no era como las otras. El dolor la hizo pararse en medio de la calle. Despacio, dolorida, subió las escaleras de su casa.
- Mamá - llamó, débilmente - No me encuentro bien. Me duele la barriga. ¡AAAY!
- Uy, sí, Alicia, la verdad es que tienes mala cara. Vamos, anda, vamos a acercarnos a Urgencias, no vaya a ser que tengas una apendicitis.
Alicia cruzó la puerta de Urgencias a duras penas, parándose cada minuto. Doblada por un dolor insoportable. La pasaron enseguida a una camilla. Y una doctora con gafas empezó a explorarle la tripa. De pronto, la médico puso una cara rara.
_ Espera un minuto - le dijo. Salió y volvió con un aparato parecido a R2D2. Le puso algo de gel frío en la barriga y sonrió.
- Mira - le dio, volviendo hacia ellas la pantalla del aparato - Esta es la causa de tus dolores. Estás de parto, cariño.
Alicia sólo tuvo tiempo de oir el grito de asombro de su madre antes de echarse a llorar.

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19/4/2010

Premio blog genuino


Cuando una gana un premio en metálico (salvo la lotería, que se paga en diferido), debe pagar a Hacienda una cantidad X del total del premio. Así, si hubiera ganado el viaje a Nueva York del concurso "Un año en un post", hubiera tenido que pagar parte del viaje.
El otro día, Aprendiz me dio el premio Blog genuino. Y me sentí igual que si me hubiera ganado un premio en metálico. Feliz hasta el momento en que me dí cuenta de que el premio también llevaba aparejado un coste. Tenía que poner en un post una cita de mi cosecha y, conceder, a su vez, el premio a otros blogs según mi criterio. UF. Me partió en dos. Llevo varios días dándole vueltas al tema de la cita. O se me ocurren cosas del tipo flores, pájaros y mariposas irisadas (de las típicas power-point reenviables por email)  o cosas del tipo "Tiran más dos tetas que dos carretas". Y no me quedo a gusto ni con lo primero ni con lo segundo. Y luego, los blogs. Elegir unos pocos del montón de feeds que leo es como desvestir a un santo para vestir a otro. Y esto me ha tenido hablando sola durante casi diez días, hasta que he recordado este post que leí en el blog "Ahora la madre soy yo" sobre blogs de maternidad/paternidad y me he dicho: "Bueno, ese sí es un campo en el que puedo elegir". Leo pocos y escogidísimos blogs sobre ser madre/padre y sobrevivir en el intento. Por un lado, por falta de tiempo. Si añado un feed más a mi ya atestatada columna de la derecha, se me sale de la plantilla del blog. Y por otro, porque soy difícil de enganchar. O la persona que está al otro lado derrocha humor y pone toneladas de ganas al hecho de ser madre/padre imperfecto o me aburro como una ostra. Así que aquí está mi lista de blogs genuinos sobre maternidad/paternidad, cargados de humor, sensatez y grandes dosis de realidad:

¿Qué?¿Qué dices? ¡Ah, sí! La cita. Ya pensé que me libraba. Pues aquí queda:
"La maternidad es como el póker: hay que ser lista para prever las jugadas del adversario y, sobre todo, tener buena mano"

