31/3/2010

El color de la isla


Me voy. A desconectar de todo y de todos durante unos días. A ver el color de la isla en el fondo del mar. A levantarme todo lo tarde que mis enanos me dejen. A leer en una tumbona mientras la brisa me peina. A compartir un vino blanco y un arroz negro ( los colores están en todo) con amigos, mientras dejamos que la tarde vaya comiéndose a la noche, sin prisa, lentamente. Voy a empaparme de los colores de mi isla: azul, blanco, verde, dorado y naranja.   

La foto es "The colour of the island 3" de la galería Flickr de Hisae Jeró

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29/3/2010

Complicaciones de la anestesia epidural


El otro día, MadreYMás me pidió un post sobre las complicaciones de la epidural. Es verdad que, aunque ya he hablado de la epidural aquí y aquí, he pasado un poco por encima de las complicaciones, salvo la punción dural, que es la más frecuente. Y, aunque mi intención no es asustar a nadie (todas las técnicas tienen complicaciones y la epidural es una técnica muy segura), los deseos de mis seguidores son ordenes para mí. Así que aquí está el post.
Dentro de las complicaciones leves y frecuentes están:

Efectos cardiovasculares: la administración del anestésico que se pone por el catéter epidural puede producir una bajada de la tensión arterial, con alteraciones del ritmo del corazón. Esos efectos dependen del nivel que alcanza el anestésico, así como de lo bien hidratada que esté la paciente. Es por eso por lo que, para evitar complicaciones, se pasan muchos sueros al ingresar en paritorio. Y es por eso por lo que el anestesiólogo mide el "nivel" al que está el anestésico con hielo al terminar de poner la dosis bolo. ¿Qué pasa si el nivel es muy alto y nos da lo que comúnmente se conoce como "lipotimia"? Pues se abre el suero rápido para elevar la tensión arterial, se pone a la paciente sentada (La epidural funciona como si fuera un tubo lleno de líquido. Si nos sentamos, por efecto de la gravedad, el líquido se va para abajo) y se le inyecta un fármaco llamado efedrina para subir la tensión arterial. Si el nivel llega al cuello (o sea, si nos pasamos de dosis, puede que la paciente deje de respirar. Se ventila, hasta que pasa y santas pascuas.)
Efectos gastrointestinales: Pueden aparecer nauseas y vómitos hasta en el 20% de los pacientes, producidos por un aumento del movimiento del intestino producido por la epidural. También existen fármacos para tratarlos.
Efectos de alteración de la temperatura: El paso de anestésico al espacio epidural produce dilatación de los vasos sanguíneos pequeñitos de las piernas. Eso produce un descenso de la temperatura del cuerpo, que está potenciado por el paso frío de soluciones anestésicas a estructuras muy sensibles al frío. Son típicos los escalofríos en esta fase.
Bloqueo incompleto: Es cuando nos dicen: "la epidural me cogió sólo la mitad". Puede ser debido a que se ha movido el catéter, a la existencia de gotitas de aire producidas por la inyección durante la realización de la técnica o a que no está bien puesta la epidural. Generalmente, se retira un poco el catéter y se da un "chute" de anestésico. Si eso no es suficiente, generalmente hay que volver a pinchar.

Complicaciones algo más graves y también frecuentes son:

