miércoles 11 de noviembre de 2009

Ateísmos varios

Todo hay que decirlo. Tanto mi santo como yo somos bastante ateos. Por no decir del todo. Él, porque le criaron así. Yo, porque diez años en un colegio religioso terminaron por sobresaturarme de por vida. Así que Susanita y el Terro son unos incultos en cuanto a religión e ideas religiosas se refiere. Me di cuenta un día que nos cruzamos con una procesión:
- Mamá, - pregunta el Terro, a su volumen pitezco habitual, que si no le oyen en China es porque están durmiendo - ¿quién es ese señor con los pinchos en la cabeza?
- Jesús, hijo, Jesús - le expliqué. Más que nada por acallar las miradas hirientes de las ñoras beatas de los alrededores.
- ¿Y por qué lo llevan allí arriba?
Qué ganas de decir: "Porque remató la faena y le han dado una oreja, hijo". Pero contuve mi lengua. Por si me linchaban. Y expliqué:
- Porque celebran que murió por todos los hombres.
- ¿Y por todos los niños?
- Y por todos los niños.
El Terro inspecciona la mirada doliente de la talla, la corona de espinas, la postura encogida con el taparrabos y las gotas de sangre. Me mira y decide:
- Por mí, no.
Hoy he vuelto a recordarlo al oír una conversación entre mis hijos. Susanita está empezando a dar clases de religión en el colegio, que subsanan, de esta forma, nuestras deficiencias. Así que, muy ufana ella, trataba de explicarle a su hermano el milagro de la navidad.
- Y llegó el ángel Gabriel y le dijo a María que iba a tener un bebé con la paloma.
Señoooor. Y luego se quejan de que los curas tengan inclinaciones raras. Con semejantes enseñanzas.
- Y no encontraban hotel donde quedarse, porque estaban todos llenos.
Sí, en vez de Benidorm, ese año todos los guiris decidieron reservar un dos por uno a Belén.
- Entonces, el dios malo de los romanos los perseguía para matar al bebé de la paloma.
Y dale.
- Y luego llegaron los Reyes Magos y les regalaron oro, rimas y serrín
Después de todo, ¿quién quiere mirra e incienso teniendo rimas y serrín?

lunes 9 de noviembre de 2009

Aguas menores

El paritorio tiene en mí un efecto diurético. Lo separan de los quirófanos centrales cuatro pisos de escaleras y un pasillo más largo que la esperanza de un pobre. Las ganas de mear me empiezan cuando voy por el segundo tramo de escaleras, detrás de la señora de 70 años con la rodilla fastidiada que no sé por qué cuernos no coge el ascensor y que lleva siempre a su lado a un solícito marido de unos 80 años, bloqueando el hueco completo y no dejándote pasar. Una vez que ambos alcanzan la planta de salida, pongo el turbo para bajar las dos plantas que me quedan. Pero, como en Le Mans, hay una curva peligrosa antes de tomar la recta final. En esa curva está la salita de espera de familiares, que, apenas ven llegar a alguien vestido de verde, se despliegan como un escuadrón de combate y te acorralan.
- Perdón, ¿sabe qué tal va Zutanito Zutánez?
- ¿Y Menganito Mengánez?
- No, lo siento - les digo (en plan corredor de footing parado en un semáforo, subiendo y bajando las piernas para no mearme) - lo tendrá que preguntar a los de Información.
Una vez superada la curva peligrosa, me enfrento a la recta. Voy como el corredor de marathon, con el culo apretado y las piernas juntas. A pasitos cortos pero rápidos. Qué me meo, qué me meo. En esto me para una enfermera de quirófano.
- Oye, Jomeini, ¿la apendicitis que va ahora es por laparoscopia?
No lo sé. Y además no quiero saberlo. Sólo quiero llegar al baño. Una insoportable presión en mi vejiga se encarga de recordármelo y de anular mi cerebro para que no pueda pensar en nada más.
- Ahora lo averiguo. Voy al baño.
Llego a la puerta del WC, como el naufrago a su isla. Cierro y tiro de la cuerdecita que cierra los pantalones del pijama. La cuerdecita, pasada por tantos y tantos lavados, se rompe. Y el nudo queda aún más apretado. No hay manera de bajar el pantalón. Bailando la yenka dentro del servicio, me levanto la camisa del pijama para desabrocharlo como pueda e, instantáneamente, se me caen todos los bolígrafos del bolsillo superior y las monedas del inferior. Me acuerdo de la familia y de todos los descendientes hasta la prehistoria del hijo de su madre que inventó la cuerdecita de marras. Al fin, consigo desatar el nudo y en posición, soltar aguas menores...UFFFF. Qué alivio.

