29/10/2009

En las nubes


Las mujeres tenemos un don que no tienen nuestros oponentes masculinos. Ese don es hablar de un tema mientras tienes la cabeza en las nubes, pensando en otra cosa totalmente distinta. Es algo sano que preserva tu salud mental y que nos ahorra un pastón en psicoanálisis. Ojo, no digo que los hombres no lo hagan, no. Pero a ellos se les nota que están a por uvas.
- ¿Sabes? - le digo a mi santo, que tiene la vista fijada en el partido de fútbol - He conseguido cambiar esa guardia que te dije.
- Ah, ¿sí? - me responde, mientras su cabeza está a años luz, pensando en el próximo regate o en lo mal que está pitando el árbitro.
- Y me he echado un amante en el trabajo.
- Ah, qué bien.
Una de dos: o le importa un pito o no me está haciendo ni puto caso. Me decanto, obviamente, por la segunda opción. En cambio, una puede asentir con cara de pena mientras tu vecina te habla de sus mil y un achaques a la par que tu mente está por los cerros de Úbeda sin que se note lo más mínimo.
Pero está claro que no todo viene determinado genéticamente. Es éste un don que hay que cultivar y perfeccionar con la práctica y la experiencia. Y, por supuesto, nunca jamás debes dejar que la otra persona se dé cuenta de cuan lejos está tu mente.
- Toto - le pregunta mi hija a su abuelo - ¿por qué plantaste esas plantas ahí?
- Pues mira - empieza mi padre, enamorado de su huerta - la platanera tuvo unos cuantos hijitos y hay que quitarlos de al lado de la planta madre porque si no se beben toda el agua. Así que hay que trasplantarlo. Para eso, hacemos un hoyo, sacamos con cuidado las raíces...
Nadie duda de la total atención de su nieta, hasta que llega el Terrorista y, sorprendido, pregunta:
- Toto, ¿por qué plantaste esos árboles ahí?
- Porque no tenía nada mejor que hacer - le responde su hermana.
Definitivamente, le hace falta un poco de práctica.

27/10/2009

Crónicas de congreso III/III: Aprendiendo ecografía


Hace ya meses, mi primo (que esperaba el nacimiento de mi primera sobrina) me mandó por email una ecografía del tercer trimestre, donde se distinguían claramente los ojos, la naricita, los labios y una mano de mi futura sobrina. Le contesté: "¡Qué sobrina más bonita que voy a tener!". La respuesta fue: "Gracias a Dios. Eres la primera que no me pregunta que qué cuernos se ve en esas líneas de puntos".
Esa maraña de puntos, líneas y sombras que forman la ecografía es una de las muchas habilidades que debo adquirir a lo largo de mi formación como anestesista. Por eso me apunté a uno de los talleres del Congreso de la ESRA sobre ecografía básica. Porque, a pesar de haber sabido interpretar la ecografía de mi sobrina, en ese campo estoy más pez que las sardinas.
Planteamiento del taller: 2 mesas, 2 profesores, 2 ecógrafos, 6 alumnos por profesor y dos modelos humanos: uno estilo Igor Yebra, alto, guapo, tabletita de chocolate. El otro, estilo Fernando Esteso, bajito, gordito, magdalena de chocolate.
Por Dios, por Dios, que me toque Igor, que me toque Igor. No porque estuviera bueno (que también. Para qué negarlo. Después de todo, una es humana), sino porque cuanta menos grasa, más fácil es localizar las estructuras. Pero no. Por supuesto, fui asignada al grupo de Fernando Esteso.
_ Bueno - dijo la profesora - voy a explicar el bloqueo axilar. Esto es lateral. Esto es medial. Aquí vemos la arteria. Esto es la vena. Y aquí, como una boina, está el nervio mediano.
Oooh. Qué fáciles son las cosas cuando te las cuentan bien.
- A ver, Jomeini, ahora tú.
Pongo la sonda del ecógrafo en la axila del Fernando Esteso. A primera instancia, lo único que veo son pelos alrededor de la sonda (y de mis dedos. PUAGH), pero nothingdeplasti en la pantalla.
- Busca la arteria - me dice la profesora.
- Es eso que late - apunta la enteradilla del grupo. En todos los cursos, siempre hay una enteradilla. No falla.
Veo un agujero negro, como el de mi cuenta corriente, en el centro de la pantalla. Efectivamente, late. Pero a su lado no hay vena.
- No aprietes tanto, que colapsas la vena - me advierte la profesora.
- Uy, perdón - estoy dejando a Fernando Esteso sin circulación en mi afán de vislumbrar algo. De repente, hago un balanceo suave con la sonda y aparecen. Ahí están delante de mis narices la arteria, la vena y el nervio mediano con forma de boina. Toco suavemente la pantalla sintiéndome como la niña de Poltergeist.
- Están aquííí - se me escapa sin poderlo remediar.
Pero mi gozo es efímero. Otro suave balanceo y desaparecen de mi vista, mientras capas de grasa los ocultan. Observo, con envidia mal disimulada, las pantallas de los afortunados que se ocupan de las dos axilas depiladísimas y perfectas de Igor Yebra y suspiro, mientras vuelvo a intentarlo. Ya lo dijo Napoleón: "La victoria pertenece al más perseverante". Perseveremos, pues.

