27 de ene. de 2010

21 días en Urgencias




Hola, soy Samanta Villar y, en este programa de hoy, voy a pasarme "21 días en Urgencias". Me pegaré como una lapa a los urgenciólogos y viviré en propias carnes, lo que es ser médico en el triage de un hospital...
- Mira, niña, déjate de charlas y a ver si espabilamos, que llevo aquí esperando 4 horas...
- ¡Oh! Y viene usted por...
- Pues, mire usted, hace 3 años...
- Uf, empezamos mal.
- ¿Cómo dice?
- No, nada, nada.
- Hace tres años, me corté con una hoja de papel en la palma de la mano. Y, desde ayer, me duele aquí donde estaría la cicatriz.
- DOCTORA VILLAR, DOLOR TORÁCICO EN REANIMACIÓN.
- ¿Y yo? ¿Cuándo me atiende?
- Enseguida, señora, es que el señor de Reanimación puede tener un infarto.
- Y lo de mi mano puede desembocar en algo mortal.
- Usted sí que es mortal.
- ¿Cómo dice?
- No, nada, nada.
Varón 36 años, fumador (¡Cómo no!). Dolor torácico típico con cortejo vegetativo. Empezó hace una hora.
- A ver. Vamos a ponerle oxígeno, aspirina, morfina y ....
- ¿En qué dosis?
- Yo que sé qué dosis. Yo soy presentadora. Bastante tengo con saberme el tratamiento, leñe.
- Estaría indicada la trombolisis. Mejor llamo al cardiólogo.
- Pues va a ser que sí, que es mejor.
UF. A ver. Cefalea de 2 horas de evolución. Llegó a las 8 de la mañana. Son las 12:oo AM.
- No, si me he tomado al llegar un paracetamol y se me ha pasado.
- Y entonces...¿qué hace aquí?
- Es que necesito el informe porque no he ido a trabajar.
- ¿Y a qué hora empieza usted a trabajar?
- A las nueve.
- En fin...Juicio clínico: no patología urgente.
- Oiga, no puede usted poner eso, que mi jefe se va a mosquear.
- La próxima vez, tómese el paracetamol antes de venir.
DOCTORA VILLAR, DOCTORA VILLAR, A REANIMACIÓN. TAQUICARDIA SUPRAVENTRICULAR.
- Niña, niña, ¿y mi mano?
- En cuanto pueda, señora.
- Es que llevo cuatro horas...
- Como se lo hizo hace tres años, no creo que importe un poco más...
- ¿Cómo dice?
- No, nada, nada.
DOCTORA VILLAR, UN CÓLICO NEFRÍTICO
DOCTORA VILLAR, UN POLITRAUMA
DOCTORA VILLAR, UNA INTOXICACIÓN POR BENZODIACEPINAS
AAAAAAHHHHHH. Ya vale. No puedo más. Aquí no aguanta 21 días ni el Tato. Prefiero lo de las pelis porno. Me piro.
- Ah, no, niña, sin ver mi mano tú no te vas ni de coña.

Dedicado a todos mis ex compañeros de Urgencias, que viven, no 21 días, sino toda su vida laboral en este plan. Y a la Dra. Crepuscular, por la idea.