Punción dural: Se produce en el 1% de todas las epidurales. Ya hablé de ella en uno de los post. Consiste, básicamente, en que nos pasamos del espacio milimétrico al que tenemos que llegar. No tiene importancia desde el punto de vista de secuelas a largo plazo, pero la paciente puede pasarse con un dolor de cabeza insoportable cinco o seis días. Es un dolor de cabeza típico, que aumenta al levantarse (lo que las obliga a permanecer acostadas), con nauseas, vómitos y molestias con la luz. Yo he tenido dos casos de punción dural de las más de 600 epidurales que he puesto. En ambos casos, la paciente hizo un movimiento brusco con una contracción que me movió la aguja, así que, para evitar esta complicación es importante NO MOVERSE mientras se realiza la técnica. El tratamiento se hace a base de analgésicos, bebidas con mucha cafeína y reposo. Si esto no es suficiente, puede realizarse un parche hemático, que consiste en inyectar de forma estéril un poco (20 mlit) de la misma sangre de la paciente en el espacio epidural, que coagula el desgarro. Los resultados son espectaculares.
Inyección espinal: Con la aguja de la epidural, debemos atravesar una serie de tejidos: la piel, la grasa, el ligamento supraespinoso, el ligamento interespinoso, el ligamento amarillo, cuyo tacto es fundamental y, por último, llegamos al espacio epidural. Debajo de ese espacio está la cobertura de la médula espinal, que es la duramadre, que es la que pinchamos al hacer una punción dural. Si no nos damos cuenta de que hemos entrado ahí e inyectamos anestésico en esta zona, podemos producir una anestesia total. Es por eso que, antes de poner la dosis bolo, nos aseguramos con una pequeña cantidad de anestésico local, que es la dosis test. Si se diese el caso, raro pero puede darse de que se inyecte una cantidad grande de anestésico en el espacio espinal, se debe dormir completamente a la paciente hasta que pase el efecto.
Inyección intravascular: La dosis test también nos sirve para saber que no estamos en un vaso sanguíneo. Si pasa anestésico a la sangre, podemos sufrir una intoxicación porque las cantidades que se manejan para "adormecer" la zona epidural son peligrosas si pasasen directamente a la sangre. Al poner la dosis test, si estamos dentro de un vaso sanguíneo, la tensión arterial se eleva un 20%. En este caso, habría que pinchar de nuevo un poco por encima.

Complicaciones muy graves, pero muy, muy poco frecuentes:

Lesiones neurológicas: Se han descrito en un 0.001% de los casos. La epidural se realiza con el paciente despierto precisamente para evitarlas. Si notas un dolor importante a la hora de añadir el anestésico, puede ser que estemos dañando un nervio. No son daños nerviosos el notar un calambre en una de las piernas al insertar el catéter. Sólo significa que estamos entrando de lado en el espacio epidural. Otra causa de lesión neurológicaepidurales (1/150.000). Se asocian siempre a un defecto de la coagulación previo. Por eso, se pide una analítica con coagulación a la paciente y se espera hasta  que llega la analítica para pincharla, porque más vale prevenir que curar. El hematoma epidural da dolor importante en la columna y debilidad de miembros inferiores y debe diagnosticarse mediante TAC o resonancia magnética. Y operarse en 6-8 horas máximo.
Neumoencéfalo: Presencia de aire en el cerebro. Era más frecuente antes cuando se pinchaba con aire en la jeringa. Ahora, para evitar esta complicación, se pincha con suero y su incidencia ha disminuido hasta ser una exoticidad. El tratamiento, no obstante, es similar al de la punción dural.
Infección del punto de punción: Extremadamente rara (1/10000 epidurales) por todas las medidas de higiene que se toman.
Ruptura del catéter en el espacio epidural: Es muy, muy, muy raro y obliga a tratamiento quirúrgico para quitarlo. Es tan raro porque la técnica está diseñada para que no pase.

Bueno, pues eso es todo. Espero no haberlas dejado con esta cara. Piensen que las anestesiólogas, todas y cada una de ellas, se ponen la epidural, así que por algo será.

