Él ya era mayor cuando se conocieron. Su matrimonio se había roto años atrás y no pensaba volver a encontrar el amor. Y menos en alguien tan insultantemente joven. Cuando ella le dijo que estaba embarazada, no sintió alegría. Tan sólo pereza. Ella estudió su reacción, desencantada, pero no discutió. Se limitó a asentir y a seguir adelante. Hoy, en el paritorio,él se había sentido un inútil. La veía sufrir y no sabía cómo aliviar su dolor. Al final, había terminado en cesárea.
- Adiós - se despidió ella, con una sonrisa desmayada, mientras se la llevaban por el pasillo.
Él pensó que, a lo mejor, ese adiós era para siempre. Y se sintió desfallecer.
Pero, un rato más tarde, sacaron a su hijo. SU hijo. Esa cosita pequeña con la boca de ella y la nariz de él. Y explotó de amor.
- Gracias - lloró cuando, al fin, su mujer salió del quirófano - Gracias, gracias por tanto.






8 comentarios:
Un historia de tantas, de amor, sufrimiento y dolor, pero con final feliz. Cómo la vida misma
Feliz puente
Magnifico.
Un niño cambia todas las perspectivas.
Un saludo
http://www.seleneluna1987.blogspot.com/
Muy tierno. Es una lástima que en muchas ocasiones esto no sea así, como dice amalita un niño tiene que cambiarte todas las perspectivas...
Muaks
En mi experiencia, el hombre es un cero a la izquierda en el mundo obstétrico público. Hasta rayar lo patético. A veces, incluso el papel de la madre es ensombrecido por un sistema excesivamente protagonista. El amor… no, hablamos de una experiencia trascendental, llena de emotividad y miedo. El papel del sistema debería de ser menos protagonista. Y menos maniqueo.
Es un decir.
vivan las cesareas!!
Bella entrada como todas las que escribes cuando de tocar el corazón se trata...
Disiento de Javier: en donde vivo se avisa al padre cuando llega el momento de ir al paritorio. Son las mujeres las que que piden que vaya su madre.
En mi caso, dos partos, no quise que entraran ni mi madre ni mi suegra. Entró mi marido y ahí estuvo animándome como si yo fuera un delantero a punto de meter un penalty... gratificante, cuanto menos. Besos miles.
Considerando cómo han reaccionado mi marido y mi madre cuando estuve en el hospital por una peritonitis, me veo obligada a reconsiderar a quién quisiera en un parto, Lola. No es que mi marido haya sido estorboso, pero esa frustración que sintió por no poder ayudarme con mi dolor no ayudó en nada, sino al contrario, terminé preocupada por mí, por mi dolor y además por él. Aunque mi marido es maravilloso y no lo cambiaré por nada, felicitaciones por el tuyo, que además es útil ^_^
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