domingo 8 de noviembre de 2009

Pongamos que hablo de Madrid

Me he pasado el fin de semana en Madrid. Y me ha sabido a poco. Siempre me sabe a poco. Entendámonos: soy tinerfeña. Y a mucha honra. Pero, cuando elegí hacer mi residencia de Familia en Madrid, no sabía que aparte de años, iba a dejar en esa ciudad un cachito de mi corazón.
Me fui, entonces, bastante dudosa. Eso de que me iba "donde el mar no se puede concebir" es como una losa al cuello de una isleña, acostumbrada a que su horizonte sea agua. Me fui para tres años y me quedé ocho. Mi marido es madrileño. Susanita también. Ahora, volvemos cada mes y medio a "matar el mono" de Madrid. A salir por la mañana, con el frío seco y el vaho de las calefacciones flotando en el aire turbio. A oír como la ciudad se despierta y zumba como un enorme enjambre.
A pesar de que creo que tomamos, en su momento, la decisión correcta (Indudablemente, la calidad de vida es mejor en Tenerife), hay miles y miles de pequeños detalles que hacen que eche de menos Madrid.
El viernes por la noche tomamos un taxi para ir a cenar. Mi santo, mis cuñadas y yo.
- ¿Dónde queréis que os lleve, majetes? -pregunta el taxista.
Paquirrín, que, aparte de ser adicta a las compras en los chinos, es una especialista en recorrer la ciudad en taxi, le dice:
- Pues vamos a la calle Pelayo, pero vete por nosedónde y no vayas por nosecual, que el otro día me comí un atasco de mil pares
- Eso será por las obras, que está Serrano que parece Bosnia. Ahora, Bosnia con lucecitas. Que estamos en crisis pero si no se encienden las luces de navidad, a la Espe le da algo.
Y es que, entre las cosas que echo de menos de Madrid está la gente. El salero de los taxistas, de los camareros, el "ej que" de los madrileños... aunque en Madrid ya no haya nadie de Madrid y Sabina quiera volver al Sur donde nació.

martes 3 de noviembre de 2009

EnREDada


Os dejo este link, que demuestra que de vez en cuando me dejo "enredar" para hablar de política
Y éste otro para que veáis que no siempre me enredo yo. A veces, me enredan y no me entero. Que esto lo publicaron en www.anestesiados.com el 24 de Octubre y yo no sé por qué cuernos no se me actualiza la lista de enlaces. http://www.anestesiados.com/2009/10/24/el-blog-de-la-dra-jomeini/