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27/3/2010

Oda al chándal


Tengo un amigo, cirujano plástico, que, como buen cirujano plástico es un poco pijo (lo cual no quita que sea un encanto. Lo cortés no quita lo valiente) que se unió hace unos meses a un grupo de facebook llamado "Por un mundo libre de chándal", cuya filosofía es dejar el chándal para el gimnasio. Lo peor no es que él se haya apuntado a esa idea matadora, sino que el grupo tiene 7499 miembros, entre los cuales hay muchas caras conocidas.
Por otro lado, mi prima que, como buena prima, es un poco pija (lo cual no quita que sea un encanto. Lo cortés no quita lo valiente), el otro día, hablando de las "madres" en general, decía que no entendía cómo salían a la compra en chándal, cuando antes iban arregladitas. Evidentemente, no es madre, porque si no, lo entendería, pero esa es otra cuestión.
Estos dos hechos han provocado que me vea aquejada de una profunda ruptura de esquemas. ¿Por qué? Dios mío, ¿por qué? ¿Qué os ha hecho el chándal pobrecito mío? Así que me he decidido a escribir esta oda al chándal para ensalzar esa prenda que tanto bien ha hecho a nuestro fondo de armario.
Y es que ninguna otra resuelve tan rápidamente las situaciones estresantes.
7.00 AM. Tienes que vestirte a toda leche porque te toca vestir a 2 ó a 3 ó a 4 enanos berreantes (berrean porque quieren seguir durmiendo. Tú también. No berreas porque no tienes tiempo ni de respirar, cuánto menos de berrear) y embutirles un desayuno sano y equilibrado para que la pediatra no te mate en la siguiente revisión, con cereales, leche y fruta, todo ello en media hora. ¿Tienes tiempo de faldita, medias, tacones (sobre todo, tacones), maquillaje, secador...? ¡Qué va! Chándal y arreando. Cuando los dejes en el cole, ya te vestirás con calma.
12.00 del mediodía tras noche de farra. Te levantas arrastrando la pernera del pijama, deseando matar al amigo (ya enemigo) que te convenció para tomarte el último gin-tonic, que, en realidad, fueron tres. ¿Tienes ganas de arreglarte toda mona para bajar a comprar algo comestible o te calzas el chándal y ande yo caliente, ríase la gente?
Reivindico desde aquí, aunque nadie me haga ni puto caso, los derechos del chándal, que también tiene su corazoncito.
Además, combinado con medias color carne, tacones, un top de rayas, un bolso grande y unos pendientes del tamaño de mi palma, tiene hasta glamour.

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25/3/2010

Informática para torpes


Que vaya por delante que me considero una cavernícola digital, aunque en estos casi dos años de bloguera haya aprendido un huevo y parte del otro de htlm, css y demás mandangas. De hecho, mi santo, cuando le llamo porque algo no me sale, pone los brazos en jarras, como hacen los maridos cuando piensan que su mujer es algo inferior a un trilobite en la escala evolutiva, y dice: "A ver. A ver qué es lo que te has cargado ahora". Tiene una confianza plena en mis facultades informáticas, como podéis comprobar.
Pero si yo soy una trilobite, mi madre es una ameba y Glorita es algo así como una idea germinando en la cabeza de Dios entre el tercer y cuarto día de la creación.
Me explico: Jane, cada vez que cuelga un post, me llama para que le haga los enlaces.
- Mira, mamá, si es muy fácil. Lo único que tienes que hacer es...
Ella me mira, con cara de haber apretado el off (o, como ella misma dice, con cara de latín) y por un oído le entra y por el otro le sale.
- Que sí, hija, que sí.
Y al post siguiente vuelve a pedírmelo.
Ayer me llamó 4 veces porque no se veía la barra lateral de mi blog en su ordenador.
- En el mío sí se ve - le digo.
- Pues, hija, a ver qué haces.
¿A ver qué hago? Bañar a los enanos, mientras procuro que la cena no se queme. Y rezo porque mi santo vuelva pronto de la consulta y me eche un cable.
- ¿Qué hago de qué?
- Para arreglarlo. A ver qué haces.
- ¿Rezar?
Lo de Glorita es peor. El domingo por la noche me llama. Por supuesto, en hora de marathón de baños y cenas, que es la hora preferida de todo Cristo para coger el teléfono.
- Ah, hola, Jomeini. Que es que se me ha roto el móvil por si tenía que decirme algo.
- No, no. Nos vemos mañana.
- Me he comprado uno nuevo, de esos antiguos, que son más grandes y con teclas. Pero no lo entiendo mucho. A ver si mañana me explica.
¡Diossss! A buen palo se fue a arrimar. Con los aparatos, en general, yo practico el método ensayo-error. No funciona, pues no será así. Intentemos otra cosa. Leer las instrucciones...Uf. Exige demasiado esfuerzo. Sobre todo, si vienen en otro idioma.
Pero, al día siguiente, al ver el móvil "de los antiguos, grande" se me cayó el alma a los pies. Glorita se ha comprado una blackberry. Dios me coja confesada.