26/10/2009

Crónicas de congreso II/III: Pamplona

Uno de mis defectos (aparte de los reseñados en este blog aquí, aquí, aquí y aquí) es que tengo menos orientación que el asesor de moda de las hijas de ZP. Digo yo que, con 480 asesores en nómina, da para que tus hijas no hagan el ridículo vestidas de Morticia Adams en la Casa Blanca.

Pero a lo que íbamos: que me sueltan en el patio de mi casa y me pierdo. Pues eso precisamente es lo que me pasó al intentar ir de pinchos (perdón, pintxos) en Pamplona.

Miss Mariposa, la Dra Olivia y yo, después de un cóctel de bienvenida bastante austero, decidimos llenar la panza en el Bodegón Sarriá. Y, después de haber dado cuenta de un caldico y otras viandas, emprendimos el regreso al hotel con la satisfacción que da la barriguita llena. Pero, ay, una de dos: o nos habían cambiado las calles o nos habíamos perdido en el camino de regreso.
Como Miss Mariposa estaba hablando con su novio por octava vez esa noche (el amor es lo que tiene), la Dra Olivia y yo nos acercamos a preguntar al primer paseante que avistamos.
- Perdone, ¿el hotel Tres Reyes?
- Querrá decir el Dos Reyes
- ¿Cómo?-hubiera jurado que a la ida era un triunvirato.
- Sí, aquí estamos en un reyno racista y el rey Baltasar no existe.

Es que los atraigo, leñe. Donde voy siempre me topo con el friki del pueblo.


Gracias al Señor de los aviones y al Señor del juego de la maquinita que impidieron que nos perdiéramos de nuevo al día siguiente. Nos enseñaron Pamplona, sus pintxos y lo "suyos" que eran los navarros. Y nos aguantaron estoicamente.

25/10/2009

Crónicas de congreso I/III: Barajas


Uno de los principales inconvenientes de vivir en una isla es el tener que coger un avión hasta para mear. Eso hay que añadirlo a que uno de los principales inconvenientes de estar casada con un madrileño es que Barajas es tan conocido como tu cuarto de baño. Generalmente, una no presta atención a su cuarto de baño cada vez que entra. Te limitas a hacer tus cosas y ya está. Pero cuando una se tiene que estar cuatro horas en el cuarto de baño (camino de Pamplona), se fija en múltiples detalles que pasan desapercibidos en una meada rápida.
Salvando lo escatológico de la metáfora, al ir a la ESRA, hicimos una escala de 4 horas en Barajas. Miss Mariposa colocó sus pies, calzados con unas sandalias de tiras moradas (apropiadísimas para el clima navarro), sobre su maleta y se quedó frita. Con lo que a mí no me quedó más remedio que entretenerme en observar el panorama. Y hay que ver la de personajes, personajas y personajillos que pululan bajo las alas del techo de la T4. Me arrellano en mi silla y lanzo una reposada mirada circular. Cuento en total, 17 personas. Ellos me miran. Yo les miro. En realidad, nos miramos unos a otros como los animales de la misma especie que se olfatean al coincidir en un claro del bosque. Esas personas y yo nos sentimos hermanadas por el hecho de coincidir en este momento. Podríamos haber elegido entre infinidad de opciones y nos hemos decantado todos por la misma. Frente a los espectadores sentados en las sillas, pasa un hombre moreno, con rasgos marcados y con dos sombreros en la cabeza (uno envuelto en una bolsa, sobre otro más ancho). "Macho"- habría que decirle - "que la otra cabeza no necesita sombrero. Como mucho, gorro.". Otro pasa, en sentido contrario, cantando a voz en grito una serenata a una supuesta amante, que, seguro, le escucha arrobada al otro lado del teléfono móvil
- Te quiero taaanto - desafina, sin importarle las miradas del patio de butacas que lo observan a su paso.
Una mujer, ataviada con los ropajes típicos de Nigeria, pasa dejando entrever unas perfectas piernas morenas entre tejidos de seda dorados. Dos niñas pijas, con botas de cowboy y divinos megacuerpos, hechos a golpe de Pilates, cruzan por delante nuestro hablando:
- He quedado con unos amigos para hacer una visita por San Sebastián.
- Uy, ¿crees que podremos hacer una paradita en alguna tienda de Mango?
Por la terminal de un aeropuerto, lo mismo que por nuestra vida, pasan personajes de pasada. Personas con vidas propias que, por un instante, se entrelazan con la nuestra, formando un complejo tapiz de idas y venidas, ajenas, todas ellas, a las demás.
En la T4, hay un mural con una frase de Miguel Hernández, que le viene a mis pensamientos como anillo al dedo: "Alrededor de tu piel/ ato y desato la mía". Seguramente, alguien, haciendo otra escala de tropecientas horas, debió de tener los mismos pensamientos que yo ahora. Y decidió ilustrarlos con un mural. De repente, llega una azafata y anuncia el embarque de nuestro vuelo. Miss Mariposa, recién sacada de su sueño, se frota los ojos. Y yo me abro paso entre pasajeros malhumorados, sintiendo que acaban de bajar el telón.

