
Tengo la firme teoría de que hay individuos en este planeta que han nacido para ser brasas. O, lo que es lo mismo, pesados, plomos, cargantes, fastidiosos, tediosos, mortalmente aburridos...Como
podéis comprobar, existe una amplia variedad de sinónimos al caso en nuestro idioma, lo cual demuestra la alta densidad de brasas existentes por metro cuadrado. Al menos, en mi entorno.
Está el tipo I de brasa: el brasa repetitivo. Es aquel que cuenta un chiste, te lo explica y luego lo repite hasta la saciedad.
- Dije que iban dos y se cayó el del medio ¿Lo oíste, Jomeinita? - uno de los enfermeros de quirófano es un brasa I, sin diagnosticar.
- Sí, lo oí, je,je - una esboza una sonrisita de compromiso.
- ¡Qué simpático!¿Lo oíste? -le pregunta al que está al lado tuyo y que, a menos que sea sordo, evidentemente lo ha oído.- Dije que iban dos y se cayó el del medio - Y lo repite a todos y cada uno de los presentes. Y luego para sí mismo una o dos veces más.
Luego, está el brasa tipo II: el brasa insistente o el brasa del bolígrafo verde. Lo del bolígrafo verde viene del siguiente chiste (malo, a más y no poder):
- Padre, vengo a confesarme porque he pecado...Halaaaa, padre, qué bolígrafo verde más chulo ¿Me lo regala?
- No, hijo, es un recuerdo de familia.
- Bueno, pero...¿usted no recuerda a su familia sin necesidad del bolígrafo verde?
- Um, sí, por supuesto, pero...
- Entonces, ¿qué más le da?¿Me lo regala?
- Que no.
- Andeeee.
- Que me cuentes el pecado, mecagondios.
- Se lo cuento, si me da a cambio el bolígrafo verde.
- Pero...¿habráse visto semejante morro?
.
.
.
- Padre, vengo a confesarme porque estoy pensando en acostarme con mi novio.
- Hija, pero,si aún no lo has hecho, estás a tiempo de no pecar.
- Uy, sí, pero es que mi novio es muy, muy pesado. Insiste, insiste e insiste.
- ¿Tu novio no tendrá un bolígrafo verde nuevo, por casualidad?
- Pues sí, ¿cómo lo sabe?
- Ay, hija, date por follada.
Pues, eso. El niño del bolígrafo verde es el Terro. Mi hijo es un brasa tipo II, fijo. Él es de los que la sigue la consigue. Todos los días al salir del colegio me pregunta:
- ¿Has comprado Nocilla?
- Noooo - me niego, más que nada porque, cuando hay Nocilla en casa, no comen otra cosa para desayunar y para merendar. Adiós a los embutidos, al pan con tomate, a la fruta...
- Pues te lo voy a recordar hasta que la compres - y el muy niño del bolígrafo verde lo hace. Día tras día tras día. Hasta que, desesperada, termines comprando la Nocilla.
Pero, sin duda, el brasa más brasa de todos los brasas es el brasa tipo
III: el brasa histriónico. Mientras el resto de la gente practica la hipocondría como
hobby, el brasa tipo
III hace de ella su razón de ser.
Glorita es una brasa tipo
III. Una no puede preguntarle "¿Qué tal?" sin que se lance a describirte con todo lujo de detalles sus dolencias. Tan
exhaustivamente que terminan
doliéndote a
ti partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías (la rabadilla, por ejemplo).
Ahora llevaba diez días de baja por un esguince.
- Hola, Glorita, ¿qué tal? - le pregunté el otro día, al llegar a casa del trabajo.
- Pues, más o menos - me contesta, compungida. A veces, pienso que en vez de contratar una señora de la limpieza, he contratado un alma en pena.
Me siento a la mesa a comer. Le ofrezco. Ella, recogiendo sus cosas, declina la oferta, así que yo me dispongo a dar buena cuenta de una
cremita de verdura y un
pudding de pescado (no olvidemos que estoy
a dieta) Para mí, ya estaba todo dicho. Pero no contaba con el alma
combativa de una brasa tipo
III. Ella, ni corta ni perezosa, se me sienta al lado, se quita el zapato, un calcetín medio sudado y me planta bajo las narices el pie con olor a queso manchego bien curado.
- Mire, mire, como está, todavía me queda un hematomilla por aquí ¿ve? y se me hincha un poco por acá. Y bla, bla, bla.
Más que al calor de las brasas, estoy al olor de las brasas. Lo que hay que aguantar.