domingo 1 de noviembre de 2009

España cañí


Situación en una teleserie americana, estilo "Anatomía de Grey" o similar:
Paciente en la camilla, con el gorro de quirófano perfectamente colocado en un azul cielo inmaculado, dentadura perfecta, tapada con la sábana hasta la nuez. A su lado, la médico con bata (se la trae al pairo que al quirófano no se pueda entrar con bata) y fonendo (así sea traumatóloga). En absoluto nerviosa. En la cabecera de la camilla, un auxiliar digno de salir en la portada del Cosmopolitan o en un anuncio de Coca-Cola light. O sea, un tío de toma pan y moja. Entran en el quirófano, donde todo el mundo está preparado, todos con la mascarilla puesta. La misma médico que le opera es la que decide la anestesia (¿Es que no hay anestesistas en EEUU?¿O es que no sale rentable contratar actores para ese papel?), si el paciente se para ella misma reanima, sin despeinarse un pelo y sin que se le corra el rímmel. Y, con la mano libre, te hace unas croquetas de chuparse los dedos.
Situación real como la vida misma:
Paciente en la camilla, con el gorro de quirófano colocado sobre la oreja derecha, en plan boina. A medio tapar porque la sábana es muy corta y no llega a la nuez. Le faltan tres dientes arriba y cuatro abajo y apesta a tabacazo a diez millas a la redonda, la madre que lo parió. A su lado, la médico, con las gafas y las ojeras por la barbilla porque su hijo de 4 años la despertó 4 veces la noche pasada porque tenía miedo. El fonendo tiene un trozo de esparadrapo en la membrana porque está rota y no ha tenido ni tiempo ni ganas de ir a comprar una nueva. Eso sí, nada nerviosa. Más bien, hecha polvo. En la cabecera de la camilla, un auxiliar de unos 50 años, con el pijama tan retrincado que parece que se lo metió con calzador y doble papada. Digno de un anuncio, como mucho, de Chorizos Revilla. Entran en quirófano. No hay nadie. Y falta la torre de cirugía endoscópica. Hay que buscarla. Falta una pala del 4. Hay que buscarla. El pulsioxímetro deja de funcionar cuando la máquina toma la tensión, a pesar de estar colocados en brazos diferentes, por esas idiosincrasias que tiene la técnica. La médico sólo anestesia. No se acerca al campo quirúrgico ni con un bichero. Eso sí, si el paciente se para, reanima ella, que como reanime el otorrino íbamos listos. Pero si tiene que hacerlo, el corazón le baila la sardana en el pecho. Para hacer croquetas, ya está su santo (que le salen de vicio). Y el rímmel se secó de no usarlo.

jueves 29 de octubre de 2009

En las nubes


Las mujeres tenemos un don que no tienen nuestros oponentes masculinos. Ese don es hablar de un tema mientras tienes la cabeza en las nubes, pensando en otra cosa totalmente distinta. Es algo sano que preserva tu salud mental y que nos ahorra un pastón en psicoanálisis. Ojo, no digo que los hombres no lo hagan, no. Pero a ellos se les nota que están a por uvas.
- ¿Sabes? - le digo a mi santo, que tiene la vista fijada en el partido de fútbol - He conseguido cambiar esa guardia que te dije.
- Ah, ¿sí? - me responde, mientras su cabeza está a años luz, pensando en el próximo regate o en lo mal que está pitando el árbitro.
- Y me he echado un amante en el trabajo.
- Ah, qué bien.
Una de dos: o le importa un pito o no me está haciendo ni puto caso. Me decanto, obviamente, por la segunda opción. En cambio, una puede asentir con cara de pena mientras tu vecina te habla de sus mil y un achaques a la par que tu mente está por los cerros de Úbeda sin que se note lo más mínimo.
Pero está claro que no todo viene determinado genéticamente. Es éste un don que hay que cultivar y perfeccionar con la práctica y la experiencia. Y, por supuesto, nunca jamás debes dejar que la otra persona se dé cuenta de cuan lejos está tu mente.
- Toto - le pregunta mi hija a su abuelo - ¿por qué plantaste esas plantas ahí?
- Pues mira - empieza mi padre, enamorado de su huerta - la platanera tuvo unos cuantos hijitos y hay que quitarlos de al lado de la planta madre porque si no se beben toda el agua. Así que hay que trasplantarlo. Para eso, hacemos un hoyo, sacamos con cuidado las raíces...
Nadie duda de la total atención de su nieta, hasta que llega el Terrorista y, sorprendido, pregunta:
- Toto, ¿por qué plantaste esos árboles ahí?
- Porque no tenía nada mejor que hacer - le responde su hermana.
Definitivamente, le hace falta un poco de práctica.

