lunes 8 de febrero de 2010

La blogosfera sanitaria existe


Y así lo demuestra el siguiente abecedario:
A: La A está plagada por Anestesia : AnestesiaR, Anestesia2 y mi adorable MiAnestesista, pero también encontramos aquí a los chicos de ATensión Primaria
B:En la B, reina Berni en su rincón siempre musical, acompañada (muy bien) por los chicos del Bálsamo de Fierabrás
C:Para sobrevivir en la blogosfera sanitaria, debes saber Cómo convertirte en entrenador pokémon, aprender a ir Con los zuecos por la vida y seguir fielmente el Caminito del MIR, acompañados por un bien amaestrado Cánido de Pavlov. Y, de paso, no estaría mal echar un ojito a algunos Casos clínicos de pediatría (nunca se sabe).
D:El Diario de una mamá pediatra es algo que una no puede dejar de leer, como atestiguan sus seguidores. Y el de una estudiante de medicina no se le queda a la zaga.
E:Las Enfermedades de obreros y artesanos son un mundo aparte dentro de la blogosfera, gracias al buen hacer del Maño. Comparten letra con los siempre interesantes artículos de E-Ras, las elucubraciones brillantes de Han  y los Enfermeros de Carlos Tardío.
F:Florencio Ruiseñor (también conocido como JeringaMan) nos cuenta sus tribulaciones de un enfermero andaluz en la F de esta blogosfera.
G:Desde el otro lado y, sin faltar el humor, el Gerente de Mediado nos cuenta cómo están las cosas y Gangas y sus estadísticas del MiR nos simplifican la vida. Y podemos, posteriormente, sazonarla con un poco del Gofio del Dr Bonis
H:Hemos leído en la H, historias de un futuro médico que nos cuentan que Hay otros mundos al extremo de la Historia clínica, con una cara mucho más Humana.
J: Julio Mayol se apropia, con su blog de un cirujano, de la J en toda su extensión., dejando un huequito a mi blog de la Dra Jomeini (Después de todo, necesita anestesista para trabajar. Aunque sea anestesioblasto) y quemando al pobre Julk más de lo que está.
L:Lis Ensalander cuenta en la L sus crónicas de mil en uno, haciéndonos girar al borde de su equilibrio inestable.
M:La M de Medicina reúne a Sophie con su Mondo médico, las Miles de piedras pequeñas en el camino de un médico de familia, el Mirar de cerca de una traumatocito, las Memorias de un MIR, Medtempus y el estado crítico de un médico
N:La N da nombre a los días. Esos días en los que podemos sentarnos tranquilamente a disfrutar de la lectura.
O:Oncoblog merece un admirativo ¡Oh!. Y puebla en solitario esta letra redonda.
P:El latín inunda el territorio de la P recordándonos que Primum non nocere y que Per ardua ad astra. Pero dejan espacio a la imaginación en las Paradojas de girar como una noria y de  Penélope en su paraíso, al humanismo de un pediatra y a un incipiente Paradigmedical.
R:Las reflexiones de un pediatra curtido son cosas a tener en cuenta en la R.
S:La Salud empieza con S: con S de Sáname y de Synáptica. Salud acompañada de otras cosas, a veces cosas de comer. Esperando no necesitar nunca de un Supositorio.
T: Ulukai y su Trapo y saliva se apropian de la T (Y, ahora que lo pienso, también de la U). Es lo que tiene ser original poniendo nombres.
V: Vitote, estudiante premir y, por lo tanto, ser de actos impredecibles, nos cuenta lo que Dices tú de MIR en la V.
Y: Y Ya veremos si esto sirve para que la blogosfera sanitaria sea reconocida dentro del mundillo de los blogs, pero, por el momento, si tienes un blog sanitario y no estás aquí, ¿a qué esperas para dejarlo en los comentarios?

sábado 6 de febrero de 2010

De susto en susto...