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23/3/2010

Día del agua


Ya he dicho alguna vez que Susanita vive en los mundos de Yupi. Con la cabeza en las nubes, constantemente. No es que me sorprenda. Siempre ha sido así. Cuando era una bebita, en la guardería, mientras el resto de los niños se peleaban a muerte por un cubo de colores, ella se dedicaba a recoger hojitas y flores del suelo y a hacerse coronas de flores. No, no me sorprende, pero, a veces, es una lata porque no se entera de la misa la mitad y te cuenta los grillos que pesca. Además, este año, el cole ha decidido que ya son mayores y no envía circulares a partir de los 6 años. Resultado: no me entero de nada. Como anteayer:
- Mamá- me dice, al ver que preparo la ropa del día siguiente- me tienes que poner en la mochila la toalla, el bañador y la crema, porque mañana es el día del agua.
- ¿Y quién lo dice? – le pregunto.
- Había un cartel muy grande en la entrada del colegio que ponía dos-dos-cero-tres-uno-cero día del agua.
La recogieron mis padres y por otra entrada, así que no puedo comprobarlo.
- Terro – llamo. Porque el otro, al contrario que su hermana, es una portera y no hay cosa que se le escape. Hasta los amores y desamores de su seño me cuenta - ¿Te han dicho algo del día del agua?
- Es mañana.
¡ZAS! Y yo sin saberlo. Me parece raro que al Terro no le hayan puesto papelito en la mochila. Y aún más raro el hecho de que se organice un día del agua en Marzo. Es verdad que hemos tenido unos días de calor, pero los días del agua consisten en juegos con pistolas de agua y guerra de cañones de espuma y suelen ser en verano. No ahora, apenas empezando la primavera, que todavía sopla una brisita jodelona.
Así que, como ya sé de qué pie cojea Susanita, decido preparar la toalla y el bañador en bolsa aparte. Llego al colegio y pregunto al resto de las madres/padres que están por fuera. Nadie sabe nada. Dejo las bolsas de toalla etc en el coche y cuando abren la puerta del colegio veo, efectivamente, un cartel que pone : “22 -03-2010 Día de ahorro mundial de agua”.

Si es que tiene a quien salir...

 

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21/3/2010

Dragones y mazmorras

Un equipo de guardia de Anestesiología se parece estrepitosamente al grupo de Dragones y Mazmorras. Me explico:
- Hay un bárbaro, que es el R pequeño, que va dándose de bruces con todo porque aún no controla, pero que tiene potencial. Es como un diamante en bruto. Sólo hay que pulirlo.
- Un acróbata, que es el R mayor, que hace carambolas para coordinar reanimación, quirófano y paritorio y, además, echar un ojo al pequeño.
- Un mago, que es el adjunto de General, que, a veces, tiene que sacarse de la chistera trucos para mantener dos quirófanos abiertos a la vez y no morir en el intento. Aunque, en ocasiones, en vez de mago hay una maga (con capa invisible incluída).
- Un caballero, que se ocupa del paritorio y de las señoras, como no podía ser de otra forma, calmando el dolor y la ansiedad con buenos modales y un poco de magia aprendida de sus maestros.
- Hay un amo del calabozo, que es el adjunto de Reanimación, señor de las llaves del reino y, lo que es aún más importante, de las camas libres.
- Y, de vez en cuando, un arquero, un rotante, que completa el grupo mientras pasa como una flecha luminosa.
Sería políticamente incorrecto decir quién es Venger. Y yo, como me han dicho últimamente hasta la saciedad, soy muy políticamente correcta.

Para mis cinco R4 (última promoción de cinco), que son unos artistas en caminar por el hilo, realizando acrobacias.


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19/3/2010

Feliz día del padre



Feliz día a esos chicos que nos ayudan a sobrevivir. A los que hacen croquetas, cocido, arroces y barbacoas. A los que han aprendido a hacer coletas. A los que ordenan calcetines como si leyesen estadística, pero lo hacen. A los que corren al lado de la bici de nuestros hijos preparados para no dejarles caer, ni esta vez, ni nunca. Y son compañeros de casa, de cama, de baile, de penas y alegrías.
Feliz día a esos chicos que nos complementan como si fuesemos las dos mitades de un todo. Y saben de esas cosas que nosotras ignoramos (y no tenemos el menor interés por aprender), como las matrículas de nuestros coches o cambiar una rueda. A esos que nos dan un beso en la mejilla y nos dicen lo preciosas que somos cuando estamos en chandal y zapatillas.
Porque sin ellos, ¿qué sería de nosotras?
Feliz día del padre, santo mío. Feliz día del padre, papá.