martes 27 de octubre de 2009

Crónicas de congreso III/III: Aprendiendo ecografía


Hace ya meses, mi primo (que esperaba el nacimiento de mi primera sobrina) me mandó por email una ecografía del tercer trimestre, donde se distinguían claramente los ojos, la naricita, los labios y una mano de mi futura sobrina. Le contesté: "¡Qué sobrina más bonita que voy a tener!". La respuesta fue: "Gracias a Dios. Eres la primera que no me pregunta que qué cuernos se ve en esas líneas de puntos".
Esa maraña de puntos, líneas y sombras que forman la ecografía es una de las muchas habilidades que debo adquirir a lo largo de mi formación como anestesista. Por eso me apunté a uno de los talleres del Congreso de la ESRA sobre ecografía básica. Porque, a pesar de haber sabido interpretar la ecografía de mi sobrina, en ese campo estoy más pez que las sardinas.
Planteamiento del taller: 2 mesas, 2 profesores, 2 ecógrafos, 6 alumnos por profesor y dos modelos humanos: uno estilo Igor Yebra, alto, guapo, tabletita de chocolate. El otro, estilo Fernando Esteso, bajito, gordito, magdalena de chocolate.
Por Dios, por Dios, que me toque Igor, que me toque Igor. No porque estuviera bueno (que también. Para qué negarlo. Después de todo, una es humana), sino porque cuanta menos grasa, más fácil es localizar las estructuras. Pero no. Por supuesto, fui asignada al grupo de Fernando Esteso.
_ Bueno - dijo la profesora - voy a explicar el bloqueo axilar. Esto es lateral. Esto es medial. Aquí vemos la arteria. Esto es la vena. Y aquí, como una boina, está el nervio mediano.
Oooh. Qué fáciles son las cosas cuando te las cuentan bien.
- A ver, Jomeini, ahora tú.
Pongo la sonda del ecógrafo en la axila del Fernando Esteso. A primera instancia, lo único que veo son pelos alrededor de la sonda (y de mis dedos. PUAGH), pero nothingdeplasti en la pantalla.
- Busca la arteria - me dice la profesora.
- Es eso que late - apunta la enteradilla del grupo. En todos los cursos, siempre hay una enteradilla. No falla.
Veo un agujero negro, como el de mi cuenta corriente, en el centro de la pantalla. Efectivamente, late. Pero a su lado no hay vena.
- No aprietes tanto, que colapsas la vena - me advierte la profesora.
- Uy, perdón - estoy dejando a Fernando Esteso sin circulación en mi afán de vislumbrar algo. De repente, hago un balanceo suave con la sonda y aparecen. Ahí están delante de mis narices la arteria, la vena y el nervio mediano con forma de boina. Toco suavemente la pantalla sintiéndome como la niña de Poltergeist.
- Están aquííí - se me escapa sin poderlo remediar.
Pero mi gozo es efímero. Otro suave balanceo y desaparecen de mi vista, mientras capas de grasa los ocultan. Observo, con envidia mal disimulada, las pantallas de los afortunados que se ocupan de las dos axilas depiladísimas y perfectas de Igor Yebra y suspiro, mientras vuelvo a intentarlo. Ya lo dijo Napoleón: "La victoria pertenece al más perseverante". Perseveremos, pues.

lunes 26 de octubre de 2009

Crónicas de congreso II/III: Pamplona

Uno de mis defectos (aparte de los reseñados en este blog aquí, aquí, aquí y aquí) es que tengo menos orientación que el asesor de moda de las hijas de ZP. Digo yo que, con 480 asesores en nómina, da para que tus hijas no hagan el ridículo vestidas de Morticia Adams en la Casa Blanca.

Pero a lo que íbamos: que me sueltan en el patio de mi casa y me pierdo. Pues eso precisamente es lo que me pasó al intentar ir de pinchos (perdón, pintxos) en Pamplona.

Miss Mariposa, la Dra Olivia y yo, después de un cóctel de bienvenida bastante austero, decidimos llenar la panza en el Bodegón Sarriá. Y, después de haber dado cuenta de un caldico y otras viandas, emprendimos el regreso al hotel con la satisfacción que da la barriguita llena. Pero, ay, una de dos: o nos habían cambiado las calles o nos habíamos perdido en el camino de regreso.
Como Miss Mariposa estaba hablando con su novio por octava vez esa noche (el amor es lo que tiene), la Dra Olivia y yo nos acercamos a preguntar al primer paseante que avistamos.
- Perdone, ¿el hotel Tres Reyes?
- Querrá decir el Dos Reyes
- ¿Cómo?-hubiera jurado que a la ida era un triunvirato.
- Sí, aquí estamos en un reyno racista y el rey Baltasar no existe.