Mi padre debe tener las coronarias a prueba de bomba. A lo largo de su vida se ha llevado un montón de sustos, pero, a pesar de parársele el corazón, subírsele a la garganta y ponerse pálido como un muerto, no le pasa nada, oye. Él sigue ahí, fuerte como un roble. Recuerdo un susto de mis años infantiles: uno de los primeros que puso sus coronarias a prueba. Llovía a cántaros, así que mi hermano y yo decidimos jugar al escondite dentro de casa. Estaba escondida en lo más recóndito del armario de mis padres, cuando oigo la voz de mi madre avisando:
- En los armarios, no vale.
Así que abrí las puertas y me topé de bruces con los ojos desencajados de mi padre, a medio cambiarse de ropa, que miraba la puerta que se abría sola como si fuesen a salir del armario todos los demonios del infierno.
Mi hermano, que (con todos los perdones a mi madre) es un poco hijo-puta para estas cosas, le escondió una vez a mis padres un loro-despertador en su dormitorio, que, a las seis de la mañana, los despertó chillando WAKE UP, WAKE UP a todo volumen. Si esa vez no le dio el infarto, no creo que ahora lo haga.
Anoche, el encargado de poner a prueba las coronarias de mi padre fue el Terro. Se quedó a dormir en su casa  y a las cuatro de la mañana (hora crucial), el Terrorista se despertó porque tenía miedo. Él es así de simpático. No tiene miedo a las once o a las doce, sino a las cuatro, cuando tú estás en plena fase REM.
- Aba - llamó (a mi madre). No sé para qué se molesta. Mi madre jamás se despierta. Es como mi santo. Sigue resoplando tan fresca. Es mi padre quien se levanta, suspirando, y lo tranquiliza. Cuando ya vio que mi hijo cogía posición de dormir, volvió a su cama. Apenas empezaba a conciliar el sueño cuando, de las profundidades de la noche, surgió una voz varonil:
- Hasta el infinito y más allá.
Decir que el corazón le salió del pecho, rebotó contra la puerta y llenó con su latido toda la habitación, como en el cuento de Poe, es decir poco. Al final, volvió a su estado inicial y mi padre, temblando, se levantó a investigar. La voz volvió a hablar:
- El peligro siempre está presente en el sector gamma.
Mi hijo dormía plácidamente encima de los botones de su muñeco de Buzz Lightyear.

jueves 4 de febrero de 2010

Partos compartidos


El otro día, en el corcho de mi servicio, entre listados de guardias, asignaciones de quirófanos, localizadas y cursos, estaba este dibujo tomado del libro de A. Gelty La diosa: Madre de la naturaleza viviente. Según la autora, se trata de una pintura sobre madera originaria de los indios huicholes (que existen, lo he comprobado). Estos señores piensan que la mujer no debe quedarse con todo el dolor del parto (que consideran un placer. Algo sádicos sí que son estos indios...), así que el hombre se sienta en unas vigas sobre la cabeza de la parturienta con una cuerda atada a sus partes nobles. Y, cada vez que la mujer tiene una contracción, tira de la cuerda para que su pareja comparta los dolores del parto.
Me quedé mirando el dibujo con cara de pasmo. ¡Fuerte manera de hacer el indio! Aparte de que, en una de estas, una parturienta con polisistolia puede dejar a su marido estéril de por vida. ¿Vendrá de aquí la expresión "tenerle cogido por los huevos"? ¿Y la de "se los pisa"? Oh, cielos, horror de los horrores, si fuera una anestesista huichola, ¿tendría que poner dos epidurales por parto?
Y, de repente, me di cuenta de la cara que se le va a quedar al pobre hombre, cuando se baje de la viga después de aguantar el tirón (o, mejor dicho, los tirones)  y se dé cuenta de que el crío es negro. Eso sí que es tocar los huevos.

martes 2 de febrero de 2010

No me voy a NY, pero soy el Blog del día

Blog nombrado Blog del Día el 
02/02/10
Hoy soy el Blog del Día. Marta y Rafael me han dado este premio, que me hace mucha ilusión,  El proyecto "Blog del Día es una idea destinada a dar a conocer blogs dentro de la blogosfera hispana que cumplan una serie de criterios de calidad, con el fin de promocionarlos. Así que me siento muy honrada de que hayan decidido que, este 2 de febrero, mi blog sea el del día. Fresquita para todos está la entrevista que me hicieron, aquí.
Y el concurso de Atrápalo ha acabado dejándome una medalla de plata al mejor post. Mi muy admirada Lo que ahorro en psicoanálisis disfrutará del viaje. Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que me habéis votado y apoyado. Después de todo, tal vez sea mejor así: no sé si me hubieran dejado pasar la aduana con tantas camisetas y gorras de "I love NY"