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17/4/2010

El mejor regalo que me han hecho



¿Cuál es el mejor regalo que me han hecho? Esa es la pregunta que lanza Maitasun en su blog a todos los que nos animemos a hacer un post para la ocasión. Cuando lo leí me dije ¿por qué no?: Y me apunté. Así que aquí estoy pensando en cuál es el mejor regalo que he tenido en mi vida. ¿Qué podría decir?
Mis hijos son un regalo. El amor de mi santo y de mi familia, también. Mis amigos, tanto tangibles como virtuales, son un regalo. El oir, ver, sentir, disfrutar de cada día de la vida es un regalo. Pero imagino que Maitasun se refiere a algo material y seguro que, leyendo esto, está torciendo el gesto y pensando: "La Jomeini ya se me está yendo por los cerros de Úbeda, para variar". Vale, vale, me centro. Algo material. A ver. Me viene a la mente un dibujo de Susanita:
- Mira, mami, esta eres tú.
En el folio, había pintada una muñecaja cabezona, con unas piernas kilométricas y dos pelos lineales a los lados de la cabeza. Remataba la boca un corazón de un intenso tono escarlata.
- Es preciosa, mi vida, gracias.
Porque ese regalo es mucho más que un dibujo. Es recibir el amor totalmente desinteresado de mi hija.
O un trozo de queso que me dejó el Terro el otro día en mi mesa del despacho, con el que consiguió convertir mis apuntes en un hormiguero en danza.
- Es que - me dijo, lloroso, mientras yo arreglaba el desaguisado - a tí te gusta mucho ese queso, así que te dejé un poquito del mío.
O una nota de mi santo que encontré en la almohada, después de una guardia terrible: "Me llevo a los niños al parque. Aprovecha para dormir. TQ".
Pero, tal vez, el mejor regalo que me hayan hecho nunca, me lo hicieron mis padres con 8 ó 9 años. Me regalaron un libro: mi primer libro. Era un tomo de cuentos de Hans Christian Andersen, que todavía acumula polvo en mi estantería. Mi madre me lo tendió y dijo:
- Te hemos comprado este libro, porque ya es hora de que tengas libros de verdad.
Hasta ese momento, mis lecturas se limitaban a cuentos infantiles y tebeos. Esto era totalmente distinto. El libro era gordo, con tapas duras y letra pequeña. Apenas tenía dibujos. Y olía a nuevo. Tardé semanas en leerlo, poco a poco, trabajosamente. Desde entonces hasta ahora, han pasado por mis manos miles y miles de libros. Por eso, tal vez, haya sido uno de los mejores regalos que me han hecho. Mis padres no me regalaron sólo un libro. Me regalaron el primero de muchos. Me regalaron la llave de la puerta de la literatura y, con ella, la posibilidad de escabullirme a otros mundos, otras vidas, otras mentes.

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15/4/2010

El hombre pulga

Les Luthiers tiene un gag maravilloso, como todo lo que hacen, que se llama "Consejos para padres". Es un gag sobre la crianza de los hijos, que es desternillante de principio a fin, pero que  tiene una parte que siempre consigue arrancarme una carcajada. La voz profunda de Marcos Mundstock dice:
- Mira, niní, si no te comés toda la sopa, llamo al hombre de la bolsa.
- Señooooora....¿y si el hombre de la bolsa tampoco quiere tomar la sopa?
He de reconocer que, generalmente, no tengo problemas para que mis enanos coman. De hecho, son algo así como un par de termitas. Susanita es un poco más tiquismiquis: separa el tomate crudo si se da cuenta de que forma parte de algún plato y no prueba la ensalada ni jarta de grifa. El Terro, no. El Terro es un niño atípico que se come lo que trinca por delante (necesita calorías para mantener el ritmo de vida al que nos tiene sometidos): berberechos, pepinillos, incluso caviar (nos regalaron una lata y, cuando nos dimos cuenta, se la había ventilado él solito). Desayuna pan con tomate y no le hace ascos a verduras, pescados y, en general, a nada. Pero, a veces, cuando están cansados , comen fatal y tengo que recurrir a técnicas como las de Les Luthiers:
- Terro, si no te comes el potaje, te vas a quedar tan pequeño que te van a llamar el hombre-pulga.
- Jajajajaja - le chincha su hermana - Eres el hombre pulga, eres el hombre pulga.
- Qué no - rezonga él, enfurruñado.
- Pues si no quieres ser un hombre-pulga, abre la boca.
Y él, aterrado ante la posibilidad de una metamorfosis tipo Kafka, abre la boca y, cucharada a cucharada, se termina el potaje. Pero me parece que voy a tener que cambiar de chantaje. El otro día iba con él por la calle y nos cruzamos con un señor acondroplásico. El Terro se le queda mirando con ese descaro franco que tienen los niños y, al segundo, su voz de pito se deja oir en toda la calle:
- Mira, mamá, ese señor no se comió todo el potaje.