25 de ene. de 2010

Anestesia y los deportes



¡Atención, MIReños! Qué sepáis que si Anestesiología está entre vuestras opciones, ya podéis empezar a entrenar. Que sí, que sí, que para ser anestesista hay que estar en forma y practicar varios deportes. A saber:
1.- Baloncesto: sea cual sea la técnica que vayamos a desarrollar (una epidural, una espinal, una vía central...), a la hora de tirar las gasas con betadine, el cubo de la basura está, invariablemente, al otro extremo de la habitación. A veces, son canastas de dos puntos, pero, por lo general, son triples. Pau Gasol, al lado nuestro: un principiante.
2.- Fútbol: Seis de la tarde. Traumatóloga de guardia.
- Hola, Jomeini, que tengo un tobillito por hacer
- ¿Algún antecedente?
- Noooo, qué va.
- Bueno, pues venga, bájala a quirófano.
La paciente aparece por la puerta. Matusalén, a su lado, era un baby. Cardiópata. Diabética. Hipertensa. EPOC. Difícil de intubar. Con una artrosis severa de columna. Total: un gol.
3.- Tenis: La paciente anterior:
- Hola, soy la Dra Jomeini, ¿está usted en ayunas?
- Pues no, me acabo de mandar un plato de fabada con chorizo y unas mollejas. Justo antes de caerme, oiga.
- Pues como hay que cumplir el ayuno, la operamos a las dos de la mañana.
- Estoooo - dice la traumatóloga - Si eso, mejor la metemos en el parte de fracturas de por la mañana.
Revés. Y match point.
4.- Atletismo:
- Jomeiniiiii, sube cagando leches, cesárea urgenteeeee.
Y allá vas, echando los hígados por la boca, corriendo por las escaleras (Los ascensores son misión imposible) cuatro pisos para arriba.
5.- Karate: Hay que saber ser fino en el tatami para que, al acabar la residencia, no te den la patada.
6.- Natación: Aunque, generalmente, una nada a estilo libre, hay contadas ocasiones en que, al otro lado de la barrera hematoencefálica, hay un equipo de enfermería y un par de cirujanos que hacen que todo sea armónico, agradable y perfecto, como un equipo de natación sincronizada.

23 de ene. de 2010

¿Para qué pedimos un estudio preoperatorio?

 Dentro de las preguntas frecuentes que aparecen en las estadísticas del blog, está ¿Para qué debo hacerme una analítica preoperatoria?. Esto que, para el colectivo sanitario es un poco de Perogrullo, tal vez no lo sea tanto para el profano en la materia. Por eso, voy a intentar explicar, lo más claramente posible, por qué debemos hacernos ese estudio preoperatorio (No sólo analítica, sino electrocardiograma o radiografía de tórax). La cirugía, aunque Heidi Montag no se lo crea, es un estrés importante para el cuerpo. Y es labor del anestesista que ese cuerpo salga lo mejor parado de las manos del cirujano. Evidentemente, si entramos en quirófano en las condiciones óptimas, saldremos mejor que si entramos en condiciones deficientes. Así, en la analítica preoperatoria, pedimos:
- Hemograma: Nos sirve, por un lado, para saber si existe anemia. La anemia severa hace que los tejidos cicatricen peor por falta de oxígeno. Si existe anemia o es una cirugía muy sangrante, prevenimos , en este momento, al banco de sangre para que tenga previstas 1, 2, 3 bolsas. Y, por otro lado, para ver el recuento de plaquetas, que nos orienta sobre la forma de coagular de cada persona.
- Bioquímica: Las alteraciones de los iones, como el sodio o el potasio, pueden afectar al manejo anestésico del paciente. Hay determinados fármacos (como, por ejemplo, algún relajante) que no deben usarse con niveles altos de potasio. Los niveles de glucosa en sangre nos ayudan a manejar a los pacientes diabéticos (que tienen sus peculiaridades). Los parámetros que valoran la función de los riñones nos sirven para saber la cantidad de líquidos que debemos pasar durante la cirugía, importante para compensar el sangrado y la pérdida de líquido por la apertura de la herida.
- Coagulación: que vendría a completar la información aportada por el recuento de plaquetas.
Si alguno de estos valores está alterado, puede intentar corregirse para permitir la cirugía de la manera menos lesiva posible para el paciente.
Además, dado que el ser operado es también un estrés para el corazón, no está de más cerciorarnos de que éste está bien. Las guías de Anestesia enumeran una serie de factores de riesgo que debemos valorar para pedir el electrocardiograma, pero dado que incluyen fumador, obeso o drogadicto, generalmente se opta por hacérselo a todo quisqui. La información del electrocardiograma se complementa, a partir de los 45 años o en personas con enfermedades pulmonares (o fumadores), con la radiografía de tórax, donde, aparte del corazón, vemos los pulmones y, por lo tanto, el estado en que estos están. Eso permite ajustar los parámetros de la máquina de anestesia al paciente, ocasionando, de esta forma, el menor daño posible.
O, en otras palabras, que anestesista prevenido vale por dos. Digan lo que digan.