miércoles 27 de enero de 2010

21 días en Urgencias




Hola, soy Samanta Villar y, en este programa de hoy, voy a pasarme "21 días en Urgencias". Me pegaré como una lapa a los urgenciólogos y viviré en propias carnes, lo que es ser médico en el triage de un hospital...
- Mira, niña, déjate de charlas y a ver si espabilamos, que llevo aquí esperando 4 horas...
- ¡Oh! Y viene usted por...
- Pues, mire usted, hace 3 años...
- Uf, empezamos mal.
- ¿Cómo dice?
- No, nada, nada.
- Hace tres años, me corté con una hoja de papel en la palma de la mano. Y, desde ayer, me duele aquí donde estaría la cicatriz.
- DOCTORA VILLAR, DOLOR TORÁCICO EN REANIMACIÓN.
- ¿Y yo? ¿Cuándo me atiende?
- Enseguida, señora, es que el señor de Reanimación puede tener un infarto.
- Y lo de mi mano puede desembocar en algo mortal.
- Usted sí que es mortal.
- ¿Cómo dice?
- No, nada, nada.
Varón 36 años, fumador (¡Cómo no!). Dolor torácico típico con cortejo vegetativo. Empezó hace una hora.
- A ver. Vamos a ponerle oxígeno, aspirina, morfina y ....
- ¿En qué dosis?
- Yo que sé qué dosis. Yo soy presentadora. Bastante tengo con saberme el tratamiento, leñe.
- Estaría indicada la trombolisis. Mejor llamo al cardiólogo.
- Pues va a ser que sí, que es mejor.
UF. A ver. Cefalea de 2 horas de evolución. Llegó a las 8 de la mañana. Son las 12:oo AM.
- No, si me he tomado al llegar un paracetamol y se me ha pasado.
- Y entonces...¿qué hace aquí?
- Es que necesito el informe porque no he ido a trabajar.
- ¿Y a qué hora empieza usted a trabajar?
- A las nueve.
- En fin...Juicio clínico: no patología urgente.
- Oiga, no puede usted poner eso, que mi jefe se va a mosquear.
- La próxima vez, tómese el paracetamol antes de venir.
DOCTORA VILLAR, DOCTORA VILLAR, A REANIMACIÓN. TAQUICARDIA SUPRAVENTRICULAR.
- Niña, niña, ¿y mi mano?
- En cuanto pueda, señora.
- Es que llevo cuatro horas...
- Como se lo hizo hace tres años, no creo que importe un poco más...
- ¿Cómo dice?
- No, nada, nada.
DOCTORA VILLAR, UN CÓLICO NEFRÍTICO
DOCTORA VILLAR, UN POLITRAUMA
DOCTORA VILLAR, UNA INTOXICACIÓN POR BENZODIACEPINAS
AAAAAAHHHHHH. Ya vale. No puedo más. Aquí no aguanta 21 días ni el Tato. Prefiero lo de las pelis porno. Me piro.
- Ah, no, niña, sin ver mi mano tú no te vas ni de coña.

Dedicado a todos mis ex compañeros de Urgencias, que viven, no 21 días, sino toda su vida laboral en este plan. Y a la Dra. Crepuscular, por la idea.