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15/3/2010

Murphy, madres y termodinámica


Como diría la segunda ley de la termodinámica, “ningún proceso cíclico es tal que el sistema en el que ocurre y su entorno puedan volver a la vez al mismo estado del que partieron”. No sé quién fue la mente preclara que enunció este corolario, pero seguro que era mujer y madre de niños de 4 años. ¿Por qué? Porque no hay ningún ejemplo de proceso cíclico más acorde con la segunda ley de la termodinámica que la maternidad. Está claro que, una vez eres madre, ni el sistema en el que ocurre ni su entorno pueden volver al mismo estado del que partieron (Y si no, que se lo pregunten a los vendedores de cremas antiestrías).
La segunda ley de la termodinámica se complementa en lo referente a la maternidad con las siguientes máximas, enunciadas por Murphy (otra mente preclara donde las haya):
- Si necesitas dormir porque al día siguiente tienes algo importante, tu hijo te despertará matemáticamente cada 2 horas porque quiere que le arropes.
- En una comida en un restaurante fino, se portará como el niño del exorcista, corriendo, saltando y colgándose de las lámparas, pero en cuanto llegues a un cumpleaños infantil, no se separará de tus piernas.
- Si quieres que llegue limpio a algún sitio, se derramará encima el Actimel, se vomitará o se hará pis.
- En el supuesto anterior, la dificultad de sacar la mancha y el diámetro de la misma serán directamente proporcionales al precio de la camisa/pantalón que le hayas puesto.
- Cada vez que te hayas quejado a tu suegra de que el niño últimamente no come bien, devorará a dos carrillos todo lo que ella haya preparado.
- Si te has pasado tres horas ordenando, él/ella tardará 10 minutos en volver al estado inicial (única excepción a la ley de la termodinámica anterior)
- Siempre que salgas de casa con prisa, tu hijo querrá hacer caca. Y siempre esperará a llegar a la calle para pedirlo.
Y, a pesar de todo, no querríamos volver a la situación inicial por nada del mundo. Si es que somos masocas…

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14/3/2010

No voy a hablar

Esta vez no voy a hacer una crónica del Curso de Medicina Perioperatoria. No voy a hablar de la frikicena con los inigualables integrantes de la Mañosfera, con quienes me sentí como en casa.

Ni del encantador torbellino rubio que es Esperanza Mata, una de las adjuntas del Hospital de La Princesa y organizadora del curso (que me va a matar literalmente por colgar estas fotos)

No voy a hablar de la cena del primer día de curso con todos los popes de la Anestesiología, cuando Fernando Ramasco me pidió que dijera unas palabras y yo me quedé muda. ¿Qué voy a decirles yo, pobre e insignificante Jomeini, a Stefan de Hert, a Marc Licker, a Antonio Planas o al mismo genio exuberante de Fernando?

Ni tampoco voy a hablar de la brillantez de los ponentes (Belda, el genial Greif, Stefan de Hert...) que mantuvieron atento a su auditorio al pie del cañón, de sol a sol.

Ni de la maravillosa gente que compone el servicio de Anestesiología del Hospital de La Princesa (Fernando, Esperanza, Antonio, Carlos, Blanca, Quique, Lupe, Marian, Consuelo, Ana, Esther, Meritxell, Diana, Carmen, Adela, Figueroa...)
Y no voy a hacerlo porque...después de todo, una imagen vale más que mil palabras.



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9/3/2010

Curso de Medicina Perioperatoria


La última vez me hicieron una entrevista los del País, pero está visto que, con esto de la crisis, ya no da el presupuesto para entrevistas, así que lo más que he conseguido es esta pequeña nota de prensa: "Aviso a Jomeinistas, este blog estará en standby hasta el domingo porque su dueña se va al Curso de Medicina Perioperatoria que organiza el Hospital de La Princesa, en Madrid. Hasta entonces."