Es que los atraigo, leñe. Donde voy siempre me topo con el friki del pueblo.


Gracias al Señor de los aviones y al Señor del juego de la maquinita que impidieron que nos perdiéramos de nuevo al día siguiente. Nos enseñaron Pamplona, sus pintxos y lo "suyos" que eran los navarros. Y nos aguantaron estoicamente.

domingo 25 de octubre de 2009

Crónicas de congreso I/III: Barajas


Uno de los principales inconvenientes de vivir en una isla es el tener que coger un avión hasta para mear. Eso hay que añadirlo a que uno de los principales inconvenientes de estar casada con un madrileño es que Barajas es tan conocido como tu cuarto de baño. Generalmente, una no presta atención a su cuarto de baño cada vez que entra. Te limitas a hacer tus cosas y ya está. Pero cuando una se tiene que estar cuatro horas en el cuarto de baño (camino de Pamplona), se fija en múltiples detalles que pasan desapercibidos en una meada rápida.
Salvando lo escatológico de la metáfora, al ir a la ESRA, hicimos una escala de 4 horas en Barajas. Miss Mariposa colocó sus pies, calzados con unas sandalias de tiras moradas (apropiadísimas para el clima navarro), sobre su maleta y se quedó frita. Con lo que a mí no me quedó más remedio que entretenerme en observar el panorama. Y hay que ver la de personajes, personajas y personajillos que pululan bajo las alas del techo de la T4. Me arrellano en mi silla y lanzo una reposada mirada circular. Cuento en total, 17 personas. Ellos me miran. Yo les miro. En realidad, nos miramos unos a otros como los animales de la misma especie que se olfatean al coincidir en un claro del bosque. Esas personas y yo nos sentimos hermanadas por el hecho de coincidir en este momento. Podríamos haber elegido entre infinidad de opciones y nos hemos decantado todos por la misma. Frente a los espectadores sentados en las sillas, pasa un hombre moreno, con rasgos marcados y con dos sombreros en la cabeza (uno envuelto en una bolsa, sobre otro más ancho). "Macho"- habría que decirle - "que la otra cabeza no necesita sombrero. Como mucho, gorro.". Otro pasa, en sentido contrario, cantando a voz en grito una serenata a una supuesta amante, que, seguro, le escucha arrobada al otro lado del teléfono móvil
- Te quiero taaanto - desafina, sin importarle las miradas del patio de butacas que lo observan a su paso.
Una mujer, ataviada con los ropajes típicos de Nigeria, pasa dejando entrever unas perfectas piernas morenas entre tejidos de seda dorados. Dos niñas pijas, con botas de cowboy y divinos megacuerpos, hechos a golpe de Pilates, cruzan por delante nuestro hablando:
- He quedado con unos amigos para hacer una visita por San Sebastián.
- Uy, ¿crees que podremos hacer una paradita en alguna tienda de Mango?
Por la terminal de un aeropuerto, lo mismo que por nuestra vida, pasan personajes de pasada. Personas con vidas propias que, por un instante, se entrelazan con la nuestra, formando un complejo tapiz de idas y venidas, ajenas, todas ellas, a las demás.
En la T4, hay un mural con una frase de Miguel Hernández, que le viene a mis pensamientos como anillo al dedo: "Alrededor de tu piel/ ato y desato la mía". Seguramente, alguien, haciendo otra escala de tropecientas horas, debió de tener los mismos pensamientos que yo ahora. Y decidió ilustrarlos con un mural. De repente, llega una azafata y anuncia el embarque de nuestro vuelo. Miss Mariposa, recién sacada de su sueño, se frota los ojos. Y yo me abro paso entre pasajeros malhumorados, sintiendo que acaban de bajar el telón.