21 de ene. de 2010

La ley de Murphy


La ley de Murphy dice que si algo tiene que salir mal, saldrá mal. Pero yo, por más veces que me lo repiten, no aprendo. No hay forma. Soy una optimista incurable. O soy tonta. Una de dos.
Ayer decidí llevar a los niños a casa de mis padres en zapatillas de andar por casa. Generalmente no soy tan chunga, pero (después de un día de pumpuneo, de ducharlos y darles la cena y , además, ducharme yo) tener que cambiarme, me dio una pereza...Y pensé: "Bah, total, voy de garaje a garaje. ¿Quién se va a enterar de que voy con las zapatillas?". JA. JA. JA. Craso error, Jomeini, craso error. No contaba con la ley de Murphy. En una curva de la carretera, mi rueda pisó una piedra y explotó. Oí un BUM y, luego, algo así como tacatacataca.Así que me aparqué a un lado y salí del coche a inspeccionar los daños. Me cago en...Una rueda en el suelo. Primera cosa: llamar a mi santo. Confieso que no sé cambiar una rueda. Y, además, tampoco tengo fuerza como para hacerlo.
- El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura
La ley de Murphy. Mi santo estaba en Quirófano, pero algo debía haberse complicado porque ya debería haber salido. Bueno. OM. Relájate, Jomeini, nada de pánico.Cuenta hasta diez. Llamo a mis padres, que vienen enseguida como el Séptimo de Caballería, al rescate. Jane se lleva a los enanos y mi padre empieza a cambiar la rueda. Pero...si algo va mal, siempre existe la posibilidad de que pueda ir peor. En alguna de las revisiones del coche, han descabezado el tornillo de la llave de seguridad, así que no funciona. Hay que llamar a la grúa.
- Hola, sí, Asistencia en carretera - le explico lo que me pasa - Estoy en una carretera enfrente de una panadería.- Debería añadir: soy inconfundible. La de los pelos empapapados y las zapatillas de andar por casa, que está muriéndose de frío al lado de una rueda pinchada.
Mi santo llega, finalmente, casi al mismo tiempo que la grúa. Me mira los pies (a pesar de que intento esconderme en las sombras) y pone los ojos como platos.
- Pero...Jomeini, ¿qué coño haces en zapatillas?
Yo me encojo de hombros. ¡Qué le voy a hacer! Una mala decisión. Me dan ganas de responder:" Pues, majete, esta es la mujer con la que te has casado: no sabe cambiar una rueda, con el pelo a lo Latoya Jackson y en zapatillas de andar por casa. Chúpate esa" Pero no digo nada. Mi santo es muy santo, pero una sabe en qué situaciones es mejor no tocar demasiado las narices.
Llega la grúa, con Maquinavaja al volante. Pelito engominado en la frente, dos pendientes en la oreja derecha, cadenita de oro en el pecho-lobo. Más chulo que un madrileño elevado al cubo.
Maquinavaja pregunta por lo que ha pasado sin quitar ojo de mis zapatillas
- Habrá que llevarlo al taller - dice mi padre, por si el otro no se ha dado cuenta del motivo por el que le hemos llamado.
- Sí, pero deberían llevarlo al de Pepito - responde.
- ¿Por qué? - pregunta mi santo.
- Porque me han dicho que, en estas cuestiones, es el mejor - tercia Maquinavaja, esgrimiendo Mecánica Basada en la Evidencia.
- Bueno, mejor lo llevamos al de siempre - contesta mi santo, pasando por completo de la opinión del experto.
Dicho y hecho, montamos el coche en la grúa. Nos deja en el taller. Y se despide de nosotros, con un último vistazo a mis zapatillas.
Así que ahora estoy compuesta y sin coche. Pero sonriente. Que como dice la ley de Murphy: "Sonríe. Mañana puede ser peor".