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14/4/2010

El rey del quirófano



El Dr Camelator es el rey del quirófano. Es R1, sí, lo sé, pero es el puto amo. Abre la boca, le sale algo así como: "Che, ¿viniste? ¿Es que te creés que soy boludo?" y las féminas de 100 metros a la redonda se derriten igual que un Calippo a 40º a la sombra (y que conste que una es inmune a su caída de ojos y al hoyuelo de la mejilla. Que para una el summun de los summun es su santo, con magdalenita de chocolate incluída. Una es inmune, pero no ciega). El otro día, mi paciente,(68 años, tan gorda que se caía de la camilla por los dos lados, con un bigotillo de lo más sensual) se lo quedó mirando mientras yo hablaba con ella y él con otra.
- ¿No puede dormirme ese?
- Pues no. Se siente. Se tendrá que aguantar conmigo.
- Qué se le va a hacer - me respondió ella, suspirando.
A eso hay que añadir que es uno de esos raros afortunados que cae bien tanto a hombres como a mujeres. Y todos sabemos lo difícil que es que hombres y mujeres se pongan de acuerdo en algo:
- No sé qué le verán a Rosita, que es más sosa que un día sin sal.
- Joder, que tiene dos buenas razones
- Pues no sé que tiene ella que no tenga yo.
- No, si es lo que tienes tú que no tiene ella: años...ejem...cariño.
Y como anestesioblasto apunta maneras.
Lo que yo digo: el rey del quirófano.

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13/4/2010

Errores de cálculo


Un blog se parece a una autobiografía en una cosa: en que lo único que conoces verdaderamente bien del autor es la nula conciencia que tiene de sus defectos. Yo he intentado que eso no ocurra en este blog poniéndome de un bonito subido. He confesado que soy mala madre (aunque, leyendo a otras madres, me he dado cuenta de que el término correcto sería madre imperfecta), pésima conductora, blogoadicta y cavernícola digital. Pero, por ahora, no he tocado el tema de mi profesión. Por orgullo. Por vergüenza. No sé por qué. Y es que, como buena anestesioblasto, he metido la pata en numerosas ocasiones. Me he olvidado mil veces de conectar el respirador después de intubar, hasta que oigo el "ejem, ejem" del adjunto de turno. He hecho punciones durales (no muchas, gracias a Dios, pero las he hecho) y me han comido los remordimientos al ver a mis pacientes con cefalea al día siguiente. He pinchado arteria carótida cuando debería haber pinchado yugular interna. Y he roto venas periféricas a mansalva. El otro día, en mi guardia, la Dra Vibropower, energía pura en frasco pequeño, me cogió bajo su ala y estuvo ayudándome en Rea con un paciente complicado. Y mientras ella manejaba volúmenes respiratorios e iones arriba y abajo, yo iba sintiéndome cada vez más y más pequeña (a pesar de que mido 1.76 y ella debe andar con el 1.55).
No sé si es una crisis porque dentro de un mes soy R mayor o qué, pero, de vez en cuando, me entran los siete males, la sensación de que no voy a ser capaz, el miedo a meter la pata irremediablemente. Y me siento un poco como el mago aficionado. De cara a la galería hace bien su truco. Entre bambalinas, sabe que sólo es un farsante y que le queda mucho, mucho, pero mucho por aprender de magia para ser bueno en lo suyo.



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11/4/2010

Madrid-Barça


Está claro: los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Y somos distintos, le guste a quien le guste. Si no, no hay más que juntar en una habitación a varios hombres y varias mujeres ante un partido Madrid-Barça y observar los resultados. Como ayer…

- Al Piqué se las están colando por todos lados, joder
- Yo sí que le colaba al Piqué algo, que está como un queso.
- Cristiano no está haciendo ni el huevo
- Pero, mira, cuando corre, se le mueve todo, qué fuerte.
- Como al Buitre – que el pobre ha pasado a la historia, no por los miles de partidos que jugó, sino porque una vez se le salió la gloria nacional del pantalón.
- Es que Cristiano, si le quitas la cabeza de quinqui total, tiene un cuerpazo.
- Todos tienen un cuerpazo, guapa, que para eso les pagan las millonadas que les pagan.
- Hum, qué buena te ha salido la tarta, macho.
- ¿Me das la receta?
- Pues coges un paquete de galletas…
- Corre,corre,corre, joder, ya la ha pifiado otra vez.
- Las machacas y las unes con mantequilla hasta hacer una pasta…
- Mejor luego me la escribes, que me voy a olvidar.
- Anda, tráete unas birras y a ver si os calláis, que esto de ver el fútbol con mujeres no hay forma…
- Pero si lo estamos viendo.
- Ya
- Es que las mujeres tenemos la capacidad de atender a dos cosas a la vez.
- Le ha sacado amarilla, que se calle, que se calle, que le saca la roja…
- Mierda, otro gol, que cuerada que nos están metiendo…
- Me voy a llevar la porra…
- Manda cojones que la porra se la lleve una tía.
- Es que hay que pensar con la cabeza
- Con la de arriba
- Mira que eres cerdo

