21/8/2014

La última vez


Mi hija ha tenido que ir esta semana al ortodoncista. No se le caían los dientes de leche y le estaban saliendo por encima los definitivos. Le han quitado seis dientes a la vez. Sin enterarse, todo hay que decirlo. Un olé por esa ortodoncista. Pero a lo que iba. 
- Ufff - le dijo a mi santo, cuando salieron de la consulta - El ratón Pérez va a tener que pedir un préstamo. ¡Seis dientes a la vez!
Tiene once años. Pero sigue creyendo en el Ratón Pérez y en los Reyes Magos. Cree en las hadas y en que si envías un beso al soplar un diente de león, el beso le llega a quien tú quieres. En definitiva, cree en la magia. 
Por la noche, junto a los dientes, había una cartita minúscula (supongo que tamaño Ratón Pérez) que ponía: "Esta noche es la última vez que se me cae un diente. Te echaré de menos. Gracias. Susanita". Se me encogió el corazón al leerlo. Este año, posiblemente, sea también la última vez que los Reyes Magos de Oriente sean Melchor, Gaspar y Baltasar y mis hijos les griten en la cabalgata el nombre de ese juguete de última hora que no pidieron en su carta porque su madre se las obliga a escribir en Noviembre. Este año, tal vez, sea la última vez que mi hija juegue a hacer castillos de arena en la playa hasta que vuelva a arrodillarse al lado de sus hijos para hacerlos de nuevo. En la arena porque en el aire no creo que deje de hacerlos. Este año, definitivamente, será la última vez de muchas cosas. 

Pero la primera de tantas...

17/8/2014

El globo


Cada uno de nosotros –a nuestra manera– funciona como un globo aerostático. Salimos a flote gracias a que la densidad de nuestro interior –es decir, aquellas cosas realmente importantes: el amor, la amistad, la salud, la risa compartida...– tiran de nosotros hacia arriba. A veces, incluso, las pasiones nos hacen subir demasiado y escribir renglones en las capas más altas de la atmósfera. 
Como los globos, nos dejamos llevar casi siempre por la corriente. Por lo que dicen los demás, por las convenciones sociales, por lo que creemos que debemos hacer. Pero llega un día en el que, harto de los vientos cambiantes, un piloto experimentado puede elegir la dirección deseada. Pero para hacerlo, debe soltar lastre. Dejar de intentar ser lo que no es. Dejar de poner las necesidades en un segundo plano. Dejar de mentirse a sí mismo. Y sobre todo, dejar de aferrarse a la tierra, a lo conocido y a lo seguro.  
Yo, como todos vosotros, soy un globo. Y este verano he decidido soltar lastre y cambiar –otra vez– mi vida y mis prioridades. Voy a trabajar menos como médico y más como escritora. Y, sobre todo, voy a vivir más como madre y como pareja. Y, en el camino, me detendré a mirar lo hermoso que se extiende el paisaje bajo mis pies y lo pequeñas que parecen las mezquindades que antes tanto me hacían sufrir. 
Septiembre llegará cargado de cambios y de aires nuevos. Os iré contando lo que se siente cruzando las nubes con el vértigo como un bufanda al cuello. ¿O tal vez os vea flotando a mi lado y os salude con la mano y una sonrisa?¿Os atrevéis?