lunes 25 de enero de 2010

Anestesia y los deportes



¡Atención, MIReños! Qué sepáis que si Anestesiología está entre vuestras opciones, ya podéis empezar a entrenar. Que sí, que sí, que para ser anestesista hay que estar en forma y practicar varios deportes. A saber:
1.- Baloncesto: sea cual sea la técnica que vayamos a desarrollar (una epidural, una espinal, una vía central...), a la hora de tirar las gasas con betadine, el cubo de la basura está, invariablemente, al otro extremo de la habitación. A veces, son canastas de dos puntos, pero, por lo general, son triples. Pau Gasol, al lado nuestro: un principiante.
2.- Fútbol: Seis de la tarde. Traumatóloga de guardia.
- Hola, Jomeini, que tengo un tobillito por hacer
- ¿Algún antecedente?
- Noooo, qué va.
- Bueno, pues venga, bájala a quirófano.
La paciente aparece por la puerta. Matusalén, a su lado, era un baby. Cardiópata. Diabética. Hipertensa. EPOC. Difícil de intubar. Con una artrosis severa de columna. Total: un gol.
3.- Tenis: La paciente anterior:
- Hola, soy la Dra Jomeini, ¿está usted en ayunas?
- Pues no, me acabo de mandar un plato de fabada con chorizo y unas mollejas. Justo antes de caerme, oiga.
- Pues como hay que cumplir el ayuno, la operamos a las dos de la mañana.
- Estoooo - dice la traumatóloga - Si eso, mejor la metemos en el parte de fracturas de por la mañana.
Revés. Y match point.
4.- Atletismo:
- Jomeiniiiii, sube cagando leches, cesárea urgenteeeee.
Y allá vas, echando los hígados por la boca, corriendo por las escaleras (Los ascensores son misión imposible) cuatro pisos para arriba.
5.- Karate: Hay que saber ser fino en el tatami para que, al acabar la residencia, no te den la patada.
6.- Natación: Aunque, generalmente, una nada a estilo libre, hay contadas ocasiones en que, al otro lado de la barrera hematoencefálica, hay un equipo de enfermería y un par de cirujanos que hacen que todo sea armónico, agradable y perfecto, como un equipo de natación sincronizada.

sábado 23 de enero de 2010

¿Para qué pedimos un estudio preoperatorio?

Dentro de las preguntas frecuentes que aparecen en las estadísticas del blog, está ¿Para qué debo hacerme una analítica preoperatoria?. Esto que, para el colectivo sanitario es un poco de Perogrullo, tal vez no lo sea tanto para el profano en la materia. Por eso, voy a intentar explicar, lo más claramente posible, por qué debemos hacernos ese estudio preoperatorio (No sólo analítica, sino electrocardiograma o radiografía de tórax). La cirugía, aunque Heidi Montag no se lo crea, es un estrés importante para el cuerpo. Y es labor del anestesista que ese cuerpo salga lo mejor parado de las manos del cirujano. Evidentemente, si entramos en quirófano en las condiciones óptimas, saldremos mejor que si entramos en condiciones deficientes. Así, en la analítica preoperatoria, pedimos:
- Hemograma: Nos sirve, por un lado, para saber si existe anemia. La anemia severa hace que los tejidos cicatricen peor por falta de oxígeno. Si existe anemia o es una cirugía muy sangrante, prevenimos , en este momento, al banco de sangre para que tenga previstas 1, 2, 3 bolsas. Y, por otro lado, para ver el recuento de plaquetas, que nos orienta sobre la forma de coagular de cada persona.
- Bioquímica: Las alteraciones de los iones, como el sodio o el potasio, pueden afectar al manejo anestésico del paciente. Hay determinados fármacos (como, por ejemplo, algún relajante) que no deben usarse con niveles altos de potasio. Los niveles de glucosa en sangre nos ayudan a manejar a los pacientes diabéticos (que tienen sus peculiaridades). Los parámetros que valoran la función de los riñones nos sirven para saber la cantidad de líquidos que debemos pasar durante la cirugía, importante para compensar el sangrado y la pérdida de líquido por la apertura de la herida.
- Coagulación: que vendría a completar la información aportada por el recuento de plaquetas.
Si alguno de estos valores está alterado, puede intentar corregirse para permitir la cirugía de la manera menos lesiva posible para el paciente.
Además, dado que el ser operado es también un estrés para el corazón, no está de más cerciorarnos de que éste está bien. Las guías de Anestesia enumeran una serie de factores de riesgo que debemos valorar para pedir el electrocardiograma, pero dado que incluyen fumador, obeso o drogadicto, generalmente se opta por hacérselo a todo quisqui. La información del electrocardiograma se complementa, a partir de los 45 años o en personas con enfermedades pulmonares (o fumadores), con la radiografía de tórax, donde, aparte del corazón, vemos los pulmones y, por lo tanto, el estado en que estos están. Eso permite ajustar los parámetros de la máquina de anestesia al paciente, ocasionando, de esta forma, el menor daño posible.
O, en otras palabras, que anestesista prevenido vale por dos. Digan lo que digan.