Y así. Que total. La porra me la he llevado yo, sin saber ni papa de fútbol.
Al salir, mi santo, que caminaba pensativo, con las manos en los bolsillos, dice, de repente:
- La verdad es que es totalmente distinto ver el fútbol sólo los tios a verlo con mujeres. Así es más relajado. Nosotros nos lo tomamos demasiado a pecho.

Es lo que tiene el cromosoma Y.

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6/4/2010

¡Sorpresa!


Ya lo dice la canción: "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida". Unas veces, desagradables. Y otras, todo lo contrario. Como la de esta mañana. Intentaba espabilarme tras una noche cesareando y epiduralizando (Parezco Superratón. Sobre todo en lo de "no se vayan todavía que aún hay más"), para seguir con algo de cabeza el cambio de guardia, cuando he visto que había un paquete en la mesa. Frotándome las legañas, le he dado la vuelta para ver de quién era (Sí, qué pasa, he tenido un impulso cotilla. No soy perfecta) y, de pronto, he visto mi nombre escrito: "Dra Jomeini, residente de Anestesiología, bla, bla, bla". Anda, qué cosas, si es para mí. He abierto el paquete, medio atendiendo a los sodios y los potasios de la paciente de la cama 1 que iba contando la Dra Hablorápido¿vale?,  mi medio dormida compañera de guardia. Y me ha caído en el regazo un libro de cocina con muy buena pinta. "Se coge una cebolla..."- he leído - "Manual básico de cocina con productos de temporada. Ramón Barceló" ¿Ramón Barceló?. De repente, me he espabilado del todo. He abierto el libro y, allí, en la contraportada, estaba Ramón, sonriendo y al lado, su dedicatoria: "Para Ana (Dra J)" -lo de Dra J me ha flipado - "De un fan del mundo virtual, un divertimento. Con cariño. Ramón".
- ¡AH! - he exclamado - ¡Esto es la leche!´- La Dra Hablorápido¿vale? que estaba en medio de las complicaciones de coagulación del paciente de la cama 4 se ha callado de golpe. Y, de pronto, me he dado cuenta de que todo el mundo me miraba - Lo siento, seguid, perdón - murmuré, poniéndome como un tomate. La Dra Hablorápido¿vale? volvió a coger carrerilla y yo me hundí en mi asiento y abrí el libro. En un minuto, el hospital, la mala noche, las complicadas vidas y muertes de los pacientes de la Rea se difuminaron y me dejé absorber por las palabras de Ramón y por la belleza cotidiana de sus platos. Escribe igual que cocina, sazonando de azúcar y de sal su relato.
- ¿Qué lees? - me preguntó el Rey Sol, a mi lado, que es, como yo, un lector compulsivo.
- Mira - le tendí el libro.
- Vaya, te vas a hacer famosa - dice, sonriendo al leer la dedicatoria. Y , luego, va pasando las páginas y se queda a ratos en alguna - Oye, esto está muy bien.
- Sí, ¿verdad?
He llegado a casa como una niña con zapatos nuevos, con mi libro - el libro de Ramón - bajo el brazo.
- Mira, mira lo que me han regalado - le enseño a mi santo.
Y mi santo coge el libro, lo abre, se sienta en el sofá y pierde contacto con el mundo real.
Un rato más tarde, he ido a buscar el libro. Pero por más que rebusco no lo encuentro, hasta que veo que mi santo lo ha colocado en su mesilla de noche, para darle un repaso más tarde.
Me temo que Ramón nos ha regalado un bien ganancial.