11/8/2014

Intimidades


Hace ya años, en la única vez en la que hemos hablado cara a cara, Emilienko me preguntó si no me daba vergüenza desnudar mi intimidad de la manera en la que lo hacía en el blog. Yo me quedé mirándolo con cara de latín porque hasta ese momento me había sentido vestida, casi monjil, en mis posts. Y creo que le respondí atónita algo así como "No, yo solamente cuento lo que quiero contar. No me desnudo". O eso creía yo. Hasta hoy. 
Cuando una es madre de familia y se va de vacaciones con su santo y sus retoños quince días, tiene que asumir que es algo así como Durga la invencible y que la cantidad de manos que debe tener es similar a la de la diosa hindú. Una para la bolsa de la merienda (que también lleva la cena por si el avión se retrasa), otra para tu propio bolso (donde llevas el ordenador en un intento vano de trabajar algo en vacaciones, ilusa de ti), otra para el bolso de Susanita (donde lleva su libro de Ana de las Tejas Verdes con varias pastillas de goma pegadas a la contraportada que se han hecho amigas de todas las pelusas del interior, un collar de ositos y una figurita de porcelana de los chinos con purpurina), otra para el bolso del Terro (con un avión de lego, que se deshace en cuanto lo tocas, un comic de Mortadelo, un paquete de chicles vacío y 40 céntimos en monedas de un céntimo) y otra, finalmente, para una de las dos maletas que llevas con la ropa de verano. A eso tienes que añadir las porquerías varias - tipo revista-del-avión-porfavor-mamá-porfavor - que van recogiendo tus enanos por el camino. Entenderéis que cuando una llega a las doce de la noche a su destino, cargada como los camellos de los Reyes Magos, no piensa en otra cosa que no sea una cama y roncar a pierna suelta. 
Pero, a la mañana siguiente, la vida se ve de otra manera. Te levantas después de un sueño reparador y decides darte una ducha maravillosa, dejando que el agua caliente se deslice por tu espalda. Sales roja como los cangrejos y empiezas a buscar tu ropa interior por la habitación para bajar a comprar el pan. Y entonces una duda se cuela en tu subconsciente. Empiezas a contar: una mano para mi bolso, otra para el de Susanita, otra para el del Terro, otra para la bolsa de la comida, otra para la maleta de los niños...¿Dónde cuernos está tu maleta? Ay, ay, ay. En pelota picada, cruzas el pasillo mientras la duda se va convirtiendo en terrible certeza y asomas la cabeza por la rendija de la puerta para comprobar que, efectivamente, anoche tus manos no fueron suficientes y enfrente de la puerta del vecino está tu preciosa maleta con toda tu ropa (incluida tu ropa interior) y que - con los ronquidos de fondo de los demás miembros de tu familia - no te queda más remedio que esprintar hasta su puerta, rogando que no se le ocurra abrir en ese momento y se dé cuenta de que esta vez sí que te has desnudado en el blog. 


20/7/2014

Nos vemos en Mérida


La preciosidad de librería que veis sobre estas líneas es la librería San Francisco, de Mérida, donde tendrá lugar la siguiente firma de "Planes de boda". Así que, si estáis dispuestos a desafiar las altas temperaturas, os espero el 25 de Julio de 19.30 a 21.30 horas (en la calle San Francisco, 13), con el bolígrafo preparado y muchas ganas de desvirtualizaros. 


14/7/2014

Blanco y negro



Desde el principio, el rey supo que no había sido una idea brillante el ponerlos a trabajar juntos, pero qué remedio le quedaba. O sí le quedaba remedio, pero qué pereza organizarlo de otra forma. Desde el principio, fue un error. El peón blanco no dejaba de recordarle al negro que él había llegado primero y que, por lo tanto, movía primero, dijera lo que dijera el negro. Su brillo oscuro no borraba ese hecho. Y el negro, después de haber dado los primeros pasos, no podía volver atrás. Por mucho que el blanco hiciera para borrarlo del tablero, el pequeño peón siguió, escaque a escaque, hacia el otro lado. La cosa empeoró cuando el blanco alcanzó la última fila negra y pidió ser convertido en dama. El acoso se convirtió entonces en tóxico. El antiguo peón blanco era como una manzana podrida. En poco tiempo, había contaminado a los que lo rodeaban. Y el peón negro no sabía cómo escapar. De pronto, vio una luz de color gris en el tablero blanco y negro. Una pequeña esperanza de supervivencia. Aunque quien algo quiere, algo le cuesta. El blanco meneó la cabeza con incredulidad al ver a los negros exponer un caballo. Y se movió, como la dama que creía ser, barriendo el tablero, sólo para darse cuenta - demasiado tarde - del jaque mate. 