jueves 21 de enero de 2010

La ley de Murphy


La ley de Murphy dice que si algo tiene que salir mal, saldrá mal. Pero yo, por más veces que me lo repiten, no aprendo. No hay forma. Soy una optimista incurable. O soy tonta. Una de dos.
Ayer decidí llevar a los niños a casa de mis padres en zapatillas de andar por casa. Generalmente no soy tan chunga, pero (después de un día de pumpuneo, de ducharlos y darles la cena y , además, ducharme yo) tener que cambiarme, me dio una pereza...Y pensé: "Bah, total, voy de garaje a garaje. ¿Quién se va a enterar de que voy con las zapatillas?". JA. JA. JA. Craso error, Jomeini, craso error. No contaba con la ley de Murphy. En una curva de la carretera, mi rueda pisó una piedra y explotó. Oí un BUM y, luego, algo así como tacatacataca.Así que me aparqué a un lado y salí del coche a inspeccionar los daños. Me cago en...Una rueda en el suelo. Primera cosa: llamar a mi santo. Confieso que no sé cambiar una rueda. Y, además, tampoco tengo fuerza como para hacerlo.
- El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura
La ley de Murphy. Mi santo estaba en Quirófano, pero algo debía haberse complicado porque ya debería haber salido. Bueno. OM. Relájate, Jomeini, nada de pánico.Cuenta hasta diez. Llamo a mis padres, que vienen enseguida como el Séptimo de Caballería, al rescate. Jane se lleva a los enanos y mi padre empieza a cambiar la rueda. Pero...si algo va mal, siempre existe la posibilidad de que pueda ir peor. En alguna de las revisiones del coche, han descabezado el tornillo de la llave de seguridad, así que no funciona. Hay que llamar a la grúa.
- Hola, sí, Asistencia en carretera - le explico lo que me pasa - Estoy en una carretera enfrente de una panadería.- Debería añadir: soy inconfundible. La de los pelos empapapados y las zapatillas de andar por casa, que está muriéndose de frío al lado de una rueda pinchada.
Mi santo llega, finalmente, casi al mismo tiempo que la grúa. Me mira los pies (a pesar de que intento esconderme en las sombras) y pone los ojos como platos.
- Pero...Jomeini, ¿qué coño haces en zapatillas?
Yo me encojo de hombros. ¡Qué le voy a hacer! Una mala decisión. Me dan ganas de responder:" Pues, majete, esta es la mujer con la que te has casado: no sabe cambiar una rueda, con el pelo a lo Latoya Jackson y en zapatillas de andar por casa. Chúpate esa" Pero no digo nada. Mi santo es muy santo, pero una sabe en qué situaciones es mejor no tocar demasiado las narices.
Llega la grúa, con Maquinavaja al volante. Pelito engominado en la frente, dos pendientes en la oreja derecha, cadenita de oro en el pecho-lobo. Más chulo que un madrileño elevado al cubo.
Maquinavaja pregunta por lo que ha pasado sin quitar ojo de mis zapatillas
- Habrá que llevarlo al taller - dice mi padre, por si el otro no se ha dado cuenta del motivo por el que le hemos llamado.
- Sí, pero deberían llevarlo al de Pepito - responde.
- ¿Por qué? - pregunta mi santo.
- Porque me han dicho que, en estas cuestiones, es el mejor - tercia Maquinavaja, esgrimiendo Mecánica Basada en la Evidencia.
- Bueno, mejor lo llevamos al de siempre - contesta mi santo, pasando por completo de la opinión del experto.
Dicho y hecho, montamos el coche en la grúa. Nos deja en el taller. Y se despide de nosotros, con un último vistazo a mis zapatillas.
Así que ahora estoy compuesta y sin coche. Pero sonriente. Que como dice la ley de Murphy: "Sonríe. Mañana puede ser peor".

martes 19 de enero de 2010

¡Un médico!



