25 de feb. de 2009

De Sor Citröen y sus ancestros

Entre mis muchos defectos, figura el de ser una pésima conductora. Saqué el carnet de conducir a la quinta, con gran sacrificio por parte de mi padre que se pasó dos años dándome prácticas nocturnas. Lo recuerdo agarrado al reposabrazos, frenando en la alfombrilla del pasajero, mientras yo, convertida en el terror del peatón, avanzaba dando acelerones. No se le ponían los pelos de punta porque es calvo (O, para ser más políticamente correctos, en vez de entradas, digamos que tiene un abono de temporada).
Mi santo (que, el año pasado, debido a una fractura de muñeca que tuvo, fue mi pasajero durante casi dos meses) se comportó exactamente igual que mi padre:
- CUIDADO, ESO ERA UN STOP- gritaba, braceando con el yeso.
- ¿Ah, sí? No lo había visto. ¡Qué gracia!- si las miradas matasen habría caído fulminada en ese mismo instante.
- PERO, TÍA, QUE ESE TENÍA PREFERENCIA.
- ¿Seguro?¿Y por qué se ha parado entonces?
- ¿Será porque te has metido en todo el medio?
Como conduzco un Citröen C3, me gritaba:
- Sor Citröen, que eres como Sor Citröen.
Total, que siempre que salimos juntos a algún lado, conduce él. A no ser que sea su día de castaña. Pero entonces le da igual que conduzca Sor Citröen o Sor-bete (UFFF, éste ha sido realmente malo).
De todas formas, digo yo, que esto de ser mal conductor debe de tener algún tipo de base genética. Mi madre, que tan ufana presume de su "volkswanguito" arriba y abajo, conduce bastante peor que yo, que ya es decir. Y mi abuelo materno (en paz descanse), ya, ni te digo. Cuando salía de casa, como era muy religioso, siempre decía "Pon tus manos al volante y conduce tú, Señor". Pues sí, la verdad que era como si condujera Dios mismo. Es decir, alguien que jamás ha pisado una autoescuela. En el asiento del pasajero, oías a los demás conductores gritarle "HIJO DE PUTA", "CABRONAZO". Pero, como estaba sordo como una tapia, él seguía taque-taque-taque tan pancho, sin coscarse de nada, mientras tú te ibas hundiendo cada vez más en el abrigo, no fuera a ser que te relacionaran con semejante elemento.
En fin, vistas las nuevas medidas de control de velocidad puestas por tráfico, aquí, Sor Citröen, tendrá que pisar más el freno y menos el acelerador (Segundo propósito de año nuevo). Aunque mi última multa por exceso de velocidad fue por ¡ir a 70 km/h!

22 de feb. de 2009

Esa cosa llamada MIR II

El periodo de la residencia, cualquier periodo MIR de cualquier especialidad, es como comerse un queso gruyère.
El R1 ve el queso entero y se acostumbra a su forma y a su olor, pero todavía no lo ha partido, así que no sabe que el queso está lleno de agujeros.
El R2 parte el queso y empieza a ver todos esos agujeros, pero no les da importancia porque el sabor del queso es especial e intenso cada día.
El R3 es consciente de todos y cada uno de los agujeros del queso. Se ha convertido en un experto en su sabor, pero aún no lo suficiente como para probar otro tipo de quesos.
El R4/R5 está hasta los huevos de queso. Y lo que quiere es que le dejen elegir qué comer.
Cuando llega el primer año de adjunto, este queso, que has llegado a aborrecer, se convierte en la única vianda que llevas en la alforja. Debes, además, demostrar que sabes combinarlo con un buen vino. Y que eres un catador cuidadoso y con gusto. Hay un año, quizás dos, donde buscas el difícil equilibrio de la perfección. Luego, la suerte está echada: o le coges gusto al queso y te conviertes en un buen especialista o lo odias y te amargas (porque, después de todo, no tienes otra cosa que comer).
Yo estoy empezando a vislumbrar los agujeros de mi queso. Pero su sabor aún me parece el más maravilloso del mundo.

