28 de jul. de 2009

Estaciones intermedias

Hoy he pasado la tarde con mis amigas de la facultad y su respectiva prole. La vida nos ha llevado por lados diferentes, pero cada vez que nos reunimos es como si no hubiese pasado el tiempo. Las historias que ahora contamos son distintas, aunque siempre, como todo grupo de médicos, hablamos a ratos de medicina hasta que los respectivos (que, salvo mi santo, no son médicos) tuercen el ceño. Pero hoy me he desternillado de risa con un tema que, por lo visto, se repite en todas nuestras casas. Ellas lo llaman las estaciones intermedias. Y es una cosa que saca de quicio a mi santo. Entendámonos: mi casa tiene tres pisos, con lo que si el Terro deja los zapatos en el salón, yo digo: “ya los subiré” y los dejo en la escalera que lleva a los dormitorios, donde se quedan dos días porque nadie los sube. Por mi casa, hay varias estaciones intermedias de este estilo:
- Primera estación: al lado del teléfono. En el vacíabolsillos de al lado hay ahora mismo tres juegos de llaves, una traba rosa del pelo, dos botones del baby de Susanita y el brazo de un Ben 10 que encontré el otro día en el sofá. Esperando la siguiente estación.
- Segunda estación: la cocina. Hay un riconcito, al lado de la cafetera, en el que no se sabe por qué termina todo lo que danza por la cocina. Ahora mismo, hay dos bolis, un cochecito del Terro y dos pegatinas de Hello Kitty.
- Por último, pero no por ello menos importante, la repisa que está debajo de mi ventana. Como su superficie es mayor, también es mayor su cabida. Ahora hay allí pudriéndose dos revistas de decoración, dos bolsitas de tela para joyas (que Susanita colecciona hasta que yo entro en plan Fura dels Baus en su cuarto y se las tiro todas), tres facturas de mi santo, un par de folletos de un aguapark y una tonga de libros ya leídos esperando ser bajados a la estantería, dos pisos más abajo.
Mi santo se pone de los nervios “Pero, ¿qué te cuesta – me dice – guardar las cosas en su sitio directamente?. Es mucho más sencillo” Claro. Para él ordenar se limita a dejar las cosas en mi mesa para que yo las ordene.
La vida, como todo, está llena de estaciones intermedias. De cosas pendientes por hacer, por ordenar, por decidir. Y ese desorden aparente, esa pizca de caos familiar, hace que sea tan vivible. Mis amigas de la facultad y yo, en estos 19 años que hace que nos conocemos, hemos recorrido muchas estaciones intermedias, pero siempre encontramos nuestra amistad intacta en el vaciabolsillos.

26 de jul. de 2009

Soledad


Hace ya muchos años me pagaron 100.000 pesetas por un poema sobre la soledad. Mi hermano, que se había pasado currando todo el mes por la misma cantidad, se dio cuenta, entonces, del poder de la palabra escrita.
Hay un trozo de ese poema, que dice: “Presentí su llegada/ y no fingí alejarme,/no me hice la dormida, /no me cogió de sorpresa una mañana./ Vino la soledad,/ con su sábana/ y se sentó”. Pues eso, hoy ha venido la soledad con su sábana y se ha sentado. He sido siempre una de esas niñas raras que se entretienen solas. Por eso, hay veces que, a pesar de querer a mi familia con todo mi alma, me parece un lujo tener un día a solas.
Los enanos llevan una semana en Madrid con mi suegra y mis cuñadas, pasándolo pipa. Mi santo se ha ido este fin de semana a recogerlos, pero, como yo tenía guardia el sábado, me he quedado en casa.
Esta mañana, al salir del hospital, Julio se extendía como un remolino de luces, sumergido en un denso vaho de calima. Así que me dije: ¡Qué cuernos! Y cogí mi toalla y me fui a la playa. Es un lujo poder estar tumbada leyendo un libro, con la piel llena de sal y la brisa enmarañándote el pelo, sin tener el corazón en un hilo pendiente de las inmersiones del Terrorista. Es un lujo no tener que estar sujeta a horarios de comida, sino comer cuando me apetezca y lo que me apetezca. Un lujo tomar una cerveza helada al borde del mar (el primer sorbo de cerveza es uno de los pequeños placeres de esta vida). Y luego, una ducha caliente y una siesta.
La soledad, de vez en cuando, también es un lujo, que hoy he podido permitirme. Aunque no hay que dejar que se siente. Me voy al aeropuerto a buscar a la tropa.