Lo malo de esta profesión nuestra es que una es médico las 24 horas del día. Aunque además seas madre, esposa, anestesioblasto, cocinera, animadora, ponente, lectora, bloguera...Médico se es las 24 horas. Pues, claro, lo mismo que los demás. Menuda gilipollez, Jomeini - me dirán el profesor, el economista o el informático. Pues sí, pero ni el profesor tiene que pararse a dar una clase inesperada en medio de la playa, ni el economista suda porque la estadística no cuadra en una barbacoa, ni el informático se pone a resolver ataques virales en medio de un cumpleaños infantil...bueno...esto, a lo mejor, sí. Lo que quiero decir es que, de pronto, alguien grita: "¡Un médico!". Y ya puedes estar en tetas en la playa, que te toca currar. Cuando acababa de terminar la carrera, este grito era mi mayor terror al montarme en un avión, sólo superado porque, una vez que alguien gritara "¡un médico!", se levantara otro y dijera:" Sí, pero soy dermatólogo". Pero, luego, la vida me ha puesto delante de las narices varias de estas situaciones y se me ha quitado el miedo. Poneros en situación: segundo año de adjunta de Urgencias. Volvía de la piscina con dos compañeras de servicio cuando veo, a un extremo de la carretera, un motorista tirado en el suelo y , a su lado, un tipo con mono fluorescente, de los que se ocupan del mantenimiento de las carreteras, que nos hace señas para que paremos.
- ¿Lleváis un teléfono para avisar a la ambulancia?
- Sí - mientras una de mis compañeras avisa, yo me acerco al motorista. El tipo del mono, cejijunto él, me mira todo desconfianzas. - No se preocupe, somos médicos.
- ¿Médico? - noto como su mirada, bajo la ceja única, recorre mi pelo a lo Tina Turner, la camiseta empapada por el bikini, los pantalones cortos deshilachados, las cholas...- Ni de coña, niña. Si tú eres médico, yo soy Robert Redford.
El motorista respira. Está inconsciente, pero respira y tiene pulso.
- Ayúdame a retirar el casco - le pido a una de mis compañeras, cuando, de pronto, ante mi sorpresa, el tipo del mono me golpea en la cabeza con una hoja de palmera.
- Oiga...- me quejo.
- No, no, niña, tú no vas a quitar el casco a nadie.
- Pero, bueno...
- Que no, que no, que en mi curso de Primeros Auxilios dijeron que no hay que quitar el casco. Y además, por si vomita, hay que ponerlo de lado - dice, poniendo manos a la obra.
- NOOOOO - el grito de las tres le sobrecoge.
- Coño, niñas, que me va a dar un pasmo, no gritarme.
- Mire, le juro por lo más sagrado que somos médicos a pesar de la pinta, así que déjenos a nosotras ¿vale?.
El menda cejijunto se retira con reticencia. Retiramos el casco, inmovilizando la columna cervical con toallas e inspeccionamos el cuerpo por si hubiera otras heridas. Las pupilas son normales y el chico, poco a poco, va recuperando la consciencia. Cuando lo suben en la ambulancia, ya empieza a hablar.
Nos quedamos de pie en la carretera, viendo como las sirenas de la ambulancia se pierden en la lejanía, cuando una voz de fumador de Kruger nos baja de nuevo a la tierra
- Esto...dostoras...que perdonen por lo de antes, que con esas pintas cualquiera ...
Y es que los médicos, aunque no lo crean, tenemos vida aparte.
Para la Dra Polvorón, que hizo una RCP en bikini. Y para el Dr Quebrantahuesos, que tuvo que hacerla en una boda.