jueves 22 de octubre de 2009

Ayuno preoperatorio

Como ya dijo Martín en este estupendo post, para operarse hay que estar en ayunas. ¿Por qué? No porque los anestesistas y sus blastos seamos seguidores del Islam y hagamos Ramadán perpetuo. O directamente, con perdón de la expresión, queramos joder la marrana al personal. No. Uno de los riesgos mayores de la anestesia general es el paso del contenido ácido del estómago a los pulmones. Cosa más fácil porque, cuando estamos sometidos a una anestesia general, perdemos los efectos protectores que impiden este paso de alimento al pulmón. El ácido produce una inflamación pulmonar importante y muy grave, que, en determinadas ocasiones (unida a otros problemas del paciente) puede llegar a ser mortal.
¿Cuántas horas debemos dejar pasar como mínimo? Si hemos tomado agua, zumos o té, 2-3 horas (2 en los niños, 3 en los adultos). Si lo que hemos ingerido es leche, 3 horas. Y si es una comida sólida, de 6 a 9 horas, dependiendo de que sea una ensalada o dos Big Mac con ración extra de papas fritas.
Pero la cosa no queda ahí: hay determinados aspectos que retardan el vaciamiento gástrico, lo que hace que el número de horas total aumente. Por ejemplo: el embarazo (por favor, señoras, se los ruego, antes de ir a parir abstenerse de ponerse hasta las trancas de fabada con chorizo), la diabetes, las obstrucciones intestinales (como una apendicitis), los accidentes...
Sirva de ejemplo del valor del ayuno esta conversación cazada, hace unos días, en la sala de Preanestesia. A un lado, el Sr. T (no, no es Richard Gere): 70 años, delgado, con una leve semejanza capilar al Pájaro Loco. Al otro, la Dra del Bolso de Gucci, perfecta, ella.
- Hola, Sr T, soy la Dra del Bolso de Gucci. ¿Está usted en ayunas?
- Pues mire, yo me levanté a las 7. Y me desayuné un café con leche con tostadas.
Vale, 6 horas de ayuno, mínimo - piensa la Dra.
- Luego, me fui a por el pan. Y me encontré con Paquito. Y le dije: "Paquito, hombre, cuánto tiempo, venga te invito a unos churros, que por aquí los hacen de muerte". Y nos fuimos los dos a comer churros con chocolate.
En fin, añadamos 3 horas más a las 6 anteriores. Unos churros, por Diosss.
Y después de los churros, me vine a casa. Y me puse a ver La Ruleta de la fortuna, que siempre me da un hambre de mil demonios. Y me acordé que había traído del pueblo un salchichón de matanza, que está de pecado mortal. Así que me corté unas rodajitas con el pan...
Me niego, esto ya es mucho.
- Sr. T ¿usted no sabía que para operarse tenía que venir en ayunas?
- ¿Ah, sí? Anda, la ostia.
Pues eso.

lunes 19 de octubre de 2009

Me voy de congreso

Entrevistamos, en quirófano, a la anestesioblasta bloguera más guapa y simpática de la blogosfera (Ya que me entrevisto a mí misma, me echo flores. Faltaría más). Nos recibe con una sonrisa tras la mascarilla, a pesar de que son las tres de la mañana y sigue currando.
EPS: ¿Te vas al congreso de la ESRA, no, Jomeini?
DJ: Pues sí. Nos vamos el miércoles a primera hora de la mañana, Miss Mariposa y yo.
EPS: ¿Y a qué vais?
DJ: Bueno, llevamos tres pósters. Nos hemos apuntado a dos talleres. Y esperamos ver algo de Pamplona, que no la conozco.
EPS: ¿Qué es la ESRA? ¿Puedes explicarlo para nuestros lectores?
DJ: Es la European Society of Regional Anesthesia and Pain Therapy. O, en cristiano, la Sociedad de Anestesia Regional y Tratamiento del Dolor.
EPS: Mientras estés en Pamplona, ¿vas a postear? ¿O nos vas a dejar abandonados como el desodorante?
DJ: Dejaré programada una entrada de Preguntas frecuentes y prometo una crónica a la vuelta.
EPS: ¿Y Susanita y el Terrorista?
DJ: Se quedan con mi santo, que espero que sobreviva.
EPS: Pues que te lo pases muy bien
DJ: Muchas gracias. Y ahora lárgate del quirófano, que me gustaría extubar al paciente.
EPS: Uy, sí, perdón.