17 de ene. de 2010

Conversaciones al volante


Un día de estos voy a tener un accidente por culpa de Susanita. No es que arme mucho escándalo mientras voy conduciendo o me tape los ojos impidiéndome ver. No. Susanita es suave como la seda y buena como un pan y esas cosas no van con ella. Pero ha cogido la manía de hacer preguntas comprometidas cuando voy al volante. Supongo que, de esa manera, se asegura de que le responda y evita que salga huyendo. Adivinad dónde me preguntó cómo nacen los bebés. Dicho sea de paso, dos días después de explicarle por el espejo retrovisor la concepción, me notificó que había decidido no ser madre.
- ¿Por qué, cariño? - le pregunté, extrañada. Es muy maternal con el Terro y con sus muñecas.
- Porque la forma de tenerlos me da mucho asco - fue su respuesta.
Yo espero que el asco le dure hasta que se independice. Pero, a lo que iba, ayer, mientras conducía hacia el sur, pasó a nuestro lado un coche negro cubierto de coronas funerarias.
- Mira, mamá, una boda - me señaló, gozosa.
- No, guapita, es el coche de un entierro.
- Quieres decir...¿que dentro va un muerto? - me pregunta, con voz trémula.
- Sí.
- Y...¿por qué se muere la gente?
ZAS. Toma preguntita de marras. ¿Y yo que sé? ¿Qué da sentido a esta vida? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en la foto de ese niño de Haití muerto sobre la pila de cadáveres? En fin. Trago saliva e intento reorganizar mis ideas para mascarlo a nivel seisañil.
- Pues...porque la vida es un ciclo de la naturaleza. Todos nacemos y todos morimos. Las plantas, los animales y nosotros.
- ¿Hasta los fines de semana?
- Bueno - respondo, sonriendo - La muerte no suele pedir cita previa.
- Y ¿de qué se murió Tato?- Tato era mi suegro. Un hombre adorable, curioso como un niño pequeño, que murió hace dos años de un sarcoma de próstata.
- Murió porque estaba malito.
- Lo mataron. - tercia el Terro, sanguinario él.
- No, no lo mató nadie. Se murió de cancer.
- ¿Y qué es el cancer? - Manda cojones con las preguntitas. ¿No te digo? "¿Qué es el cancer?" dice, como si los libros de Oncología pudieran sintetizarse a nivel seisañil, así, en un pispas.
- Mamá y yo somos cancer - responde el Terro, que oye tiros y no sabe dónde.
- Sí, pero el cancer de Tato era otra cosa. Una enfermedad que te va dejando cada vez más débil, hasta que estás cansado, tan cansado que te duermes y te vas a l cielo.
- Pues yo soy un león - tercia Susanita. Y pasa de mí, embarcándose con su hermano en una discusión seisañil sobre los horóscopos.
Y yo no puedo dejar de dar gracias, para mis adentros, por estar viva, por poder responder a sus preguntas, porque un terremoto no me ha borrado a mí o a ellos de la faz de la Tierra.

15 de ene. de 2010

Preparada para la guerra

El más aguerrido de los guerreros (que sé yo: Rambo o Terminator o el tipo ese de la cara de gato y las rastas de Avatar) saldría con el rabo entre las piernas ante la perspectiva de una reunión de residentes de Anestesia para organizar sus guardias y sus rotaciones. Y es que cualquier persona habitualmente afable pasa de Bruce Banner a Hulk en cuanto otra le toca sus turnos de trabajo. Nos preparan para ello en la facultad. Cuando eres un pipiolo de primer curso, un día llega un profesor y te dice: "Hala, ahí tenéis el mes de Febrero. Repartid vosotros los exámenes". Y se va tan pancho, sin darse cuenta de que acaba de dejar caer la tercera bomba atómica. Porque, una, que, en primero de carrera, es todo idealismo y bondad, piensa que va a poder decir su opinión sobre los exámenes en la reunión convocada a tal efecto. Hasta que llega el día en cuestión y la nube de idealismo se te rompe, dejándote caer en algo parecido al Zoco de Marruecos, con todo el mundo gritando e intentando llevarse el gato al agua. Los inventores de la Lizipaína son millonarios gracias a las reuniones de los estudiantes de Medicina. Seis años así, más muchos años posteriores peleándose por las guardias te preparan para la guerra mejor que el entrenamiento de los marines. Pero la guerra no es buena para nadie. Siempre alguien sale herido. Así que, lo mejor, es solucionar las cosas hablando. O, en otras palabras, que hablando se entiende la gente.
Pero esa calma viene con los años. Cuando una se da cuenta de que Rambo no sentía las piernas, a Terminator se le ponían los ojos rojos y el bicho de Avatar se quedó cianótico de por vida.