23 de jul. de 2009

Higinio


Higinio tiene 70 años. Y lleva 40 días, con sus 40 noches, en la recuperación de quirófano post operado. Ya ni se acuerda de qué. Cuarenta días con un tubo metido en la garganta por el que sus pulmones respiran. Al principio, estuvo dormido durante muchos días. Sedado, le han explicado. Pero ahora no. Ahora, el Rey Sol y el Dr. McGuiver lo ponen a respirar solo todos los días, pero Higinio no puede. Se agota y cae en la inconsciencia del anhídrido carbónico cuando va cayendo la tarde. Los oye hablar de presión de soporte todos los días y ha aprendido que cuánto menor sea, mejor se encuentra él. Todas las mañanas, la Dra Jomeini viene y le saluda (¿Qué tal, Higinio,cómo vamos?) y él responde con un alzamiento de cejas y un pestañeo de sus ojos azules. Luego, se deja explorar. Le explica por señas que le ponga una almohada, pero ella no entiende.
- ¿El tubo? Ay, Higinio, qué más quisiera yo que podérselo quitar
Higinio se enfada. Él no quiere que le quite el tubo. Sin el tubo no puede respirar y lo sabe. Sólo quiere una almohada. Así que hace un gesto de enfado y señala la cama. Ahora sí ella lo entiende.
- Ay, una almohada, Higinio. Enseguida se la traigo.
Alicia y Amanda llegan a bañarlo. Y, mientras lo hacen, hablan de sus cosas. Así, Higinio sabe que Alicia acaba de tener un bebé hace 6 meses y que pasa muy malas noches. Y que a Amanda la ha dejado el novio por otra, que mira tú que habrá visto en esa. Él no habla, pero escucha y cuando terminan lo agradece con un asentimiento.
A las doce y media, vienen su mujer y su hija a verlo. Le cuentan lo que pasa en su casa
- ¿Te duele, papá, te duele? ¿Te dolió cuando te cambiaron el tubo?
Ah, ¿le cambiaron el tubo? Higinio no lo recuerda, aunque sí que sabe que ayer durmió demasiado profundamente por la mañana. A lo mejor, fue ahí, porque luego se encontró mucho mejor. Pero no le duele, así que tranquiliza a su hija con un movimiento leve de la cabeza.
Ahora tiene tiempo, mucho tiempo para pensar. Y se aferra a esas cosas que son importantes en la vida. Los momentos felices, las pequeñas cosas cotidianas, las horas de lectura, de charla con su esposa, las cenas con los amigos, los logros de sus hijos, el día a día…Y se esfuerza en respirar, en volver a su vida. Y así pasa día, tras día, tras día.