22/10/2009

Ayuno preoperatorio

Como ya dijo Martín en este estupendo post, para operarse hay que estar en ayunas. ¿Por qué? No porque los anestesistas y sus blastos seamos seguidores del Islam y hagamos Ramadán perpetuo. O directamente, con perdón de la expresión, queramos joder la marrana al personal. No. Uno de los riesgos mayores de la anestesia general es el paso del contenido ácido del estómago a los pulmones. Cosa más fácil porque, cuando estamos sometidos a una anestesia general, perdemos los efectos protectores que impiden este paso de alimento al pulmón. El ácido produce una inflamación pulmonar importante y muy grave, que, en determinadas ocasiones (unida a otros problemas del paciente) puede llegar a ser mortal.
¿Cuántas horas debemos dejar pasar como mínimo? Si hemos tomado agua, zumos o té, 2-3 horas (2 en los niños, 3 en los adultos). Si lo que hemos ingerido es leche, 3 horas. Y si es una comida sólida, de 6 a 9 horas, dependiendo de que sea una ensalada o dos Big Mac con ración extra de papas fritas.
Pero la cosa no queda ahí: hay determinados aspectos que retardan el vaciamiento gástrico, lo que hace que el número de horas total aumente. Por ejemplo: el embarazo (por favor, señoras, se los ruego, antes de ir a parir abstenerse de ponerse hasta las trancas de fabada con chorizo), la diabetes, las obstrucciones intestinales (como una apendicitis), los accidentes...
Sirva de ejemplo del valor del ayuno esta conversación cazada, hace unos días, en la sala de Preanestesia. A un lado, el Sr. T (no, no es Richard Gere): 70 años, delgado, con una leve semejanza capilar al Pájaro Loco. Al otro, la Dra del Bolso de Gucci, perfecta, ella.
- Hola, Sr T, soy la Dra del Bolso de Gucci. ¿Está usted en ayunas?
- Pues mire, yo me levanté a las 7. Y me desayuné un café con leche con tostadas.
Vale, 6 horas de ayuno, mínimo - piensa la Dra.
- Luego, me fui a por el pan. Y me encontré con Paquito. Y le dije: "Paquito, hombre, cuánto tiempo, venga te invito a unos churros, que por aquí los hacen de muerte". Y nos fuimos los dos a comer churros con chocolate.
En fin, añadamos 3 horas más a las 6 anteriores. Unos churros, por Diosss.
Y después de los churros, me vine a casa. Y me puse a ver La Ruleta de la fortuna, que siempre me da un hambre de mil demonios. Y me acordé que había traído del pueblo un salchichón de matanza, que está de pecado mortal. Así que me corté unas rodajitas con el pan...
Me niego, esto ya es mucho.
- Sr. T ¿usted no sabía que para operarse tenía que venir en ayunas?
- ¿Ah, sí? Anda, la ostia.
Pues eso.