12 de ene. de 2010

Proust y Mark Knopfler

Marcel Proust escribió una serie de libros, que constituyen una de las obras más bonitas de la literatura francesa del siglo XX, llamadas "En busca del tiempo perdido", cuyo fragmento más famoso es el bocado a la magdalena que retrotrae a su autor a su días de infancia:
« […] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)
Que también tiene cojones, digo yo, ser un sesudo escritor que se ha pasado 14 años para parir una serie de libros brillantes y ser recordado por el populacho como "el tío ese de la magdalena". Como un Bella Easo cualquiera. En fin, a lo que iba. Ayer tuve la misma sensación que tuvo Proust con su magdalena, sólo que con una canción de Dire Straits. Iba a llevar al Terro a su clase de música y él iba trotando alrededor mío, contándome mil batallitas del primer día de clase, cuando, de una cafetería cercana, me llegaron las primeras notas de Money for nothing. Y, de pronto, la plaza por donde caminaba se diluyó y me vi transportada a mi adolescencia. En concreto, a una tarde de invierno ensayando una obra de teatro en el instituto. De mi novio, en esa obra, hacía el papel un compañero de clase muy, muy cargante, que le gustaba a una de mis amigas. Así que, de la mano de la canción de Dire Straits, me invadió la sensación de incomodidad de estar abrazada a ese chico, declamando palabras de amor, mientras sentía la mirada de mi amiga, clavada en la nuca como un hierro al rojo.
Hace dos o tres años, me encontré de nuevo a este compañero de clase en un avión. Era el azafato y había salido del armario hacía poco. Así que mi amiga podría haberse ahorrado las miradas. Y yo disfrutaría ahora al escuchar la canción.

10 de ene. de 2010

Lógica pacienteril


- Buenas noches - le digo al señor que los cirujanos generales han tenido a bien operar a las dos de la madrugada - Soy la Dra Jomeini, la residente de Anestesia. ¿Es usted Enrique Andrés?
- Sí, señorita - con lo de señorita ya se ha ganado mi gratitud eterna.
- Y, ¿cómo le llaman en casa? - lo pregunto siempre para que, a la hora del despertar, el paciente sepa que los gritos que estoy dando son para él y no para el vecino de la quinta planta - ¿Enrique o Andrés?
- Crispín.
- Ah, Crispín...¿y eso?
- Es que nací el día de San Crispín.
Lógico, por supuesto. Cómo se me ocurre dudarlo.

9 de ene. de 2010

Doctora, ¿soy fácil de intubar?

La anestesiología se parece mucho a pilotar un avión. Lo realmente difícil son el despegue y el aterrizaje. Luego, en medio, si el paciente está estable y no hay turbulencias, una puede poner el piloto automático y dedicarse a otras cosas. Como, por ejemplo, escribir un blog. Por eso, los anestesistas que, como ya dije aquí, son hombres/mujeres prevenidos, se dedican a predecir, en plan brujos, si el despegue será difícil. Para ello, hay muchos tests que sugieren una intubación difícil.
- Distancia interdentaria: una boca pequeña, con una apertura de menos de 4 cms, nos pone en alerta.
- Los cuellos cortos o las mandíbulas retraídas o prognatas nos hacen empezar a pensar en tomar medidas.
- Existe una clasificación, hecha por un señor llamado Mallampati, que clasifica en 4 grados la probabilidad de tener problemas con la vía aérea, según lo que veamos al abrir la boca. Básicamente, es lo que enseña este dibujito. Se ha visto que, a menor visualización, más dificultad para intubar. Con lo cual, si un señor te abre la boca y no ves un pijo (es decir, es un Mallampati 4), aparte de echarte a temblar, pides directamente el carro de intubación difícil.
- Distancia tiromentoniana: la línea que une en mentón con la nuez debe ser mayor de 6.5 cms en extensión de la cabeza. Lo cual, a grosso modo, es como unos 4 dedos entre mentón y nuez.
- Test de la mordida: si los incisivos inferiores consiguen morder el labio superior, yupi. Si los incisivos inferiores no lo consiguen, uy.
Pero la cosa no acaba ahí. Si una persona es difícil de intubar, pero conseguimos ventilarle con mascarilla adecuadamente, no hay problema. Da tiempo a organizar una intubación difícil. Sin embargo, el verdadero problema es cuando no conseguimos ventilar al paciente.
¿Cuáles son los predictores clínicos de ventilación difícil? Pues son: la barba (señores, si tienen barba, aféitense antes de entrar en quirófano), la obesidad, la falta de dientes, la edad mayor de 55 años (es que las carnes ya no son lo que eran), y la historia de roncador.
Así que os propongo un juego: coged un espejo y decidme si sois o no fácilmente intubables. O si vais a tener problemas de vuelo.