18 de feb. de 2009

Soy una mala madre


Susanita ha empezado este año, en el cole, a leer y a escribir. Y eso me ha enseñado lo mala madre que debo ser. Me explico. Todos los días trae una hoja para leer en casa. Por supuesto, no la lee sola. No tengo esa suerte. Hay que leerla con ella. Así que todos los días (incluidos sábados, domingos y fiestas de guardar), a la menda le toca tortura china. Imaginad la escena: yo y Susanita sentadas frente al libro, con el Terrorista alrededor metiendo baza cada 5 segundos. Él no sabe leer, pero le da igual. Se lo inventa. Y, de paso, no deja leer a su hermana.
- A ver, Susanita, ¿qué pone aquí?
- La-ra-na-se-se-ca-al-sol.
- Muy bien...¿y aquí?
Susanita se mira las uñas verdes de plastilina o se pone a mirar el paso de las nubes por los celajes.
- ¿Qué pone aquí?- repito, empezando a perder la paciencia.
- ¿Mamáááá, dónde se va el sol cuando se hace de noche? - lo cual te demuestra lo concentradísima que está en la lectura.
- QUE-QUE-PO-NE-A-QUI
- No me acuerdo
Tranquila, Jomeini, respira hondo y cuenta hasta veinte. Uno, dos, tres....
- A ver, Susanita, la pe con la e
- Pe
- La ele con la o
- Lo
- La te con la a
- Ta
- ¿Y todo junto?
- To-ma-te
¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHHH!!!!!Diosssss. Si yo hice Medicina para no tener que dar clase...
Pero lo que realmente me demuestra la madre horrible que debo ser es la escritura. El otro día, encontré una libretita que suele garrapatear de vez en cuando. Había escrito papá prinsipe (qué le vamos a hacer. Esto es Canarias, aquí la "c" y la "z" no existen), Terro juega y Mamá grita. Ohhhh, qué dolor de corazón. Yo, que siempre he dicho que no quería ser la típica loca que les chilla a sus hijos en el supermercado...Vale, puede ser que en el supermercado no, pero en casa parece que sí.
Así que, propósito de Año Nuevo (un poco tarde, pero más vale tarde que nunca): tener más paciencia. Mucha, muchíííísima más. Y bajar el volumen.

11 de feb. de 2009

Profesión: sus labores


Cuando se van acercando los carnavales, todos los años, llega del colegio de mis hijos un papelito diciendo: "Para el festival de Carnaval, este año, los niños van a disfrazarse de tal cosa. La tela está reservada en tal sitio y la idea del disfraz es esta". Te adjuntan un dibujo de una camisa o de un gorro, que cada madre interpreta como le da la gana (Al final, los disfraces se parecen sólo en la tela). Pero les falta añadir "Arreglatelas como puedas. Y si no sabes coser, te jodes". Lo confieso. No sé coser. Lo único que coso son botones y eso cuando no me queda más remedio. Hasta los puntos de las vías centrales se me dan fatal.
Y eso que fui a un colegio de monjas, donde se daba una asignatura llamada, muy explícitamente, "Hogar", donde te enseñaban a hacer punto de cruz en tapetitos y ganchillos para poner sobre la tele (Y completar el museo de los horrores con la gitana y el toro). En otras palabras, una asignatura de lo más útil para el día a día. No aprendí jamás. Me llevaba los tapetes a casa y me los terminaba mi abuela. Teníamos una profesora de Hogar más vieja que Carracuca, cuyo entretenimiento favorito era gritar "SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS" cuando la clase estaba en silencio. No aprendí a coser, pero estuve a punto de entrar en fibrilación ventricular varias veces.
Pero, a lo que iba: cuando llegan los carnavales, toooodas las madres del colegio hacen los disfraces de sus hijos menos yo, que busco a quien endiñarle el muerto tooodos los años. Este año le va a tocar a mi suegra (aunque ella todavía no sabe la que se le viene encima). Este fin de semana nos vamos a Madrid y me voy cargada con las telas y los dibujos para que los interprete. ¿No quería nietos? Pues, hala, dos tazas.