19/10/2009

Me voy de congreso

Entrevistamos, en quirófano, a la anestesioblasta bloguera más guapa y simpática de la blogosfera (Ya que me entrevisto a mí misma, me echo flores. Faltaría más). Nos recibe con una sonrisa tras la mascarilla, a pesar de que son las tres de la mañana y sigue currando.
EPS: ¿Te vas al congreso de la ESRA, no, Jomeini?
DJ: Pues sí. Nos vamos el miércoles a primera hora de la mañana, Miss Mariposa y yo.
EPS: ¿Y a qué vais?
DJ: Bueno, llevamos tres pósters. Nos hemos apuntado a dos talleres. Y esperamos ver algo de Pamplona, que no la conozco.
EPS: ¿Qué es la ESRA? ¿Puedes explicarlo para nuestros lectores?
DJ: Es la European Society of Regional Anesthesia and Pain Therapy. O, en cristiano, la Sociedad de Anestesia Regional y Tratamiento del Dolor.
EPS: Mientras estés en Pamplona, ¿vas a postear? ¿O nos vas a dejar abandonados como el desodorante?
DJ: Dejaré programada una entrada de Preguntas frecuentes y prometo una crónica a la vuelta.
EPS: ¿Y Susanita y el Terrorista?
DJ: Se quedan con mi santo, que espero que sobreviva.
EPS: Pues que te lo pases muy bien
DJ: Muchas gracias. Y ahora lárgate del quirófano, que me gustaría extubar al paciente.
EPS: Uy, sí, perdón.

16/10/2009

Teorema de los brasas

Tengo la firme teoría de que hay individuos en este planeta que han nacido para ser brasas. O, lo que es lo mismo, pesados, plomos, cargantes, fastidiosos, tediosos, mortalmente aburridos...Como podéis comprobar, existe una amplia variedad de sinónimos al caso en nuestro idioma, lo cual demuestra la alta densidad de brasas existentes por metro cuadrado. Al menos, en mi entorno.
Está el tipo I de brasa: el brasa repetitivo. Es aquel que cuenta un chiste, te lo explica y luego lo repite hasta la saciedad.
- Dije que iban dos y se cayó el del medio ¿Lo oíste, Jomeinita? - uno de los enfermeros de quirófano es un brasa I, sin diagnosticar.
- Sí, lo oí, je,je - una esboza una sonrisita de compromiso.
- ¡Qué simpático!¿Lo oíste? -le pregunta al que está al lado tuyo y que, a menos que sea sordo, evidentemente lo ha oído.- Dije que iban dos y se cayó el del medio - Y lo repite a todos y cada uno de los presentes. Y luego para sí mismo una o dos veces más.
Luego, está el brasa tipo II: el brasa insistente o el brasa del bolígrafo verde. Lo del bolígrafo verde viene del siguiente chiste (malo, a más y no poder):
- Padre, vengo a confesarme porque he pecado...Halaaaa, padre, qué bolígrafo verde más chulo ¿Me lo regala?
- No, hijo, es un recuerdo de familia.
- Bueno, pero...¿usted no recuerda a su familia sin necesidad del bolígrafo verde?
- Um, sí, por supuesto, pero...
- Entonces, ¿qué más le da?¿Me lo regala?
- Que no.
- Andeeee.
- Que me cuentes el pecado, mecagondios.
- Se lo cuento, si me da a cambio el bolígrafo verde.
- Pero...¿habráse visto semejante morro?
.
.
.
- Padre, vengo a confesarme porque estoy pensando en acostarme con mi novio.
- Hija, pero,si aún no lo has hecho, estás a tiempo de no pecar.
- Uy, sí, pero es que mi novio es muy, muy pesado. Insiste, insiste e insiste.
- ¿Tu novio no tendrá un bolígrafo verde nuevo, por casualidad?
- Pues sí, ¿cómo lo sabe?
- Ay, hija, date por follada.
Pues, eso. El niño del bolígrafo verde es el Terro. Mi hijo es un brasa tipo II, fijo. Él es de los que la sigue la consigue. Todos los días al salir del colegio me pregunta:
- ¿Has comprado Nocilla?
- Noooo - me niego, más que nada porque, cuando hay Nocilla en casa, no comen otra cosa para desayunar y para merendar. Adiós a los embutidos, al pan con tomate, a la fruta...
- Pues te lo voy a recordar hasta que la compres - y el muy niño del bolígrafo verde lo hace. Día tras día tras día. Hasta que, desesperada, termines comprando la Nocilla.
Pero, sin duda, el brasa más brasa de todos los brasas es el brasa tipo III: el brasa histriónico. Mientras el resto de la gente practica la hipocondría como hobby, el brasa tipo III hace de ella su razón de ser. Glorita es una brasa tipo III. Una no puede preguntarle "¿Qué tal?" sin que se lance a describirte con todo lujo de detalles sus dolencias. Tan exhaustivamente que terminan doliéndote a ti partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías (la rabadilla, por ejemplo).
Ahora llevaba diez días de baja por un esguince.
- Hola, Glorita, ¿qué tal? - le pregunté el otro día, al llegar a casa del trabajo.
- Pues, más o menos - me contesta, compungida. A veces, pienso que en vez de contratar una señora de la limpieza, he contratado un alma en pena.
Me siento a la mesa a comer. Le ofrezco. Ella, recogiendo sus cosas, declina la oferta, así que yo me dispongo a dar buena cuenta de una cremita de verdura y un pudding de pescado (no olvidemos que estoy a dieta) Para mí, ya estaba todo dicho. Pero no contaba con el alma combativa de una brasa tipo III. Ella, ni corta ni perezosa, se me sienta al lado, se quita el zapato, un calcetín medio sudado y me planta bajo las narices el pie con olor a queso manchego bien curado.
- Mire, mire, como está, todavía me queda un hematomilla por aquí ¿ve? y se me hincha un poco por acá. Y bla, bla, bla.
Más que al calor de las brasas, estoy al olor de las brasas. Lo que hay que aguantar.