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4/4/2010

La última cena


Hoy voy a hablar de algo que la mayoría de las mujeres hacemos mal. A trancas y barrancas. Algo que deja al otro con una sonrisa congelada en la boca y cara de :"¡Ah!¿y ya está?". Me refiero a contar chistes. Y el que estuviera pensando otra cosa, que se lo mire, que está fatal de lo suyo. Hace un porrón de años, el primer Neanderthal medianamente inteligente inventó el lenguaje para comunicarnos. Luego, los Neanderthales emigraron, como buenos alemanes, huyendo del frío del valle de Neander,  a Andalucía. Y , una vez allí, inventaron los chistes para esos momentos en los que no tenemos nada que decirnos, como, por ejemplo, las cenas de empresa. ¿Os habéis dado cuenta de que, cuando no tenemos nada en común con el resto de los comensales (o lo que tenemos en común es mortalmente aburrido) siempre termina todo el mundo contando chistes? De hecho, estoy segura de que si copiara y pegara un chiste a cada uno de mis posts, aumentaría el número de seguidores y convertiría este blog en un blog de culto. No sé si aprovechar antes de que la SGAE se dé cuenta de que también puede pedir derechos de autor a los chistes. Aunque...¿alguien sabe quién es el autor de cada chiste?Si alguien encuentra al que se inventó los que cuenta Arguiñano, que lo mate de mi parte.
Y es que, en los chistes, como en el cine y en la literatura, hay grandes clásicos. Por ejemplo: el chiste de Mistetas:
Había una señora que tenía un perro llamado Mistetas. Un día, el perro se escapó y la señora salió a la calle y le preguntó al primer tipo que pasaba:
- ¿Ha visto a Mistetas?
- No, pero me gustaría verlas
Señooooooor. Entiendo que la doña en cuestión era algo así como una Belén Esteban de los setenta. A ver, cómo puedo provocar y que se hable de mí un rato...¡Ah, sí! Voy a llamar al perro Mistetas. Pero el salidorro de marras, por Dios: "No, pero me gustaría verlas...babababababa"
Segundo clásico entre los clásicos: los chistes del inglés, el francés y el español. Que luego dicen que son los franceses, los chovinistas. Sólo nosotros podemos creer que el españolito y olé era el mejor en todo. (Bueno, nosotros y Zapatero, que todavía sigue creyendo en los cuentos de hadas).
Y tercer clásico entre los clásicos: los chistes de Jaimito. ¿Quién coño es Jaimito?¿Alguien lo sabe? Lo único que sabemos de él, es que su padre se debe llamar Jaime, porque cincuenta años más tarde, él sigue siendo Jaimito.
Iba Jaimito con su abuela y vio un papel en el suelo y lo cogió.
- Jaimito, las cosas del suelo no se cogen.
- Vaaale - dio Jaimito, tirando el papel.
En esto, tropezó la abuela y se cayó cuan larga era.
- Jaimito, ayúdame a levantarme- le dijo la anciana.
- Ay, no, abuela, las cosas del suelo no se cogen.
Esperad, esperad un minuto que de tanto reírme se me ha desencajado la mandíbula. Ya. Os preguntareis, con razón, a qué viene toda esta incontinencia verbal acerca de los chistes. Y qué tiene que ver con el título de este post. Viene a que mi madre, con ese buen hacer que tienen las abuelas, le ha regalado a Susanita un libro de chistes. Y la enana ,que ahora lee, se los estudia y nos bombardea.
- ¿Qué le dice un pez a otro pez? - nos dispara a bocajarro, la otra noche, mientras cenábamos con el Dr Vikingo y la Dra ConejitaPlayboy - ¿Qué hace tu padre? Nada. Jajajajajajajajaja - ella y el Terro se revuelcan de la risa mientras tú sonríes y tus amigos dicen ¡Qué mona!
- Entran un elefante y un ratón en el ascensor y el elefante le dice al ratón: "¿Qué piso?". Y el ratón contesta: "La colita". Jajajajajajajaja - las carcajadas del Terro, que no entiende el chiste pero se la trae al pairo, suenan en todo el restaurante.
Total, que al chiste número cincuenta, estoy segura de que el Dr Vikingo y la Dra ConejitaPlayboy no van a querer cenar con nosotros nunca más en lo que les queda de vida. Y que ésta es, a esos efectos,  la última cena.
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