21 de jul. de 2009

Soy famosa

Cada vez tengo más visitas al blog, cosa que, por un lado, me encanta y, por otro, me pone un poco de los nervios. ¿Por qué, Jomeini? - me diréis, con razón. Pues porque cada vez más gente conocida se mete en el blog, sin yo saberlo. Así que, básicamente, no puedo contar que tal adjunta me parece una bruja que ríete tú de la de la Bola de Cristal o que tal residente se gasta un morro de cinco pisos. Me quedo sin poder hacer descripciones jugosas de mucha gente, porque, si las hago, son ampliamente reconocibles y pueden agarrarse un mosqueo más largo que el striptease de una momia. Ni siquiera puedo quejarme de mi suegra, sin que me den un tirón de orejas...En definitiva, que tengo que hacer un poco-mucho de autocensura.
Os pongo un ejemplo: el otro día, en quirófano, uno de los urólogos me pregunta:
- Oye, ¿tú tienes una página web o un blog o algo así?
Yo pongo cara de pasmo y digo:
- ¿Qué?
Aunque, en realidad, en mi interior suenan todas las alarmas (¿He hablado de él en algún lado del blog? No, creo que no)y suena algo así como ¿QUÉ?
- Sí, ¿tú no te llamas Hussein o algo así?
- Sí - reconozco a regañadientes - algo así.
- Es que me lo dijo el anestesista que trabaja conmigo en la privada...
¿Entendéis? Esto es muy pequeño y tal conoce a tal que conoce a cual. Con lo que me imagino una futura entrevista de trabajo:
- Ah, pero ¿usted no es la Dra Jomeini?
- Ejem...sí, digamos que es mi alter ego.
- Pues no la contrato: es usted mala madre, pésima conductora, blogoadicta...
De todas formas, hay más cosas positivas en el hecho de que la gente sepa que yo soy la Dra Jomeini que negativas. Y es que, aparte de que me sube mucho el ego el que alguien me encuentre tan entretenida como para repetir el leerme, conoces gente muy interesante en esta vecindad blogosférica. Prueba de esto es el artículo que me ha pedido que escriba la revista e-ras, que (increíble, pero cierto) cita mi pobre casa como uno de sus 40 blogs sanitarios favoritos, con figuras insignes como Miguel Ángel, Salva, Julio Bonis, Sophie o el mismísimo Gangas como compañeros.
Adjunto aquí el artículo de la revista e-ras:
Blogosfera sanitaria, Edificio Anestesia, 5º izquierda

20 de Julio del 2009
En el mundo de hoy en día, para realizarse, hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un blog. Yo puedo decir, orgullosamente, que he hecho ya las tres cosas. Bueno, lo del árbol, es un decir. En mis tiempos de colegiala, planté unas lentejas en un vaso de plástico con un algodón húmedo, pero compenso porque, en lugar de tener un hijo, he tenido dos. Por supuesto, con epidural.
Lo del blog viene de lo que me gusta mirarme el ombligo y reírme de mí misma. Por eso, no es asombroso la cantidad de blogs sanitarios que pueblan la blogosfera. Supongo que los motivos son, por un lado, que a los médicos (y, ahora, se nos unen los enfermeros), desde los tiempos de Arthur Conan Doyle, siempre nos ha gustado escribir y mirarnos el ombligo (con la ventaja añadida de que ahora se nos entiende la letra). Y, por otro lado, un blog dedicado a medicina triunfa en este país.
Todos los españolitos de a pie sabemos más que nadie de tres cosas: de fútbol, de política y de medicina. Si nuestro equipo gana un partido, nos damos unos a otros palmaditas por la espalda y nos decimos:- Uf, tanto esfuerzo mereció la pena –aunque lo que hayamos hecho sea inflarnos a pipas viendo a otros correr tras el balón - Ese gol podría haberlo hecho más elegante si hubiera regateado por aquí, pero bue…al final, salió bien.
Si hay un debate por el estado de la nación, todos sabemos lo que ZP debería hacer o dejar de hacer, con toda claridad de detalles.
Con la medicina, pasa lo mismo:
- Estoy tomando unas pastillitas para la tos que le vienen fenomenal al vecino del quinto – te dice el EPOC, desde su mundo azul violáceo.
- ¿Y los aerosoles que le recetó su médico de familia?
- Es que la vecina del tercero me dijo que a ella le habían dado más tos.
Por supuesto, la vecina del tercero tiene una autoridad indiscutible. Sin embargo, mi generación, la de los treinta y tantos, ha crecido sin conocer a sus vecinos más que de un educado hola y adiós. Y, a pesar de ello, nos zambullimos a diario en la vida de unos desconocidos, que se convierten, desde el primer momento, en nuestra vecindad blogosférica.
Cada día, nos llegan pacientes diciendo:
- Es que he leído en Internet…¿Usted no cree…?
Por eso, los blogs sanitarios son importantes. Son la vecina del 3º de la blogosfera. Y ,al igual que vecinos, los hay de varios tipos:
- Buenos vecinos: se actualizan, se documentan, son amenos. Cuando te invitan a su casa, todo está perfecto. Y entran en la tuya lo justo para no ser pesados.
- Vecinos anodinos: Están ahí, pero te aburren si te los encuentras. Y si no los encuentras, ni te acuerdas de que existen.
- Vecinos con diarrea mental: esos que enlazan un tema con otro, aunque se supone que deberían hablar de uno en concreto. Empiezan hablando de las complicaciones de la anestesia general y terminan parloteando de la última boda a la que fueron.
Me temo que a mi blog no le vendría mal un Fortasec.