15/10/2009

Cambio climático

Estamos vilmente acostumbrados a ver desgracias ajenas y a no sentirnos afectados por ello en lo más mínimo. Los telediarios nos derraman cada día, sobre el mantel, accidentes mortales, hambruna, terremotos, inundaciones...y, nosotros, a lo nuestro:

- Pásame la sal

-Toma

- Te quedó bueno el ragú

- Sí, ¿verdad? Ñam, ñam

Conscientes de que no sirve de mucho hablar por televisión, el Blog Action Day ha decidido utilizar otro medio para concienciar a la gente: las voces de miles de bloggers que hoy se unirán para hablar del cambio climático.

Lo del cambio climático es una cosa que no está demostrada. Hay voces que sostienen que el mar subirá unos 30 cms a finales de este siglo y que, para el siglo XXII, esa subida podría llegar al metro a raíz del deshielo de los glaciares y de los polos (lo cual, viviendo en una isla, es como para preocuparse). Otros sostienen que esto no puede comprobarse hasta dentro de 100 años (o sea, cuando haya pasado...¡qué listos!). Lo que sí está claro es que existe un calentamiento global del planeta, en el que hemos intervenido emitiendo CO2 a mansalva a la atmósfera. Y que ese calentamiento global disminuirá las diferencias entre verano e invierno, aumentando el nivel del mar, pero también la concentración de humedad de la atmósfera, lo cual lleva a un incremento en el número de tormentas, huracanes y lluvias torrenciales.

Disminuir la emisión de CO2 es una cosa increíblemente difícil. ¿Por qué? Porque existen gran cantidad de intereses políticos y económicos metidos de por medio (Y ya se sabe que el dinero mueve el mundo). Los países productores de petróleo (Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait, Ecuador, Venezuela, Libia...) no están, precisamente, nadando en oro (por lo menos, el global de su población), para obviar su principal fuente de ingresos así como así.

Por lo tanto, para conseguir este objetivo se ha de empezar por educar a la población, que es siempre lo más difícil, a realizar un consumo responsable: potenciar los recursos energéticos alternativos (energía solar y eólica, por ejemplo), reciclar para reducir el consumo de plástico y de papel, usar poco el coche y caminar más ...Y, en definitiva, ser lo suficientemente sensible como para oír los alaridos de dolor de nuestro viejo planeta Tierra.

