- Día de Reyes
Es una de esas preguntas absurdas de los niños...¿o no? ¿Quizás deberíamos llamarlo de otra forma?¿Qué tal "Día de la tarjeta Visa echando humo"?¿O "Día antiecología"? Después de todo, es el día en el que más papel se gasta, más basura se produce y más pilas se usan. Tooodos los juguetes llevan pilas...y para ponerlas hace falta un destornillador y un poco de pericia. Pericia que te falta porque has dormido menos que en una guardia...¿Por qué?Porque...¡Oh, sorpresa! Los Reyes son los padres. Así que los sufridos padres (y, en nuestro caso, también los tíos y los abuelos) deben esperar a que los dos enanos, que están como una moto, se duerman. A ver quién es el guapo que los convence de dormir después de haber ido a ver a sus ídolos a la Cabalgata, donde, aparte de algún que otro caramelazo en la cocorota, se han quedado afónicos de tanto gritarle a los Reyes y a Papá Noel (que digo yo que qué pinta en una Cabalgata de Reyes, pero sale todos los años) que les traigan "el barco de Polly Pocket" y "el castillo de los Clics" a un volumen que no tiene nada que envidiarle a Plácido Domingo en sus mejores tiempos. Total, que llegan a casa, botando como el Correcaminos, a un nivel de histerismo superlativo.
Cuatro horas más tarde, cuando se duermen (después de los "quiero agua"-"quiero pis"- "quiero simplemente dar la coña"), hay que empezar a rescatar los regalos de los sitios donde los escondiste para que ellos no los vieran. Alguno lo escondiste tan bien que ni siquiera tú lo encuentras (Y en Marzo, abres un cajón para buscar aspirinas y encuentras la cartera que habías pedido a los Reyes, que ya dabas por perdida). Hay que envolver aquellos regalos que aún te queden sin envolver. Hay que tomarse los licores que los niños les dejan a los Reyes, que ya podrían dejarles un Cola-Cao calentito, que a las dos de la mañana el orujo sienta a cuerno quemado.... Hay que vaciar en el fregadero el agua de los camellos (Sí, ya sé que también podría vaciar el orujo, pero mi alma borrachina se rebela ante tamaño sacrilegio...¡Qué le vamos a hacer!). En resumen, te acuestas a las tres o las cuatro, con suerte. Y a las siete o´clock tienes a las dos fieras saltando encima tuyo
- Mamá, Papá, que ya llegaron los reyes
- No me digas...
Te levantas, arrastrando la pernera del pijama, para que desempaqueten en dos segundos lo que te ha costado horas empaquetar. Tiene su encanto...un poco masoquista, pero lo tiene. Igual que el reunir a toda la familia para desayunar, después, roscón y chocolate (que prepara mi padre todos los años),
Sin embargo, el verdadero "encanto" del Día de Reyes viene después: el día 7, cuando tienes que buscarle sitio en una casa atiborrada de cosas al trasto del Barco de Polly Pocket y al no menos trasto del Castillo de los Clics.