7/7/2014

Así empieza todo


El Diario de una Mamá Pediatra empieza así. Hay un dibujo de una embarazada que se toca la barriguita y, sobre ella, rezan unas letras en molde: "Así empieza todo". Y es que cuando te ves con esa tripa, da igual toda la medicina que sepas. En ese momento, eres una MADRE. Así, con todas las letras en mayúscula. Y te invaden miles de dudas. A mí me salvó, entonces, un libro que se llamaba algo así como "Manual de Pediatría para Padres", que perdí en una de las seis mudanzas que llevamos a nuestras espaldas y que explicaba la pediatría como para dummies. Pero era mil veces mejor que buscar en mis libros médicos, donde se me ponían los pelos como escarpias y empezaba a pensar, como cuando estudiaba psiquiatría u oncología, que mis hijos tenían absolutamente todos los síntomas. 
Por eso me gusta el blog de Amalia. Y, por eso, el libro de Amalia es el libro que debe acompañar vuestros primeros años de pater-maternidad. Seas o no sanitario. Es un libro para crecer y aprender juntos. Para resolver tus dudas existenciales sobre vacunas, crecimiento, crianza y todo esa parafernalia de ciencia ficción en la que te sumerges cuando tu barriga empieza a parecer un melón. Y, cuando no lo necesites, puedes perderlo en una mudanza. Que seguro que a Amalia, que es más maja que las pesetas, no le importa. 




2/7/2014

Cría cuervos


Estoy ciega total. No porque tenga 4.5 dioptrías de miopía en cada ojo. No. Ni porque me tenga que aprender los bañadores de memoria cuando me quito las gafas en la playa (más de una vez he saludado afectuosamente a alguien que tenía el mismo bañador que mi marido o que mi padre). Estoy ciega porque he criado dos cuervos y me han sacado los ojos. 
Compra semanal. Las bolsas se acumulan en la encimera mientras yo ordeno alimentos en los estantes y mis hijos los desordenan dentro de las bolsas buscando un paquete de "Cookies" que les he comprado de capricho. Lo encuentran y lo abren. Y, como quien no quiere la cosa, les robo una cookie delante de sus narices y me la meto en la boca mientras sigo recogiendo. Los dos me miran como si hubiera cometido la mayor afrenta del mundo mundial. 
- ¡OYE! - gritan al unísono.
- Es una.- digo, con la boca llena de cookie, que, por cierto, son un pecado mortal. 
Ponen cara de enfado pero no protestan más. Me meto en la despensa con un paquete de leche y oigo a Susanita que le dice bajito al Terro: 
- Tranquilo, en cuanto se ponga el biquini, no se atreverá a robarnos más cookies. 

Cría cuervos. Y encima cómprales cookies. Para esto. 


25/6/2014

Como Spiderman


La verdad sea dicha es que, dentro del campo del quirófano, hay mucho superhéroe. También hay mucho villano, pero eso lo dejamos para otro post. Vamos a por los superhéroes. Por ejemplo, los radiólogos. Son como Daredevil. Ellos no ven al paciente, pero sus otros sentidos están tan desarrollados que son imprescindibles para sacarlo adelante. O los cirujanos cardíacos, que son como Supermán. Vienen de un planeta extraño. Parecen tipos normales. A veces, bastante torpes. Pero pueden congelar tu corazón y detener el tiempo. 

¿Qué somos los anestesistas? Los anestesistas somos Spiderman. ¿No lo creéis? Vais a ver:

Tenemos un sentido arácnido, que nos avisa de los problemas:
- Oye, Jomeini, que vamos a cambiar el orden del parte para poner este paciente al final.
- ¿Por?
- No, por comodidad, mujer, no seas tan susceptible.
Y el paciente del final es un cromo con más años que Matusalén y tan diabético que tiene las pestañas garrapiñás. Y te ves sin cama en Críticos y atrapada en el quirófano mientras el cirujano se va a su casa tan ricamente. Y entonces, tú, te subes por las paredes

Todo siempre es culpa tuya. A la embarazada le duele la espalda un mes después de dar a luz y es por la epidural, no porque haya llevado un sobrepeso de veinte kilos en el embarazo. El recién operado de apéndice se pasa 24 horas vomitando y la culpa es del poquito de propofol que le has puesto en la cirugía, del que ya no guarda ni el recuerdo, no de que le hayan revuelto las tripas arriba y abajo y le hayan llenado de gas como un globo. Como Spiderman, el pobre, que encima de que resolvía el problema le caían todas las culpas. Si hasta Maduro lo culpó una vez de la violencia en Venezuela...