10/10/2009

Historias del super


Susanita y el Terrorista están yendo este año a clase de música en la escuela municipal. La escuela está al lado de un supermercado, por lo que, mientras ellos están con el do-re- mi-fa-sol, yo aprovecho para hacer la compra sin el consabido:
- Mamá, galletas de rey, por favor.
- No
- Mamá, Nocilla, Nocilla, venga, porfa, porfa
- No
- Mamá, hay bollos ahí, ¿podemos llevarnos?
- No
Cuando voy al super con mis hijos, soy más desagradable que la novia de Chuky, pero todo sea por una alimentación sana.
Así que, como decía, aprovecho que ellos no están.
Cuando entro en el super, al lado de la fruta, hay dos señoras hablando. O , mejor dicho, una habla y a la otra ya le sangra la oreja de escucharla.
- Y es que me dijo el médico que tengo que comer al menos dos piezas de fruta al día para ir bien de vientre.
- Qué romántico - pienso. Pero sigo a lo mío. Diez minutos más tarde, me vuelvo a cruzar de nuevo a la primera señora (llamémosla Sra X) hablando con una chica que sostiene en sus manos un paquete de gominolas.
- Y es que si como esa porquería que tú te llevas, me sube el azúcar y el médico me ha dicho que puedo quedarme ciega.
La chica mira las gominolas como el adicto a la coca mira su raya. Se adivinan en sus labios las ganas que tiene de mandar al carajo a la Sra X, que sigue su perorata. Me sonrío, mientras me dirijo al apasionante mundo de los yogures. Casi puedo oir los primeros compases de Tiburón cuando noto el aliento de la Sra X en mi nuca. Soy su siguiente víctima.
- ¿No le parece - me dice, enseñándome un yogur con muesli - que son ideales para ir al baño?
Qué manía con los hábitos defecatorios tiene la doña, leñe.
- Pues no sabría que decirle - le respondo, educadamente - No los he probado.
- Es que yo si no como esto y fruta (Mi médico me ha dicho que tengo que tomar dos piezas de fruta al día) me tupo toda.
- Aaaah - asiento, intentando no reírme - Pues ya los probaré, ya.
Cuando voy a pagar, la Sra X está la primera en la caja. Lleva tan sólo un paquete de detergente. Le está diciendo a la cajera:
- Es que mi médico está hoy enfermo. Y él es el que me conoce, no la sustituta esa, que me manda Plantaben, que no me hace nada. Y es que tomo diez pastillas: una para la tensión, otra para el azúcar, otra para la circulación, otra pequeñita para el colesterol...
- Son 5.90 - le dice la cajera, que observa preocupada la cola que se va formando detrás de la doña.
La Sra X se aturulla al ser interrumpida en medio de su vademecum diario.
- Uy, sí, qué despiste. Que es que me pongo a hablar y no paro.
Su médico de cabecera, quien quiera que sea, se merece una medalla al mérito.

8/10/2009

Contaminación atmosférica

Lo malo de anestesiar niños es la alta prevalencia de motas de polvo en el aire.
Cuando una se dirige a la sala de preanestesia (donde esperan los pacientes a entrar en quirófano) y va a buscar a un paciente adulto, la cosa es más o menos así:
- Hola, ¿Perico Palotes? Soy la Dra Jomeini, la residente de anestesia.
- Aaaah, ¿qué tal? - la mayoría de la gente no tiene ni repajolera idea de lo que es un residente, así que se quedan medio moscas.
- ¿Está muy nervioso?
- Un poco, ja,ja
- No se preocupe, esto es para que se relaje. Algo así como un chupito de ron por la vena - Hala, chutazo de midazolam, que va haciendo efecto mientras tú compruebas que la preanestesia esté correcta, que el paciente esté en ayunas, que tenga reservada sangre en el banco de sangre...
En fin, todo muy normal. Pero, ¿qué pasa cuando el paciente es un niño? Ah, ah, ahí ya estamos hablando de otro cantar. Una llega vestida de lechera verde y por mucho que sonrías, el niño dice: "La lechera esta no me la da a mí con queso". A los más pequeños, 2-3 años, te los camelas, se toman su midazolam oral y, al rato, se vienen contigo en brazos (con su manita agarrándote el cuello) a ver el quirófano porque les has prometido un globo, dejando a su pobre madre detrás con el corazón en un puño. (Lo sé, lo he vivido). Pero los realmente jodidos son los de 6 a 9 años. Son demasiado mayores para juegos y sonrisas con una desconocida vestida de lechera, pero, al mismo tiempo, lo suficientemente pequeños como para sentirse desprotegidos sin sus padres y se aferran a ellos como si les fuera la vida.
Laila, 9 años. Miringoplastia de oído izquierdo (O sea, que tiene una perforación en el tímpano y se le va a colocar un injerto).
- Hola, Laila, guapa, soy la Dra Jomeini, la residente de anestesia. ¿Cómo estás?
- ¿Qué me vas a hacer? - los niños no se cortan un pelo - ¿Me va a doler?
- No, cariño, yo te voy a dormir para que no te duela nada. Ponemos una mascarilla en la carita y tú tienes que soplar para inflar el globito que te voy a enseñar ¿vale?
- ¿Y mami puede estar conmigo?
- No, mi amor, mamá no puede entrar.
- BUAAAAAAAA- la niña llora a raudales agarrada a su madre, como el Di Caprio a las tablas del Titanic.
- Laila, escucha- digo con mi voz más dulce, mientras por dentro siento que se me encoge el alma- tienes que ser fuerte y demostrar a mami que eres mayor. Porque si no, mami se pone muy triste ¿Lo ves? - la madre parece la Dolorosa de los Siete Puñales, la pobre.
Laila se deja convencer. Acariciándole la carita, la subo en la camilla y me la estoy llevando al quirófano cuando veo los ojos rayados de la auxiliar.
- ¿Qué te pasa? - le pregunto.
- Una mota de polvo que se me ha metido en un ojo, debe ser. - dice, parpadeando, mientras un lagrimón del tamaño de un guisante le cae por la mejilla.
Una vez en quirófano, Laila lo mira todo con ojos aterrados, abiertos como platos. Le hablo despacio intentando que se tranquilice. Pero es inútil.
- Tengo miedooooo - dice, mientras de sus ojos salen, como en los dibujos animados, dos fuentecitas a los lados - Quiero ir con mamiiiiii
- No tienes que tener miedo, preciosa. Yo no voy a dejar que nadie te haga daño. Y cuando te despiertes, mami estará contigo ¿vale?
Laila asiente. Se traga las lágrimas como buenamente puede y sopla, obedientemente, mientras el sevofluorano hace su efecto. Le cojo una vía, fentanilo, propofol, rocuronio, intubo. Cuando levanto la vista, después de ajustar los parámetros de la máquina, la enfermera llora a lágrima viva.
- ¿Otra mota? - le pregunto, mientras le aprieto el hombro.
- Uf, sí. Es que no puedo con el meneo emocional de los críos.
Pues eso, que lo malo de anestesiar niños es la densidad de motas de polvo por metro cuadrado.