8/3/2010

Comer en comedor


Francia. Paris. Rue du poulet frit. Escuela Royal de la haute cuisine. Monsieur Ripollo, el gran chef, divide a sus alumnos:
- Henriette, para la patisserie.
- Ferrán, para el laboratoire.
- Pacopaco, tú - lo mira con asco - a los comedores comunitarios.
Pacopaco estaba hasta las narices, hasta el moño y hasta los cojones de los comedores comunitarios. Tooodos los días, Monsieur enviaba a Ferrán al laboratoire y a él a los comunitarios. Estaba harto. Tan harto, que la rabia bullendo en su interior hizo que germinase la idea de una venganza exquisita. Crearía un estilo propio, un estilo del que todos hablasen, aunque fuese mal: la comida de los comedores comunitarios. Ese fue el origen de la comida de los hospitales, de los colegios, de las facultades...Una cocina que fue arropada por miles y miles de cocineros posteriores que sufrieron mobbing laboral y decidieron vengarse en nuestras carnes (literal y metafóricamente).
Dentro de esta cocina, hay platos estrella (o como diría mi R1: el Dr Camelator, argentinísimo él, "estrecha"):
- El filete-espía: duro, frío y con nervios de acero.
- El panaché de verduras: que consiste en ponerle un nombre bonito a la verdura hervida sin gracia.
- La tortilla-ladrillo de huevina: que mezclada con los jugos gástricos produce un engrudo cuyo sabor sigue acompañándote hasta el día siguiente.
- La albóndiga-bala: duras como piedras. Arma mortal donde las haya.
- Y, por último, la "estrecha" de nuestro hospital, plato cumbre de la fructífera imaginación de Pacopaco: la piña-hamburguesa, cuya foto ilustra estas líneas y que ilumina mis guardias con su amarillo resplandor.

Para la Dra del Bigotillo Rubio, plasticoblasta y autora material de la impresionante foto de la piña-hamburguesa, para darle las gracias por consolarme en las guardias con osos de gominola, aunque vayan metidos en botes de muestras de orina.



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6/3/2010

Cuando sea mayor, quiero ser...






El Terro quiere ser cocinero. O eso dice. Cada vez que me ve acercarme a la cocina, va corriendo, se calza el delantal, arrima una silla al poyo y pregunta, sonriente: "¿Puedo ayudar? Porfa, mami, porfa". Lo que significa que, en vez de tardar diez minutos en hacer un flan, voy a tardar tres cuartos de hora. Eso ha hecho que vaya escondiéndome hacia los fuegos y cacerolas, como el bueno de la peli de terror, sacando un poquito la cabeza antes de doblar la esquina por si el Terro está al acecho.
Susanita quiere ser escritora. Me recuerda tanto a mí que me da pena. Tiene una imaginación efervescente y un vocabulario rico para su edad, fruto de los libros que leemos juntas y, me temo que, también, de la tele. A veces, suelta frases que te dejan KO por su belleza sencilla, como aquel "las nubes son la comida de los aviones". Y, en otras ocasiones, es más cursi que una perdiz con ligas.
En mi caso, a los 6 años, quería ser señorita de guagua (De esas que iban, en los tiempos en que la seguridad vial era ciencia-ficción, de pie en el transporte escolar mandando a los niños a callarse y a sentarse). Se ve que eso de mangonear a todo el personal me caló hondo. A los 9 años, quería ser escritora, pintora o actriz. A los 13, comprendí que del arte no se come, así que decidí ser profesora de inglés o de literatura. A los quince, di latín. Al año siguiente, cogí ciencias puras. Veterinaria era mi punto de mira. Al final, me di cuenta de que el animal más animal es el hombre. Y entré en Medicina. Craso error, porque lo que debería haber hecho es ser profesora de gimnasia. De verdad. ¿No os parece un chollazo de trabajo? No tienen que corregir exámenes. Tienen un porrón de vacaciones. Si un alumno te putea, lo pones a correr y a hacer flexiones hasta que quede como los relojes de Dalí. Da igual que no seas deportista (de hecho, mi profesora de gimnasia del colegio tenía un culo en el que cabían los dos tomos del Quijote y sobraba sitio) porque, después de todo, nadie te exige que tú hagas los ejercicios. Y sí, alguno de mi estilo te puede preguntar: "¿Usted está segura de que hacer el mortal en el plinto me servirá para algo en un futuro?" , pero también, en la carrera, me estudié la reología del cuerpo visco-elástico y, salvo comparaciones odiosas con mi michelín, todavía estoy preguntándome para qué sirve. Y, sobre todo, NO TIENES GUARDIAS. Es que soy idiota...