viernes 16 de octubre de 2009

Teorema de los brasas

Tengo la firme teoría de que hay individuos en este planeta que han nacido para ser brasas. O, lo que es lo mismo, pesados, plomos, cargantes, fastidiosos, tediosos, mortalmente aburridos...Como podéis comprobar, existe una amplia variedad de sinónimos al caso en nuestro idioma, lo cual demuestra la alta densidad de brasas existentes por metro cuadrado. Al menos, en mi entorno.
Está el tipo I de brasa: el brasa repetitivo. Es aquel que cuenta un chiste, te lo explica y luego lo repite hasta la saciedad.
- Dije que iban dos y se cayó el del medio ¿Lo oíste, Jomeinita? - uno de los enfermeros de quirófano es un brasa I, sin diagnosticar.
- Sí, lo oí, je,je - una esboza una sonrisita de compromiso.
- ¡Qué simpático!¿Lo oíste? -le pregunta al que está al lado tuyo y que, a menos que sea sordo, evidentemente lo ha oído.- Dije que iban dos y se cayó el del medio - Y lo repite a todos y cada uno de los presentes. Y luego para sí mismo una o dos veces más.
Luego, está el brasa tipo II: el brasa insistente o el brasa del bolígrafo verde. Lo del bolígrafo verde viene del siguiente chiste (malo, a más y no poder):
- Padre, vengo a confesarme porque he pecado...Halaaaa, padre, qué bolígrafo verde más chulo ¿Me lo regala?
- No, hijo, es un recuerdo de familia.
- Bueno, pero...¿usted no recuerda a su familia sin necesidad del bolígrafo verde?
- Um, sí, por supuesto, pero...
- Entonces, ¿qué más le da?¿Me lo regala?
- Que no.
- Andeeee.
- Que me cuentes el pecado, mecagondios.
- Se lo cuento, si me da a cambio el bolígrafo verde.
- Pero...¿habráse visto semejante morro?
.
.
.
- Padre, vengo a confesarme porque estoy pensando en acostarme con mi novio.
- Hija, pero,si aún no lo has hecho, estás a tiempo de no pecar.
- Uy, sí, pero es que mi novio es muy, muy pesado. Insiste, insiste e insiste.
- ¿Tu novio no tendrá un bolígrafo verde nuevo, por casualidad?
- Pues sí, ¿cómo lo sabe?
- Ay, hija, date por follada.
Pues, eso. El niño del bolígrafo verde es el Terro. Mi hijo es un brasa tipo II, fijo. Él es de los que la sigue la consigue. Todos los días al salir del colegio me pregunta:
- ¿Has comprado Nocilla?
- Noooo - me niego, más que nada porque, cuando hay Nocilla en casa, no comen otra cosa para desayunar y para merendar. Adiós a los embutidos, al pan con tomate, a la fruta...
- Pues te lo voy a recordar hasta que la compres - y el muy niño del bolígrafo verde lo hace. Día tras día tras día. Hasta que, desesperada, termines comprando la Nocilla.
Pero, sin duda, el brasa más brasa de todos los brasas es el brasa tipo III: el brasa histriónico. Mientras el resto de la gente practica la hipocondría como hobby, el brasa tipo III hace de ella su razón de ser. Glorita es una brasa tipo III. Una no puede preguntarle "¿Qué tal?" sin que se lance a describirte con todo lujo de detalles sus dolencias. Tan exhaustivamente que terminan doliéndote a ti partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías (la rabadilla, por ejemplo).
Ahora llevaba diez días de baja por un esguince.
- Hola, Glorita, ¿qué tal? - le pregunté el otro día, al llegar a casa del trabajo.
- Pues, más o menos - me contesta, compungida. A veces, pienso que en vez de contratar una señora de la limpieza, he contratado un alma en pena.
Me siento a la mesa a comer. Le ofrezco. Ella, recogiendo sus cosas, declina la oferta, así que yo me dispongo a dar buena cuenta de una cremita de verdura y un pudding de pescado (no olvidemos que estoy a dieta) Para mí, ya estaba todo dicho. Pero no contaba con el alma combativa de una brasa tipo III. Ella, ni corta ni perezosa, se me sienta al lado, se quita el zapato, un calcetín medio sudado y me planta bajo las narices el pie con olor a queso manchego bien curado.
- Mire, mire, como está, todavía me queda un hematomilla por aquí ¿ve? y se me hincha un poco por acá. Y bla, bla, bla.
Más que al calor de las brasas, estoy al olor de las brasas. Lo que hay que aguantar.