8 de feb. de 2009

Los árboles bailando


Desde que yo era un mico y durante muchos años, al borde de la carretera que iba hacia mi casa, había una pareja de árboles más altos que los demás del camino. Uno de ellos tenía una rama frondosa, más baja que el resto de la copa, que hacía el efecto de una melena al viento y dos ramas casi sin hojas, un poco más abajo, que se entrelazaban con las ramas de su compañero. Parecían un matrimonio bien avenido bailando un vals mecidos por la brisa suave.
Hace unos años, el huracán delta partió de cuajo la base del árbol-hombre y rompió la melena del árbol-mujer. Desde ese momento, ella se quedó sola, con sus ramas-brazos asiendo la nada. Y yo, cada vez que paso por "los árboles bailando", echo de menos a su pareja. Se la ve tan sola...
A cualquiera de nosotros le puede tocar. La vida no es más que un juego de azar cruel. Así que, mientras la brisa esté en calma, bailad, bailad y disfrutad cada minuto como si fuera el último.

7 de feb. de 2009

¡Qué cosas tiene el midazolam!


La Señora G, antigua enfermera de quirófano de taitantos años, espera en preanestesia a ser operada de una fractura de cabeza de húmero, previa dosis de midazolam.
- Dr Raikonnen: Hola, Sra G, soy el Dr Raikonnen, el anestesista de guardia.
- Sra G: Uau, carne fresca. Lo siento, chico, hoy no puedo meterte mano.
El Dr Raikonnen, dos días después, todavía debe tener cara de pasmo

4 de feb. de 2009

Guardia de domingo


Partamos de la base de que el paritorio es, para el anestesista, un territorio hostil por varias razones:
1) Está lleno de pacientes que, si les pasa algo (y les suele pasar) tienen siempre una vía aérea difícil porque las tetas les llegan a la garganta y han subido unos kilitos de más.
2)La máquina de anestesia es del jurásico. Entendámonos: es como si una estuviera acostumbrada a pilotar una lanzadera espacial toda chula y modernísima y un día llegas y te la han cambiado por el Halcón Milenario, con cinta adhesiva para sujetar los rotores.
3) Hay ginecólogos y ginecólogas. Y , aunque yo me llevo muy bien con ellos/as (De hecho, uno de mis tíos preferidos es gine y varios de mis amigos también), una conocida psiquiatra siempre dice que el mejor ginecólogo es el ginecólogo muerto.
4) Y hay matronas de todos los gustos. Algunas dulces y deliciosas como el chocolate con sus pacientes. Y otras que son cardos borriqueros.
Pues bien, ese fue el escenario principal de nuestra guardia de domingo. Mientras la Dra Fashion (una de mis R3, que será en su día una adjunta fabulosa) revisaba los tratamientos de Recuperación, yo subí a la jungla a poner epidurales.
Me asaltan en la puerta
-Oigaoigaesquemihijaestádentroynosénadadeella¿sabecuándosalenainformar?
-Mire,es que yo...
-Esquestoymuynerviosaporqueesmiprimernietoylasvecinasdicenquelabarrigaestabademasiadoalta
Intento meter una palabra, aunque sea de canto
-Sí, pero escuche...
-Ynoquieroqueseaunacesárea¿sabe?
- Carmita, cállate, que no la dejas hablar - dice un señor.
¡Gracias al cielo!
-Mire, es que yo sólo venía a poner una epidural...
-¡Ah!- dice la tal Carmita, con cara de corte. Tanta que me da pena.
-Tranquila. Ahora digo dentro que quiere usted información ¿vale?
Sonrisa. Antes de que me espete otra parrafada, desaparezco tras la puerta, como el conejo de Alicia.
Cuando he puesto dos epidurales, me llama la Dra Fashion. Hay una urgencia de cardiaca. El paritorio está en el segundo piso y nosotros nos movemos, estilo Gollum, en el submundo de los quirófanos. Así que bajo. Básicamente, a estorbar, porque la anestesia de cirugía cardiaca está a años luz de lo que puedo controlar como anestesioblasto, pero flipo con lo que hacen ella y nuestro adjunto de General, el Dr Tai Lung.
Cinco epidurales, dos fracturas, una barriga y una retención de placenta más tarde, podemos levantar los pies y suspirar...hasta el viernes que repetimos, como las natillas Danone.


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