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3/3/2010

Carita triste, carita contenta


Esta semana he estado muerta, KO, matá, game over, me he arrastrado por las esquinas, he agotado todos los sinónimos del adjetivo "cansado" que existen en el diccionario. ¿Por qué, Jomeini? - me preguntaréis los que sois un poco curiosos (porque, está claro, que siempre hay gente descastada a la que le toca un pie mi estado de ánimo) - ¿Muchas guardias? Pues no. Curiosamente, la única noche en la que he dormido en los últimos diez días ha sido la noche de mi guardia (Sí, los milagros existen...). La culpa es del Terrorista y de sus pesadillas. Que sí, que ya sé que es normal, que está en la edad, pero cuando una se despierta noche, tras noche, tras noche la normalidad se convierte en anormalidad. Y arrastras la ojera como si fuera tu sombra.
3.30 AM: Mamááááááá - un grito desgarrador rompe el silencio de la noche.
- ¿Qué pasa? - pregunto, bajada cruelmente a la cruda realidad desde un sueño en el que Derek Sheperd me enseñaba a poner un tubo de doble luz (Vaaaale, también tengo derecho a soñar).
- Tengo miedooooooo. Buaaaaaaaa.
Me levanto, suspirando.
- ¿De qué tienes miedo?
- De los ruidos.
- ¿Qué ruidos?
- Esos - el único ruido que se oye en la quietud de la noche son los ronquidos de mi santo.
- Pero esos ruidos son papá roncando.
- Ah, vale - se acurruca, me aferra la mano como si fuera un cepo y se duerme en dos milisegundos.
4.00 AM: Mamááááááá´- otra vez. No puede ser verdad. Mi santo remolonea y, finalmente, se levanta él.
4.30 AM: Mamááááááá, tengo miedo de los "calameones".
- Terro, cariño, en Tenerife no hay camaleones.
- Síííííí, que yo los ví en la tienda de animales.
- Pero estaban en jaulas y no pueden escaparse, tranquilo.
- Ah, vale - vuelve a dormirse.
5.00 AM:  Turno de mi santo. Lo oigo convencerlo para que se duerma con su monito de peluche (uno que iba para hombre y se quedó en "monito").
5.30 AM: Otra vez. Me quiero morir.
6.15 AM: Suena el despertador. ¡¡¡¡¡¡¡¡Quiero dormiiiiiiir!!!!!!!!
Llego al hospital y toooodo el mundo me pregunta cómo fue la guardia.
- Que no, que no estoy saliente.
- Hija, pues la ojera te da la vuelta a la cabeza.
- Ya, ya, es que mi enano no me deja dormir con las pesadillas y los miedos.
- ¿Has probado con las caritas? - me pregunta la Dra Darth Vader.
- No.
- Le haces un calendario. Los días que duerma bien, le pones una carita contenta y, cuando rellene el calendario, le das un premio.
- Oye, pues no es mala idea- digo, bostezando - Voy a probarlo.
La primera noche no funcionó. Así que, por la mañana, planté una carita triste en el calendario del Terrorista y una contenta en el de Susanita. (Ella también quería su calendario, aunque es una marmotilla). Al Terro le dio tanta rabia que, ayer por la noche, al ir a acostarse, me abraza fuerte y me dice:
- Hoy no voy a despertarte.
- ¿En serio?¿No vas a tener miedo?
- No
- ¿Seguro?
- Seguro.
- Si duermes bien toda la noche, te quito la carita triste que te puse ayer.
Esta mañana, he puesto en su calendario dos caritas contentas. ¡Cómo quiero a la Dra Darth Vader!


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2/3/2010

Miss Mariposa se va


Ángel González tiene un poema llamado "Ahí, donde fracasan las palabras" que dice: "Logró expresar finalmente / lo que nunca dijo nadie. / Lo condenaron a muerte". Hace unos días, una residente de primer año me escribió al correo, preguntándome si es normal tener tanto miedo en nuestra especialidad, si es normal subir aterrado al paritorio, temer la Recuperación de quirófano, sentirse abrumada en las guardias...Yo le aconsejé que le diera tiempo al tiempo. El tiempo suele poner las cosas en su justa medida. Hoy no sé si me equivoqué. Si por decir aquello que nunca dijo nadie, se me debe condenar a muerte. Aunque sea sobre el papel. Hoy, Miss Mariposa, a la que aconsejé lo mismo, ha presentado su renuncia y me ha dejado medio huérfana de co-R.
Tal vez, no acertó en su elección. Tal vez se ha sentido abrumada por la responsabilidad. Tal vez, yo no supe ayudarla y fracasaron mis palabras. Tal vez. 

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