5 de ene. de 2010

La cana

Estoy en fase de depresión total. OUT. KO. Game over. ¿Por qué, Jomeini? - me diréis - ¿Qué te pasa? Me pasa que ayer me vi tres canas. Sí, sí, ya sé que, a bote pronto, suena hasta ridículo. ¿Tres canas?¿Y qué? Pero, entendedme. Es como si un día Pocahontas se mirase al espejo y se viese convertida en Morticia Adams. No sólo significa que me voy haciendo vieja, sino que voy a tener que ir a la peluquería todos los meses. Y eso sí que no. Las peluquerías y yo no somos compatibles. Para empezar, tengo que espatarrarme toda para conseguir que me laven el pelo. Mido 1.76 m, así que los lavabos estándar nunca jamás están a mi altura. Cuando, después de una hernia cervical, o dos, me siento a que me corten, siempre me pasa lo mismo:
- ¿Qué quieres que te haga?
- Quiero que me cortes las puntas.
Y ¡ZACA!. Salgo que parezco el Príncipe Valiente. Las puntas, por Dios. He dicho las puntas. Si esto es la punta para la peluquera, su marido debe ser Rocco Sifredi, mecangolamadrequelaparió.
Así que me imagino, ahora, saliendo de la peluquería con el pelo rojo, o violeta, o azul, cual matriarca Bosé. Y me pongo mala.
No es justo. ¿Por qué los hombres con canas son interesantes y las mujeres con canas dejan de serlo? No sé si hacer un grupo en facebook "A favor de las canas femeninas". Por el momento, mientras digiero que me han salido tres canas, me las he arrancado. Y a otra cosa, mariposa.