6/10/2009

He plantado un árbol, he tenido dos hijos y...


...he escrito un libro. La verdad es que lo escribí hace años y lleva mucho tiempo guardado en una caja, con las hojas ya amarillas de humedad. Pero, al final, me he decidido y lo he publicado aquí. Es un libro de poemas, no las barbaridades a las que os tengo acostumbrados, pero una es así de polifacética, qué se le va a hacer. Y, la verdad, aunque me da un poco de vergüenza, también me hace ilusión. En fin, qué lo disfrutéis. Espero que os guste.
PD: Por cierto, si alguien se anima a comprarlo en formato libro, que no se olvide de preseleccionar "ECONOMY" en los gastos de envío, que si no sale un pico...

4/10/2009

Tu pequeña huella no volverá...

Cuando era pequeña, mi padre me dormía con música. Ponía un disco en el salón que disimulaba los ruidos de la casa y yo me dejaba arrullar entre los compases y cerraba los ojos. En aquel entonces, el pobre no tenía muchos discos: uno de Mozart (causante de que la música clásica me dé siempre un sueño irresistible) y otro de Mercedes Sosa. Era impresionante dormirse con esa ronca voz femenina que decía :"Duerme, duerme, negritoooo, que tu mamá está en el campo, negrito, trabajando...". Y mis ojos se cerraban mientras mi mente volaba entre los cañaverales de azúcar buscando.
Con los años, mi padre aumentó su colección de discos, pero entonces yo prefería dormirme oyéndole tocar la guitarra en el salón. Cantaba, con voz muy suave, "Alfonsina y el mar", otra canción de Mercedes Sosa. La letra narra el suicidio de la poetisa argentina Alfonsina Storni, que murió ahogada en el Mar de La Plata. "Por la blanda arena que lame el mar, tu pequeña huella no volverá...". Mi padre la cantaba con los ojos cerrados, quizás para encerrar en ellos la visión nocturna de la mujer adentrándose lentamente en su muerte azul.
Hoy ha muerto Mercedes Sosa, pidiéndole a Dios "que el dolor no me sea indiferente y la muerte no me encuentre vacía y sola sin haber hecho lo suficiente". En lo que respecta a la música que hiló mi infancia, Mercedes Sosa ha hecho lo suficiente. Ha musicado las vidas de muchas y muchas personas a lo largo de este mundo. Por eso, no puedo hacer otra cosa que despedirla con otra de sus canciones (una versión de una canción de Violeta Parra), que le da gracias a esta vida.