Y encima nuestro mejor amigo es el malo. O, como yo, nos casamos con ellos. Como Spiderman, nuestro cuerpo puede soportar un dolor extremo

¿Es o no es? 

Dedicado al Doctor McGyver, verdadero inspirador de la idea "Somos como Spiderman". Él es como la Antorcha Humana: brilla con luz propia. 

19/6/2014

La grieta


Al principio, el dragón no se había percatado de que su precioso castillo de cristal tuviera una grieta. Se dio cuenta cuando por la grieta entró el primer mensaje de la princesa. Ella jugaba en el exterior haciendo aviones de papel de colores. Los soplaba y le enviaba mensajes. Mensajes que podían decir algo más, pero que, en realidad, no lo decían. El dragón se asustó de los mensajes y de los aviones. Y se escondió en lo más oscuro del castillo mirando temoroso la grieta. Temblando en la penumbra.
Un día, se dio cuenta de que si miraba por la abertura, vería los ojos de ella que lo observaban con seriedad. Dos ojos con una mirada de un azul profundo. Hechizado por la magia, se inclinó sobre la grieta y se perdió en ellos. ¿Qué daño podía hacer sólo con mirar?
Pero una noche, confiado por la oscuridad del exterior, se asomó demasiado y se le vio el corazón en la mirada. "Ven" - le decían a ella sus ojos. Pero ella se negó, riendo y le envió un avión de papel de estraza en el que ponía: "No voy". El dragón se asustó tanto que dejó caer su alma y, después, no supo qué hacer con los pedazos. 
Durante un tiempo, unos meses, volvió a esconderse en el castillo. Afligido. Soltando pequeñas nubes de azufre. Haciéndole trenzas a su dolor. Hasta que un día volvió a entrar un avión de papel por la grieta. Un avión sin mensaje. 
No pudo evitar la tentación de ponerse de puntillas para mirar al exterior. Por fuera de la grieta, había otra princesa. Otra que no era ella. 
El dragón volvió a esconderse sin poder contener las lágrimas. Toda su penumbra estaba ahora teñida por la ausencia. 
Tenía que encontrar la manera de cerrar aquella grieta. 


17/6/2014

¡¡¡Ya está aquí!!!


Queridos jomeinistas, ¿no queríais caldo? ¡Pues aquí tenéis dos tazas! Para todos los que me han pedido durante cinco largos años que recogiera las historias de Susanita y el Terrorista, hoy ha salido "Instrucciones para sobrevivir a los hijos", en papel y en ebook

Y para presentarlo, ¿qué mejor que madres/padres supervivientes?








12/6/2014

De pecados y pescados


Los lunes por la noche, los cuatro nos sentamos a ver Pesadilla en la cocina. No es que me apasione el programa. De hecho, mientras lo veo, suelo estar haciendo otras cosas en el ipad, pero es el único momento en toda la semana en el que los cuatro coincidimos viendo la tele, así que me trago a Chicote y a sus croquetas. El lunes pasado, la cosa iba de pecados capitales cometidos por los restaurantes a los que iba.
- ¿Qué es lujuria? - pregunta Susanita. 
- Pues cuando sólo puedes pensar en sexo - le contesto. 
- Ah. - responde. 
Pasa un rato y el nuevo pecado capital aparece en pantalla.
- ¿Y qué es soberbia? 
- Ser soberbio es creerse mejor que los demás.
- Ah, vale. 
El nuevo pecado capital aparece en pantalla y el Terro, que debe estar un poco hasta el gorro de las preguntas de su hermana y que, además, es de lo más enterado que existe, dice: 
- Antes de que lo preguntes, la gula es ese pescado gris que parece un espaguetti.

8/6/2014

Firmando, que es gerundio.