17 de jul. de 2009

Cuento chino

Los anestesiocitos, en sus distintas fases de diferenciación, se pasan media vida en el Paritorio poniendo epidurales. De hecho, hace poco, en una reunión de residentes, el Dr Ginecorock, uno de los ginecólogos, hablando de la memoria que debemos realizar de cada año de residencia, me dijo:
- Por ejemplo, Jomeini, tú pones: al final de mi residencia, he puesto 300 epidurales.
- Eso lo he puesto sólo en lo que va de año - le respondí yo, coreada por una carcajada general del resto de los residentes.
Pero, a lo que iba. Como nos pasamos media vida poniendo epidurales, es inevitable que muchas de mis anécdotas tengan como marco el Paritorio. Anoche, me dí cuenta de que, aparte de dominar la técnica, además hay que saber idiomas.
Paritorio 1: Paciente de 29 años, china. Sólo sabe decir en español "sí" y "no". Superútil. Me gustaría saber cómo cuernos le explicaron el consentimiento informado (que está firmado).
- ¿Sabe hablar español?
- No, poquito.
- ¿Inglés?
- No
-¿Francés?
- No
Ya he agotado mi repertorio idiomático (No valen chistes fáciles, Dr Mapache).
- Marido- dice ella.
- ¿Su marido sabe hablar español?
- Sí
Bueno, menos mal. Busco al marido esperando ver aparecer al chino mandarín en persona. Pero el marido se llama Pepe Pérez y es canarión.
- Buenah - me dice, aspirando la "s" final.
- Hola, soy la Dra Jomeini. ¿Podría explicarle a su mujer que tiene que colocarse arqueando la espalda y estarse quietecita en esa postura aunque tenga contracciones?
Pepe Pérez se vuelve hacia la china y le dice tres frases que suenan algo así como Goñigoñigoñi chicuchicuchicu. La china asiente y se coloca.
- ¿Le podría decir, por favor, que si tiene alguna contracción me avise?
- Goñogoñigoñi chicuchicuchicu
- Hala, ya está. Ahora vamos a probarla.
Mientras cargo la medicación para poner la dosis test, le pregunto:
- ¿Y cómo se llama el niño?
- Sinyan Tinguaro Pérez Kumoto
Tócate los pies. Qué mal lo va a pasar el crío en el cole.
- Ah, qué curioso.

12 de jul. de 2009

Al agua patos

El Terro está aprendiendo a nadar. Eso significa que, al lado de la piscina, es un peligro público. Porque el Terro no le tiene miedo a nada. Se tira del bordillo y sale, todo apurado, moviendo descoordinadamente manos y pies a la vez, como si fuera un pulpo, con el culillo apuntando arriba hasta que se cansa y se agarra a donde puede (Ahí hay que tener cuidado porque si te agarra el bikini te deja en bolas y se queda tan fresco). Y vuelta a empezar. Y una, claro, con mil ojos porque, en una de estas no encuentra donde agarrarse y te hace una inmersión tipo Titanic. Anteayer, salió de la piscina, después de tirarse como veinte veces, con el pecho hinchado, como si fuera Superman y me dice: "Mamá, estoy orgulloso". Todavía está enfadado por la carcajada que le eché.