4 de ene. de 2010

Errare humanum est

Ayer cometí un error garrafal. Uno de esos errores que lamentas durante horas. Me explico: diluviaba a cubos. Habíamos ido a comer con unos amigos y sus respectivos niños y estábamos llegando peligrosamente a la fase 4. Para el que no lo sepa, las comidas con niños pasan, generalmente, por 4 fases; a saber:
- Fase 1: Conseguir que se sienten.
- Fase 2: Conseguir que coman.
- Fase 3: Conseguir que no se levanten.
- Fase 4: Conseguir comer tú, sin ponerte de los nervios.
Pues, lo que decía, nos acercábamos peligrosamente a la fase 4,( Susanita decía cada 2 segundos: "Me abuuurroooo. ¿Qué hacemos ahora?" y el Terro ya había derribado dos veces de un cochecito de esos articulados a una pobre cría con coletas, que no sabía lo que hacía al cruzarse en su camino), cuando de mi boca salió esa frase que nunca, nunca debe pronunciarse en vísperas de Reyes, un domingo:
- Podríamos ir un rato al juego de bolas del centro comercial.
Diooooossss. Soy una persona organizada que compra los Reyes en noviembre y huye como de la peste de las aglomeraciones navideñas. Pero sí, fui yo la de la idea. Sólo puedo excusarme diciendo que fue un lapsus temporal causado por sobredosis de cava en estas fiestas.
No sé si os habéis acercado a cualquier centro comercial en estas fechas. Una hora de cola en el coche para aparcar, con los enanos detrás:
- Me abuuuurrooooo
- ¿Cuánto falta?
- Yo quiero ir al juego de bolas
y mi santo rezongando:
- Menuda ideíta, Jomeini.
Al final, sale un coche. Y ¡ZAS!. Nos apropiamos del hueco. Nos vestimos de muñequito Michelín para recorrer los diez minutos que separan el parking de la puerta del centro comercial y ,una vez dentro, ahogados por la calefacción a tope, nos quitamos todo lo que nos habíamos puesto diez minutos antes y nos incorporamos a la masa humana. Cuando has hecho eso, tus posibilidades de movimientos son similares a las de los ojos de Espinete. Nulas. Lo único que puedes hacer es mover las cejas y dejarte llevar.
- Oiga, perdonen, es que me llevan hacia la zapatería y yo quería ir al juego de bolas, que es en dirección contraria.
- Pues se siente, bonita, que yo llevo dando vueltas una hora y tengo prioridad.
Total, que sigues a la masa, como puedes, confiando en que en algún momento se pararan enfrente del juego de bolas. Mientras, los altavoces atronan villancicos a un millón de decibelios sólo interrumpidos por dos vocecitas a nivel de tu cintura, que dicen:
- Me abuuuurrooooo
- ¿Cuándo llegamos al juego de bolas?
Al fin, después de parar en la zapatería, en el stand de los Reyes Magos, en un belén hecho con osos cantores y en una tienda de moda infantil, llegamos al juego de bolas. Para descubrir, por supuesto, que no hay plazas.
A estas alturas de la película, mi santo no sólo se ha acordado de toda mi familia. También reniega del día en el que me conoció.
Volvemos hacia atrás en el mar de gente, caminando como el que tiene Parkinson, hasta el parking. Salimos. Y, entonces, mi cuñada dice:
- Hay otro juego de bolas al lado de casa. Podríamos probar.
Resultado de mi error fatal: una hora y media de coche entre entrar y salir. Una hora y media de sentirse sardina en lata. Todo para terminar en el mismo sitio del que hemos partido.
Segundo propósito de año nuevo: pensar antes de hablar.

1 de ene. de 2010

2009 ha muerto. Viva 2010

Yo he empezado el año una hora y un cuarto antes que el año pasado. Una hora, porque lo he empezado en Madrid y no en Tenerife. Y un cuarto porque, como siempre, me he confundido y he empezado a tomarme las uvas en el último cuarto, en lugar de en la primera campanada. Además, a toda pastilla porque he tenido que atender al Terro, que corría riesgo de hipoxia por sobredosis de uvas.
- Hijo, tenías que irlas tragando al mismo tiempo que te las metías en la boca - le digo.
- Goñigoñigoñi - me responde, con la pinta de un niño con paperas y la boca a rebosar de uvas.
Luego, viene el ritual de besos con la boca llena de una masa verde.
- Beli año
- Bo bibo digo
Sacamos el cava (y la Fanta limón, para los enanos) y brindamos para que, al menos, nos quedemos como estamos.
- ¿Quieres algo más de turrón? - pregunta mi suegra.
La miro a ver si me lo está diciendo de coña. Me he comido todos los aperitivos, el marisco, un solomillo y un postre de piña. No me cabe el turrón ni metiéndolo con calzador. Pero sí, me lo dice en serio. Mi suegra es así: "Qué poco has comido" - y te planta otro filete en el plato. Pero, cuando le haces caso y te lo comes, te dice:"Es que Jomeini es de muy buen comer", como si una fuese el clon de Óbelix. Así que me apresuro a negarme. No, no quiero turrón. No quiero morir aplastada por mi propio peso. De hecho, miro de reojo la mesa con todo lo que ha sobrado de comida y suspiro porque sé que mañana toca , de nuevo, comilona.
En fin. Propósito de año nuevo. El día 9 retomo la dieta. Como el 80% de los españoles.
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