jueves 15 de octubre de 2009

Cambio climático

Estamos vilmente acostumbrados a ver desgracias ajenas y a no sentirnos afectados por ello en lo más mínimo. Los telediarios nos derraman cada día, sobre el mantel, accidentes mortales, hambruna, terremotos, inundaciones...y, nosotros, a lo nuestro:

- Pásame la sal

-Toma

- Te quedó bueno el ragú

- Sí, ¿verdad? Ñam, ñam

Conscientes de que no sirve de mucho hablar por televisión, el Blog Action Day ha decidido utilizar otro medio para concienciar a la gente: las voces de miles de bloggers que hoy se unirán para hablar del cambio climático.

Lo del cambio climático es una cosa que no está demostrada. Hay voces que sostienen que el mar subirá unos 30 cms a finales de este siglo y que, para el siglo XXII, esa subida podría llegar al metro a raíz del deshielo de los glaciares y de los polos (lo cual, viviendo en una isla, es como para preocuparse). Otros sostienen que esto no puede comprobarse hasta dentro de 100 años (o sea, cuando haya pasado...¡qué listos!). Lo que sí está claro es que existe un calentamiento global del planeta, en el que hemos intervenido emitiendo CO2 a mansalva a la atmósfera. Y que ese calentamiento global disminuirá las diferencias entre verano e invierno, aumentando el nivel del mar, pero también la concentración de humedad de la atmósfera, lo cual lleva a un incremento en el número de tormentas, huracanes y lluvias torrenciales.

Disminuir la emisión de CO2 es una cosa increíblemente difícil. ¿Por qué? Porque existen gran cantidad de intereses políticos y económicos metidos de por medio (Y ya se sabe que el dinero mueve el mundo). Los países productores de petróleo (Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait, Ecuador, Venezuela, Libia...) no están, precisamente, nadando en oro (por lo menos, el global de su población), para obviar su principal fuente de ingresos así como así.

Por lo tanto, para conseguir este objetivo se ha de empezar por educar a la población, que es siempre lo más difícil, a realizar un consumo responsable: potenciar los recursos energéticos alternativos (energía solar y eólica, por ejemplo), reciclar para reducir el consumo de plástico y de papel, usar poco el coche y caminar más ...Y, en definitiva, ser lo suficientemente sensible como para oír los alaridos de dolor de nuestro viejo planeta Tierra.

lunes 12 de octubre de 2009

Obediencia ciega


Sr. B. 80 años. Fumador empedernido. Va a operarse de cataratas en un parte de tarde. La Dra del Bolso de Gucci le pone la mascarilla en la cara al ver que su saturación de oxígeno basal es de un 90%.
- A ver, Sr. B. Llene el pecho de aire.
El Sr. B, obedientemente, hace una inspiración profunda. La Dra del Bolso de Gucci pide que le suban la camilla, que está muy baja, controla las jeringas que la anestesioblasta a su cargo lleva en la mano, vigila que, poco a poco, vaya subiendo la saturación de oxígeno en el monitor...
De pronto, el Sr. B, rojo como un pimiento morrón, levanta una mano, como el que pide la palabra.
- Sí, Sr B, dígame - le dice ella, sonriendo.
- Oiga - le responde él, con un hilillo de voz - ¿puedo soltar el aire ya?