8 de jul. de 2009

Adictos al Propofol: I'm bad


Me he resistido, igual que me resistí a hablar de Obama cuando todo blogger que se precie opinaba sobre el tema de tener o no tener un Presidente "de color" (¿Los demás son incoloros?) danzando por la Casa Blanca. Pero es que el tema Michael Jackson y su Propofolazo es demasiado "anestésico" y, al final, me ha podido.
Confieso que, al principio, me quedé un poco perpleja: no sabía que existían adictos al Propofol. Y no porque sea una ingenua, que no lo soy. En mis tiempos de Urgencióloga, tuve que lidiar con todo tipo de intoxicaciones. Y cuando digo todo, quiero decir realmente TODO tipo de drogas: Speed-ball (Cocaína y heroína), Biberones o éxtasis líquido (que es ácido gammahidroxibutírico), Tripis o sellos o simpsons (LSD), el archiconocido chocolate (Cannabis), el Special K (Ketamina), los Red Bull (Ketamina con cocaína), la Eva (MDA)...en fin, muchos. Hasta una vez me tocó atender a un gilipollas que, como no tenía coca, aplastó una aspirina y se la esnifó. No hace falta decir que la hemorragia nasal fue de narices (Nunca mejor dicho).
Pues eso. Que,a pesar de todo esto, jamás había oído hablar de adicción al Propofol. Ahora, después de hablar de ello en mi servicio, sé que existe y que anestesistas, intensivistas y enfermeros de críticos somos su carne de cañón.
El Propofol es un hipnótico que se usa, habitualmente, en el Quirófano para inducir la anestesia o para sedar al paciente. Se caracteriza por su inicio de acción rápido y su también rápido despertar. Por lo tanto, no puede haber sido solicitado por Michael Jackson para tratar ningún insomnio, porque si lo hubiera hecho, cualquiera de sus médicos le habría respondido: "Eh, Michael, macho, que para una siesta de 15 minutos, como que no te merece la pena".
Sus efectos principales sobre el organismo son hipotensión, depresión respiratoria (Los pacientes se quedan sin respirar,en apnea, tras una dosis standar de inducción y, a veces, también en dosis de sedación, por lo que es tremendamente peligroso usarlo sin tener cerca medios con los que reanimar a la persona), disminución del flujo de sangre cerebral y disminución del reflejo nauseoso y de los vómitos postoperatorios.
En ningún lado, como puede observarse, aparece esa extraña parálisis de medio lado ("Tengo un lado frío y otro caliente", como la ducha), que cuenta la pseudoenfermera personal de Jackson, Cherilyn Lee, a quien quiera oírselo decir (supongo que obteniendo unos buenos ingresos por repetir la patujada esta). Lo que sí está registrado es un aumento de sueños y alucinaciones de contenido erótico relacionadas con el Propofol. Esto es porque el fármaco actúa, a nivel del sistema nervioso central, potenciando un neurotransmisor: el GABA, cuyo efecto inmediato es la desinhibición total. Y supongo que esto es, en definitiva, lo que atrae a los adictos.
En resumen, que yo no sé si Michael Jackson ha muerto de un Propofolazo o no. Lo que sí tengo claro es que no se lo puso para dormir ocho horas. Esta vez, el Propofol le garantizó el sueño eterno.