Mercedes Sosa - Gracias a la vida
Cargado por multicanalALBA. - Ver los videos de música recién destacados.

1/10/2009

Pumpuneando

Hay un verbo, que es parte del argot familiar, que es "pumpunear". A pesar de lo que aparenta, no tiene nada que ver con ningún tipo de emisión de gas por ningún orificio natural. No. Viene de que , cuando mi padre se estresa (cosa harto frecuente, porque se estresa con cualquier cosa), te cuenta las cosas que ha hecho así: "Y fui a la ferretería- PUM- y luego vine a darle de comer a las palomas - PUM- Y después fui a buscar a tus hijos al colegio - PUM..." En esos momentos, mi madre, mi hermano y yo nos miramos y todos pensamos lo mismo: "Ya está papá pumpuneando".
Pues hoy ha sido un día de pumpuneo total. El despertador con su I will survive sonó a las 6.15 AM. Todos los días pienso en cambiar la cancioncita de marras (que odio ya con toda mi alma), pero no me decido por la siguiente canción a odiar. Me ducho, me visto, desayuno, preparo mochilas, uniformes y medias mañanas de los enanos y salgo dejándolos a los tres (santo y enanos) roncando a pierna suelta. Todavía es de noche. Llego al hospital sobre las 7.20 AM, me cambio (otra vez, ésta para embutirme en el pijama antilujuria) y preparo el quirófano. Estoy rotando en Otorrino. Por lo tanto, muchos de los pacientes son niños. Eso es agradable por un lado (da menos asco la flema de un niño que la de un adulto que la noche antes se ha fumado la selva amazónica entera) y por otro no. Cada niño lleva un tubo, una medicación, un guedel, una mascarilla y toooodo conforme a lo que pesa. Y , como les tocan las gargantas, suelen asustarte con el laringoespasmo final. Cuatro pacientes: tres niños preciosos, a los que llevé en brazos y saqué de quirófano en una camilla con globos, que tenía guardados la Señora (la anestesista más antigua del servicio). Y un zangalote de 20 años que casi me arrea un guantazo cuando se despertó (Algo me dice que las novias no deben durarle mucho).
En medio del tercero y el cuarto (aprovechando la limpieza del quirófano), subo a hacerme una revisión relámpago en Ginecología: o sea, llego, me desvisto (otra vez), me espatarro para hacerme la citología, masaje a las tetas, me dicen que estoy bien y bajo a toda pastilla al quirófano a pasar al siguiente paciente.
Salgo a las tres y media, corre, corre, corre porque tengo que hacer compra. En casa ya no quedan huevos, leche, pan y el papel higiénico está llegando peligrosamente a las últimas. Termino a las 4.30. Dejo la compra en casa (para lo cual tengo que subir y bajar 16 escalones unas 8 veces) y corro al cole porque los enanos salen a las 5 menos diez. Llego en plan Juan Tamariz con ataque de asma: despelujada, roja como un pimiento, nada glamourosa... Las madres del colegio deben pensar:"Hala, mira, ya viene aquí esta loca otra vez". Ellas, tan arregladitas.
Arramblo con el Terro y Susanita. Les hago la merienda, se sientan a ver unos dibujos mientras comen y yo (POR FIN) puedo comer algo.
Mientras Susanita hace la tarea, yo recojo la compra, subo cestas de ropa lavada a los dormitorios y hago la comida de mañana. De repente, soy consciente de que en la casa hay un silencio sepulcral. Ay, ay. ¿Qué estarán haciendo estos?
Subo las escaleras y Susanita sentada, con un tutú rosa y una corona de princesa en la cabeza, está pintando los labios y los ojos del Terro con un rotulador negro. Él, por su cuenta, se ha adornado todo el cuerpo con un tampón de tinta de mi santo. Parece el cantante de The Cure.
Tras un grito espeluznante (No debo gritar, lo sé), lo meto en la ducha y lo froto hasta que vuelve a ser él. Cuando estoy terminando de duchar a Susanita llega mi santo. Mientras él los viste, hago la cena para los cuatro. Cenamos, cuento y a la cama.
Voy a mandar la media hora de elíptica que se suponía que tenía que hacer ahora a la porra.
Me tengo que poner a estudiar la cirugía que tengo mañana.
Creo que no voy a cambiar la melodía del despertador.
PUM. PUM. Y PUM.