Esta semana, y la pasada, he estado firmando en la Feria del Libro (primero, en la de Santa Cruz de Tenerife y, después, en la de La Laguna). Para cualquier escritor que empiece, firmar ejemplares en la Feria del Libro es una experiencia de las que te ponen los pies en la tierra. Al principio, una sueña con largas colas estilo las que se formaban el año pasado en Madrid en la caseta en la que firmaba Jorge Javier Vázquez o Mercedes Milá. Vas emocionada como un pavo porque tu nombre sale en el mismo programa que pesos pesados de la literatura. Y porque tu libro - ¡tu libro! - está ahí en una mesa, al lado de un cartel con tu foto. Te sientas, con una sonrisa de oreja a oreja, y no pasan dos minutos cuando se acerca una señora. Tiemblas. ¡Una lectora! Y entonces ella te dice: 
- Oye, niña, ¿el libro de Belén Esteban lo tienes? 
- No...ejem...-señalas la foto y tu libro - es que, mire, yo soy la autora de este otro libro, que he venido a firmarlo. 
Ella te mira. Mira la foto. Ve que no sales en la tele y pasa de ti para irse a preguntar a otra persona. 
Ves acercarse a una chica con gafas. Lleva una sonrisa que parece presagiar que sabe quién eres y por qué estás allí. 
- Perdona, ¿tienes un diccionario de hebreo?
¿Ein? ¿Un diccionario de hebreo? ¿Quién busca un diccionario de hebreo en una Feria del Libro?
- No...perdona...es que yo soy la autora...
Ella parece darse cuenta de que ha preguntado a la persona equivocada, mira tu libro con un poco de asco, por lo de "Planes de boda", y se va.
Se acerca a la mesa una pareja, con un cochecito de niño. 
- ¿Jomeini?¿Eres Jomeini? 
- Sí - reconoces con reticencia. A ver si estos también te van a pedir el diccionario de hebreo...
- Te leemos - dice el chico con una sonrisa. 
- ¡Ah, gracias! - respondo yo, sin saber qué más decir. 
- El Terrorista...jajajaja...nos encanta.
- Muchas gracias. Se lo diré. 
- Bueno, pues adiós, encantados de saludarte. 
- Adiós. Igualmente.- contestas tú, con la sensación de que algo no va bien. 
Tres personas. Cero libros. 
El año pasado en la Feria de Madrid me pusieron al lado de Francisco de Paula. Fue una crueldad innecesaria. Yo parecía la ventanilla del Business de Air Europa y él la de la turista de Ryan Air. Tiemblo porque hoy parezca la de las cosas perdidas. 
Pasa un rato. La gente se para.
- ¿Planes de boda? - te dicen. 
- Sí - respondes tú, en el colmo de la locuacidad. No sirvo para vender. Es un hecho constatable. Menos mal que algunos entonces te preguntan: "¿De qué va?" y puedes contarles y se arriesgan y se llevan tus dos libros. Y tú ruegas por dentro a todos los dioses que les gusten. 
Y se llevan uno y luego otro. Así, a cuentagotas, la mesa se va vaciando. Te das cuenta de que tal vez sea mejor así que teniendo una larga cola. Puedes hablar de literatura con Jesús, que se ríe contigo y que se lleva el libro para desconectar del trabajo. Puedes reírte con Patricia, que dice que no se ha casado y que no piensa hacerlo. Y que se lleva tu libro como antídoto contra el matrimonio. O con Mariano, que es un autor reconocido y que se lo lleva - sospechas - para ayudarte, pero que empieza a ojearlo y se ríe con los primeros capítulos. (¿Hay un personaje que se llama Empanadadebonito? ¡No me lo puedo creer!). Y viene un amigo a buscar su ejemplar. Y te alegras de verlo, no sólo porque se lleve tu libro (que también), sino porque hacía mucho tiempo que no coincidíais y os ponéis al día en un periquete. 
- Este libro me encantó - dice una chica, señalando "El blog de la Doctora Jomeini" a su amiga, sin darse cuenta de que tú estás detrás. 
- Pues si te encantó la primera parte, llévate la segunda - le digo yo. 
Ella se me queda mirando, embobada. 
- ¿Tú eres Jomeini? 
- Sí. -resistes la tentación de contestarle: "Oui, c'est moi".
Y se la lleva, con un abrazo y un beso. Y una foto. 
Decía Álvaro Pombo que cada vez que alguien tocaba uno de sus libros, sentía que le había tocado el alma. Si ese alguien lo despreciaba, Pombo se ponía como una fiera. La Feria no viene mal por eso. Porque el contacto con tus lectores es directo. En el buen y en el mal sentido. Y no hay mayor cura de humildad, os lo aseguro.


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