domingo 17 de enero de 2010

Conversaciones al volante


Un día de estos voy a tener un accidente por culpa de Susanita. No es que arme mucho escándalo mientras voy conduciendo o me tape los ojos impidiéndome ver. No. Susanita es suave como la seda y buena como un pan y esas cosas no van con ella. Pero ha cogido la manía de hacer preguntas comprometidas cuando voy al volante. Supongo que, de esa manera, se asegura de que le responda y evita que salga huyendo. Adivinad dónde me preguntó cómo nacen los bebés. Dicho sea de paso, dos días después de explicarle por el espejo retrovisor la concepción, me notificó que había decidido no ser madre.
- ¿Por qué, cariño? - le pregunté, extrañada. Es muy maternal con el Terro y con sus muñecas.
- Porque la forma de tenerlos me da mucho asco - fue su respuesta.
Yo espero que el asco le dure hasta que se independice. Pero, a lo que iba, ayer, mientras conducía hacia el sur, pasó a nuestro lado un coche negro cubierto de coronas funerarias.
- Mira, mamá, una boda - me señaló, gozosa.
- No, guapita, es el coche de un entierro.
- Quieres decir...¿que dentro va un muerto? - me pregunta, con voz trémula.
- Sí.
- Y...¿por qué se muere la gente?
ZAS. Toma preguntita de marras. ¿Y yo que sé? ¿Qué da sentido a esta vida? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en la foto de ese niño de Haití muerto sobre la pila de cadáveres? En fin. Trago saliva e intento reorganizar mis ideas para mascarlo a nivel seisañil.
- Pues...porque la vida es un ciclo de la naturaleza. Todos nacemos y todos morimos. Las plantas, los animales y nosotros.
- ¿Hasta los fines de semana?
- Bueno - respondo, sonriendo - La muerte no suele pedir cita previa.
- Y ¿de qué se murió Tato?- Tato era mi suegro. Un hombre adorable, curioso como un niño pequeño, que murió hace dos años de un sarcoma de próstata.
- Murió porque estaba malito.
- Lo mataron. - tercia el Terro, sanguinario él.
- No, no lo mató nadie. Se murió de cancer.
- ¿Y qué es el cancer? - Manda cojones con las preguntitas. ¿No te digo? "¿Qué es el cancer?" dice, como si los libros de Oncología pudieran sintetizarse a nivel seisañil, así, en un pispas.
- Mamá y yo somos cancer - responde el Terro, que oye tiros y no sabe dónde.
- Sí, pero el cancer de Tato era otra cosa. Una enfermedad que te va dejando cada vez más débil, hasta que estás cansado, tan cansado que te duermes y te vas a l cielo.
- Pues yo soy un león - tercia Susanita. Y pasa de mí, embarcándose con su hermano en una discusión seisañil sobre los horóscopos.
Y yo no puedo dejar de dar gracias, para mis adentros, por estar viva, por poder responder a sus preguntas, porque un terremoto no me ha borrado a mí o a ellos de la faz de la Tierra.

viernes 15 de enero de 2010

Preparada para la guerra

El más aguerrido de los guerreros (que sé yo: Rambo o Terminator o el tipo ese de la cara de gato y las rastas de Avatar) saldría con el rabo entre las piernas ante la perspectiva de una reunión de residentes de Anestesia para organizar sus guardias y sus rotaciones. Y es que cualquier persona habitualmente afable pasa de Bruce Banner a Hulk en cuanto otra le toca sus turnos de trabajo. Nos preparan para ello en la facultad. Cuando eres un pipiolo de primer curso, un día llega un profesor y te dice: "Hala, ahí tenéis el mes de Febrero. Repartid vosotros los exámenes". Y se va tan pancho, sin darse cuenta de que acaba de dejar caer la tercera bomba atómica. Porque, una, que, en primero de carrera, es todo idealismo y bondad, piensa que va a poder decir su opinión sobre los exámenes en la reunión convocada a tal efecto. Hasta que llega el día en cuestión y la nube de idealismo se te rompe, dejándote caer en algo parecido al Zoco de Marruecos, con todo el mundo gritando e intentando llevarse el gato al agua. Los inventores de la Lizipaína son millonarios gracias a las reuniones de los estudiantes de Medicina. Seis años así, más muchos años posteriores peleándose por las guardias te preparan para la guerra mejor que el entrenamiento de los marines. Pero la guerra no es buena para nadie. Siempre alguien sale herido. Así que, lo mejor, es solucionar las cosas hablando. O, en otras palabras, que hablando se entiende la gente.
Pero esa calma viene con los años. Cuando una se da cuenta de que Rambo no sentía las piernas, a Terminator se le ponían los ojos rojos y el bicho de Avatar se quedó cianótico de por vida.