5 de jul. de 2009

La suegra

Me da terror que mis hijos crezcan por un sólo motivo: me pueden convertir en suegra. Y no hay nada que me dé más pavor. Una suegra es como esos muñequitos que se usan para las pruebas de seguridad de los coches: por más roces y choques frontales con su nuera, ellas siguen tan frescas.
- Hum, el flan te ha salido delicioso - me dice mi santo.
- Pues yo hago una tarta de manzana de chuparse los dedos - salta mi suegra.
A ver, ¿quién ha hablado aquí de tarta? Flan. F-L-A-N. Huevos, leche, caramelo, esas cosas.
- A Jomeini le queda genial la repostería - le informa mi santo, con una sonrisa (porque adivina los mordiscos que le estoy dando a mi lengua)
- Pues yo me acuerdo de una tarta que se quedó siglos en la nevera de casa sin que nadie se la comiese - responde ella.
Señooor ¿Qué cuesta reconocer que sí, que algo se me da bien?
Las suegras siempre, siempre saben más que tú de todo. Sobre todo, de su hijo. Y ya no te quiero contar de sus nietos. Y su frase preferida es: "Tú lo que tienes que hacer es..."
Acabo de bañar a los niños. Y estoy poniéndole crema balsámica al Terro para controlar una placa de dermatitis atópica que le ha salido en una pierna.
- Tú lo que tienes que hacer - dice mi suegra, mientras recoloca los adornos de la habitación y dobla la ropa que encuentra a su paso - es cubrirle bien esta zona de crema todos los días, que lo tiene fatal, el pobre.
ÑAM. Mordida a la lengua, de nuevo. Asiento y me callo por el bien común. No digo que es eso lo que hago exactamente tooooodas las noches de Dios, que ahora lo tiene fatal porque esta enfermedad tiene brotes, que eso lo sabré yo mejor que para algo me pasé seis años estudiando Medicina. Noooooo. No, señor. Mordida a la lengua y a callar.
Por último, da igual que lleves toda la vida con tu santo, que tengas con él dos hijos, que te ganes honradamente el pan y que no seas un cardo borriquero. Para una suegra, su hijo siempre podía haber conseguido algo mejor.
- Papá ya está viejito - dice Susanita esta mañana - porque le están saliendo canas.
- Mamá es más viejita que papá - oigo que le responde su abuela (Lo que, por otro lado, es verdad. Soy un año mayor que mi santo)
- Pues no - responde Susanita, dispuesta a defenderme a capa y espada - porque mamá no tiene ningún pelo blanco
Nota mental: algún día tendré que explicarle para qué sirve el tinte capilar, aunque aún no me haga falta.
- Ah, pero papá es más guapo.
- Mamá es una princesa - ole y ole
- Y tú eres mi reina.
Y es que, en el fondo, las dos, suegra y nuera, los queremos a los tres con locura. Y ese amor termina por conciliarnos. Aunque mi lengua quede un poco destrozada por el camino.

3 de jul. de 2009

Rotación por Rea

He empezado este mes a rotar en Reanimación, para que, según palabras textuales del Rey Sol (amo y señor de estos parajes), me "desasnen" (o sea, para que me quiten el pelaje de burrita que llevo encima).
Hay un dicho popular que cuenta que, una vez, todos los órganos del cuerpo se reunieron para decidir quién de ellos era el jefe. Algunos opinaban que debía ser el corazón. Otros votaban por el cerebro. Los menos (los borrachuzos de turno) preferían de jefe al hígado. De pronto, el culo dijo que quería ser el jefe. La carcajada fue unánime y el culo se fue,muy enfadado, de la reunión. Y decidió no funcionar. El atasco obnubiló al cerebro y bradicardizó al corazón. El hígado no daba abasto a metabolizar tanta toxina. Así que, al final, le dieron la jefatura al culo. (Lo cual demuestra que cualquier mierda puede llegar a ser jefe, pero esa es otra historia que no viene al caso). Pues bien, la Rea es el culo del servicio de Anestesia. O funciona bien o el resto sufre un colapso.
Porque, cuando uno entra a operarse de algo, no sale tan pichi del quirófano. Necesitas un tiempo, que puede ir de horas a meses, para recuperarte. El quirófano, como buen corazón del servicio, te bombea a la circulación general en cuanto termina contigo y te deja en las manos expertas del Rey Sol y del Dr McGuiver, que juegan, hábilmente, al Tetris con los que van llegando:
- Paciente de 39 años. Glioblastoma multiforme. Edema cerebral. Craniotomía descompresiva.
Y un hijo pequeño que no verá crecer. Hablas cada día con la familia, que se aferra a una brizna de esperanza, porque la esperanza es lo último que se pierde. ¿Dónde, si no es en la Rea, puede una anestesiomórula sentir que la vida es una mierda y, a la vez, tan apasionante?
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...