martes 12 de enero de 2010

Proust y Mark Knopfler

Marcel Proust escribió una serie de libros, que constituyen una de las obras más bonitas de la literatura francesa del siglo XX, llamadas "En busca del tiempo perdido", cuyo fragmento más famoso es el bocado a la magdalena que retrotrae a su autor a su días de infancia:
« […] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)
Que también tiene cojones, digo yo, ser un sesudo escritor que se ha pasado 14 años para parir una serie de libros brillantes y ser recordado por el populacho como "el tío ese de la magdalena". Como un Bella Easo cualquiera. En fin, a lo que iba. Ayer tuve la misma sensación que tuvo Proust con su magdalena, sólo que con una canción de Dire Straits. Iba a llevar al Terro a su clase de música y él iba trotando alrededor mío, contándome mil batallitas del primer día de clase, cuando, de una cafetería cercana, me llegaron las primeras notas de Money for nothing. Y, de pronto, la plaza por donde caminaba se diluyó y me vi transportada a mi adolescencia. En concreto, a una tarde de invierno ensayando una obra de teatro en el instituto. De mi novio, en esa obra, hacía el papel un compañero de clase muy, muy cargante, que le gustaba a una de mis amigas. Así que, de la mano de la canción de Dire Straits, me invadió la sensación de incomodidad de estar abrazada a ese chico, declamando palabras de amor, mientras sentía la mirada de mi amiga, clavada en la nuca como un hierro al rojo.
Hace dos o tres años, me encontré de nuevo a este compañero de clase en un avión. Era el azafato y había salido del armario hacía poco. Así que mi amiga podría haberse ahorrado las miradas. Y yo disfrutaría ahora al escuchar la canción.

domingo 10 de enero de 2010

Lógica pacienteril


- Buenas noches - le digo al señor que los cirujanos generales han tenido a bien operar a las dos de la madrugada - Soy la Dra Jomeini, la residente de Anestesia. ¿Es usted Enrique Andrés?
- Sí, señorita - con lo de señorita ya se ha ganado mi gratitud eterna.
- Y, ¿cómo le llaman en casa? - lo pregunto siempre para que, a la hora del despertar, el paciente sepa que los gritos que estoy dando son para él y no para el vecino de la quinta planta - ¿Enrique o Andrés?
- Crispín.
- Ah, Crispín...¿y eso?
- Es que nací el día de San Crispín.
Lógico, por supuesto. Cómo se me ocurre dudarlo.

sábado 9 de enero de 2010

Doctora, ¿soy fácil de intubar?

La anestesiología se parece mucho a pilotar un avión. Lo realmente difícil son el despegue y el aterrizaje. Luego, en medio, si el paciente está estable y no hay turbulencias, una puede poner el piloto automático y dedicarse a otras cosas. Como, por ejemplo, escribir un blog. Por eso, los anestesistas que, como ya dije aquí, son hombres/mujeres prevenidos, se dedican a predecir, en plan brujos, si el despegue será difícil. Para ello, hay muchos tests que sugieren una intubación difícil.
- Distancia interdentaria: una boca pequeña, con una apertura de menos de 4 cms, nos pone en alerta.
- Los cuellos cortos o las mandíbulas retraídas o prognatas nos hacen empezar a pensar en tomar medidas.
- Existe una clasificación, hecha por un señor llamado Mallampati, que clasifica en 4 grados la probabilidad de tener problemas con la vía aérea, según lo que veamos al abrir la boca. Básicamente, es lo que enseña este dibujito. Se ha visto que, a menor visualización, más dificultad para intubar. Con lo cual, si un señor te abre la boca y no ves un pijo (es decir, es un Mallampati 4), aparte de echarte a temblar, pides directamente el carro de intubación difícil.
- Distancia tiromentoniana: la línea que une en mentón con la nuez debe ser mayor de 6.5 cms en extensión de la cabeza. Lo cual, a grosso modo, es como unos 4 dedos entre mentón y nuez.
- Test de la mordida: si los incisivos inferiores consiguen morder el labio superior, yupi. Si los incisivos inferiores no lo consiguen, uy.
Pero la cosa no acaba ahí. Si una persona es difícil de intubar, pero conseguimos ventilarle con mascarilla adecuadamente, no hay problema. Da tiempo a organizar una intubación difícil. Sin embargo, el verdadero problema es cuando no conseguimos ventilar al paciente.
¿Cuáles son los predictores clínicos de ventilación difícil? Pues son: la barba (señores, si tienen barba, aféitense antes de entrar en quirófano), la obesidad, la falta de dientes, la edad mayor de 55 años (es que las carnes ya no son lo que eran), y la historia de roncador.
Así que os propongo un juego: coged un espejo y decidme si sois o no fácilmente intubables. O si vais a tener problemas de vuelo.